Mi día con IA, de la mañana a la noche, hora por hora
Dónde entra la IA en un día normal de trabajo y dónde no la dejo entrar. Sin adornos, con lo que sigo haciendo a mano y por qué.
Cuando alguien cuenta que usa IA "para todo", casi siempre significa que la usa para escribir textos y poco más.
Yo la uso bastante más que eso, y aun así hay partes del día en las que ni la toco. Así que en vez de teorizar, te cuento el día entero. Hora por hora, qué hago, dónde entra la máquina y dónde la dejo fuera a propósito.
No es un día ideal. Es un día normal, con sus atascos.
¿Cómo es un día real trabajando con IA?
Menos espectacular de lo que parece desde fuera y más aburrido de lo que la gente espera.
No hay agentes autónomos ganando dinero mientras duermo. Hay una herramienta que conoce mi trabajo, que tiene acceso a mis archivos, y a la que le paso la parte mecánica de casi todo lo que hago.
El cambio grande no es que la IA haga mi trabajo. Es que yo dejo de hacer la parte del trabajo que no requiere criterio, y eso libera unas cuantas horas al día para la parte que sí.
La mañana: ordenar antes de producir
Lo primero no es abrir el correo. Lo primero es saber qué toca.
Abro Claude Code en la carpeta donde vive todo y le pido el estado. Qué quedó a medias ayer, qué hay pendiente, qué tiene fecha esta semana. En dos minutos tengo delante la foto completa sin haber abierto cinco aplicaciones.
Eso funciona porque lo que hago se va escribiendo en archivos según pasa, no porque tenga una memoria mágica. La IA lee lo que hay, y lo que hay lo puse yo (o lo puso ella cuando trabajábamos).
Después, el correo. Aquí uso la IA de forma quirúrgica: para entender rápido un correo largo y para preparar borradores de respuesta de las cosas rutinarias. Lo que se envía lo leo y lo ajusto siempre. Un correo mal enviado cuesta más de lo que ahorras.
Y a media mañana, Motion me ha colocado el día. Es un calendario que reordena las tareas según lo que hay y el tiempo que queda. No decide qué es importante, eso lo decido yo. Decide cuándo cabe cada cosa, que es una pregunta que me hacía perder un rato absurdo cada mañana.
Mediodía: la parte que más se nota
Aquí es donde la IA se gana el sueldo.
Producción de contenido. Y quiero ser preciso con esto, porque es donde más malentendidos hay: la IA no escribe por mí. Ordena, estructura, prepara, revisa y hace el trabajo pesado alrededor de escribir.
Un ejemplo concreto. Cuando preparo un artículo, ya existe material previo: notas, un vídeo, una conversación. Le pido que saque de ahí la estructura real de la idea. Qué se dijo, en qué orden, qué ejemplos hay. Eso me ahorra la peor parte, que es mirar la página en blanco preguntándome por dónde empiezo.
Luego escribo yo. Y luego se lo doy para que me señale lo que no se entiende, lo que se repite y lo que falta.
Ese ciclo (preparar, escribir, revisar) es el mismo que haría con un compañero de trabajo. Solo que este está disponible a cualquier hora y no se cansa de leer borradores.
Tarde: el mantenimiento invisible
Después de comer viene la parte que nadie enseña: mantener lo que ya existe.
La web, el blog, los correos programados, las cosas que se rompen. Esto antes era el agujero negro de mi semana. Ahora es una hora, porque el trabajo repetitivo a escala es exactamente donde una IA con acceso a tus archivos es imbatible.
Cambiar algo en cientos de páginas, revisar que todos los enlaces funcionan, encontrar dónde está esa cosa que escribí hace meses. Ninguna de esas tareas requiere criterio. Todas requieren paciencia infinita. Perfecto reparto.
Si te interesa el detalle de cómo arranco el día y qué comprobaciones tengo montadas, lo desglosé en rutina de mañana con IA.
Últimas horas: pensar sin pantalla
A última hora suelo salir a andar por Wrocław. Y esto no es una postal de productividad, es una parte del sistema.
Voy hablando con el móvil. Ideas, dudas, cosas que se me han quedado atravesadas durante el día. Sin teclado, sin pantalla, andando. Esa conversación acaba convertida en notas que por la noche o al día siguiente van a su carpeta correspondiente.
Las mejores ideas de trabajo que he tenido en el último año no salieron delante del ordenador. Salieron caminando y hablando en voz alta, que es una forma de pensar que el escritorio no te da.
Lo que no le doy a la IA
Y esto es la mitad del post, aunque parezca lo secundario.
No le doy las decisiones. Qué producto hago, qué precio pongo, a quién le digo que no. Una IA te dará una respuesta razonable a cualquier decisión, y las decisiones razonables son justo las que no diferencian a nadie.
No le doy la primera versión de nada personal. Los correos donde hablo de mi vida, las respuestas a gente que me escribe algo importante, las cosas que tienen tono. Ahí se nota el molde a distancia.
No le doy los números finales. Puede prepararme una tabla, un cálculo, un resumen. Los reviso yo antes de decir una cifra en público, porque me ha pasado que un número salga elegante y sea mentira.
Y no le doy el criterio de qué está bien. Puede decirme que un texto está correcto. No puede decirme si es bueno. Eso lo desarrollé entero en lo que no delego a una IA.
Lo que cambiaría si empezara hoy
Empezaría por el sitio donde vive todo, no por la herramienta.
El motivo de que esto funcione no es que use una IA muy buena. Es que hay una carpeta donde está mi trabajo, ordenada, escrita en archivos que se pueden leer. La IA solo es el que lee y escribe ahí.
Si tienes tus cosas repartidas en cinco aplicaciones que no se hablan entre ellas, ninguna IA te va a arreglar el día. Te va a dar respuestas genéricas, porque no sabe nada de ti.
Y no intentaría automatizarlo todo el primer mes. Yo lo hice y monté cosas preciosas que no usaba. Lo que sobrevive es lo que resuelve una molestia real que tenías ayer, no lo que suena impresionante en un vídeo.
Si quieres la versión resumida de todo esto por áreas, la tienes en IA para el día a día.
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Si quieres saber qué parte de tu día tiene sentido pasarle a una IA y cuál no, hice un test corto que te lo dice.
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