Mi historial de apps descargadas es un museo de intereses fugaces

Tu móvil está lleno de apps que usaste tres días. Cada una cuenta la historia de un interés que tu cerebro devoró y abandonó.

Acabo de mirar el historial de apps descargadas en mi móvil y es como pasear por un museo autobiográfico.

Duolingo: la semana que iba a aprender japonés. Yousician: el mes que iba a aprender piano. Strava: las tres semanas que iba a ser runner. MyFitnessPal: los diez días que iba a contar calorías. Headspace: la quincena que iba a meditar todas las mañanas. Goodreads: la semana que iba a leer un libro al mes. Star Walk: las dos noches que me dio por la astronomía. PlantNet: el domingo que quise identificar todas las plantas de mi barrio.

Cada app cuenta una historia. Cada historia tiene el mismo final.

Descarga entusiasta. Configuración obsesiva. Uso intensivo durante unos días. Declive gradual. Silencio. La app se queda ahí, ocupando espacio en el móvil como un inquilino que ya no paga alquiler pero al que no te atreves a echar porque "igual algún día vuelvo".

(Spoiler: no vuelvo nunca.)

¿Por qué descargo apps que sé que no voy a usar?

Porque en el momento en que las descargo, estoy convencido de que sí las voy a usar. Convencido al cien por cien. No es un "voy a probar a ver". Es un "ESTO ES LO QUE NECESITABA, POR FIN LO HE ENCONTRADO". En mayúsculas. Con fuegos artificiales internos.

Imagina que tu cerebro es un turista en un bazar. El bazar está lleno de puestos con cosas brillantes. Y tu cerebro va de puesto en puesto comprando todo lo que le llama la atención. No piensa si lo necesita. No piensa si lo va a usar. Lo ve, le mola, lo compra. Y cuando sale del bazar con cuarenta bolsas, las mira y piensa "¿cuándo he comprado yo todo esto?"

Pues eso es lo que hace tu cerebro cada vez que descubres un interés nuevo. Se va al bazar de las apps, se vuelve loco, y al día siguiente ni sabe lo que compró. Porque el interés no estaba en la app. Estaba en el acto de descubrirla.

Es como esa sensación de que tienes un cementerio de aplicaciones de productividad. Solo que aquí no hablamos solo de productividad. Hablamos de todo. De cada interés, cada hobby, cada curiosidad que tu cerebro decide devorar un martes por la noche y olvidar el jueves por la mañana.

¿Cuánto dura un interés nuevo?

En mi experiencia, entre tres días y tres semanas. Rara vez más. Y el patrón siempre es el mismo:

Día 1: Descubrimiento. Tu cerebro se enciende como un árbol de Navidad. Te pones a investigar como un detective obsesivo. Lees artículos, ves vídeos, abres quince pestañas en el navegador. Descargas la app. La configuras. La personalizas. Piensas en cómo esta nueva afición va a cambiar tu vida.

Día 3-5: Pico. Estás en la cima. Dominas lo básico. Le hablas a todo el mundo de tu nuevo descubrimiento. "Tío, tienes que probar esto." Tu novia te mira con esa cara de "ya estamos otra vez" pero tú estás demasiado emocionado para notarlo.

Día 7-10: Meseta. Ya no aprendes cosas nuevas cada día. El progreso se ralentiza. La app ya no te genera la misma emoción al abrirla. Empiezas a abrirla por inercia, no por ganas.

Día 14-21: Abandono. La app lleva tres días sin abrirse. Y tú llevas tres días descubriendo algo nuevo que la va a reemplazar.

Y vuelta a empezar. Es el ciclo de obsesionarte, devorar y abandonar. Una rueda que gira y gira sin que puedas bajarte.

¿Esto es normal o me pasa solo a mí?

A ver. ¿Descargar apps y no usarlas? Eso le pasa a mucha gente.

Pero hay un matiz. A la mayoría le pasa de vez en cuando. Con una app concreta. Porque vieron un anuncio o alguien se la recomendó. Y la descargan, la prueban, y la borran. Sin drama.

Lo tuyo es difer. Lo tuyo es un patrón. No es una app. Son ciento treinta y siete apps. No es un interés fugaz. Es una vida entera de intereses fugaces. No es "probé y no me gustó". Es "me obsesioné, me encantó, lo devoré, y lo abandoné". Repetidamente. Sistemáticamente. Sin poder evitarlo.

Y eso no es falta de disciplina. La falta de disciplina es no hacer algo que no te gusta. Esto es no poder mantener cosas que SÍ te gustan. Que es mucho más confuso y frustrante.

Es lo mismo que me pasa cuando me entusiasmo con ideas nuevas y abandono las viejas. No es que las viejas sean malas. Es que las nuevas brillan más. Y mi cerebro siempre va hacia lo que brilla.

¿Por qué mi cerebro funciona como un turista en un bazar?

Te lo digo por experiencia. Y por diagnóstico.

Pensé durante años que era una persona "multipotencial". Que tener muchos intereses era una virtud. Que la variedad era riqueza. Y bueno, sí, parte de eso es verdad. Pero también es verdad que hay noches en las que miro mi historial de apps y me siento vacío. Como si no pudiera aferrarme a nada. Como si nada me durara.

Cuando fui al psiquiatra por temas de concentración, le enseñé el historial de apps de mi móvil. Literal. Se lo puse encima de la mesa como quien enseña una radiografía. Y me dijo: "Esto es un síntoma clásico. Tu cerebro necesita dopamina de novedad. Cuando la novedad se agota, el interés se agota. No es un defecto de personalidad. Es TDAH."

TDAH. El mismo nombre que explicaba por qué no podía concentrarme. El mismo nombre que explicaba por qué empezaba cosas y no las terminaba. El mismo nombre que ahora explicaba por qué mi historial de apps parecía la enciclopedia británica de los intereses abandonados.

Descubrir por qué me costaba todo más que a los demás, incluido algo tan aparentemente insignificante como mantener una app instalada más de dos semanas, cambió mi forma de verme. No era inconstante. Era un cerebro que funciona con dopamina de novedad. Y las apps viejas no dan novedad. Punto.

Ahora, cuando me veo descargando una app nueva a las once de la noche con la energía de un niño en Navidad, me río un poco. Porque sé lo que va a pasar. Y por lo menos ya no me machaco cuando pasa.

Esto no sustituye una evaluación profesional. Si tu historial de apps te resulta familiar y quieres entender por qué, habla con un psicólogo o psiquiatra.

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