Decidir solo sin poder consultar a nadie

Cada decision importante cae sobre ti. No hay jefe que te respalde ni equipo que debata. Solo tú, la incertidumbre y el resultado que venga. Cómo.

Hay decisiones que tomas en treinta segundos porque son urgentes y no queda otra. Y hay decisiones que te tienes en la cabeza durante semanas porque son importantes y no sabes a quién preguntarle.

Esa segunda categoría es la que destruye a los emprendedores solitarios.

No porque las decisiones sean imposibles. Sino porque tomarlas sin nadie que te respalde, sin nadie que valide o refute tu razonamiento, sin nadie que se haga co-responsable del resultado, es psicológicamente agotador.

¿Por qué decidir solo es más difícil que decidir acompañado?

Porque cuando decides en equipo, aunque la decisión final sea tuya, el proceso tiene fricción positiva. Alguien pregunta cosas que tú no te habías preguntado. Alguien señala el riesgo que no veías. Alguien defiende la opción que tú habías descartado demasiado rápido.

Cuando decides solo, ese proceso lo tienes que hacer dentro de tu propia cabeza. Y tu cabeza tiene sesgos que no ve porque son suyos.

Con TDAH esto se amplifica de dos formas distintas y contradictorias. Por un lado, la impulsividad te hace tomar decisiones demasiado rápido, saltándote el análisis que necesitabas. Por el otro, la parálisis por análisis te hace postergar indefinidamente, buscando más información que nunca va a ser suficiente.

El resultado es que unas decisiones se toman demasiado rápido y otras se aplazan demasiado. Rara vez hay un punto medio natural.

¿Qué hago cuando necesito consejo y no tengo con quién hablar?

La primera opción, y la más infrautilizada, es escribirlo.

Abres un documento y escribes el problema como si se lo explicaras a alguien. Con toda la información relevante. Con las opciones que ves. Con los riesgos de cada una. Con lo que te frena de decidir.

Solo el acto de escribirlo te obliga a ordenar el pensamiento de una forma que no ocurre dentro de la cabeza. Y muchas veces, cuando terminas de escribirlo, ya sabes qué decidir. No porque hayas consultado a nadie. Sino porque al ordenarlo en palabras, la respuesta estaba ahí desde el principio.

Si eso no funciona, busca a alguien que haga buenas preguntas, no que te dé respuestas. No necesitas a alguien que te diga qué hacer. Necesitas a alguien que te pregunte las cosas que no te has preguntado. Un amigo que entienda tu negocio lo suficiente como para hacer preguntas útiles vale más que diez consejeros que te den respuestas genéricas.

¿Cuándo la decisión solitaria es un error sistémico?

Cuando todas tus decisiones importantes las tomas en el mismo estado emocional. Y ese estado suele ser de estrés, de urgencia o de agotamiento.

El problema no es la decisión individual. Es que no tienes ningún mecanismo para mejorar el proceso. Cada decisión importante es un experimento sin protocolo.

Con el tiempo eso deja rastros. Decisiones que en retrospectiva eran obvias pero que en el momento parecían imposibles. Decisiones que tomaste rápido por agotamiento y que luego te costaron meses de corrección. Un patrón que no ves porque no lo registras.

Una cosa pequeña que ayuda mucho: después de tomar una decisión importante, escribe en dos líneas cuál fue y por qué. No para analizarte. Solo para tener registro. Después de seis meses, leer ese registro te dice más sobre cómo decides que cualquier libro de psicología.

Como exploro en el post sobre la trampa cuando el negocio depende solo de ti, la soledad de decidir no es un estado natural del emprendimiento. Es una consecuencia de no haber construido ningún sistema de apoyo externo para las decisiones que realmente importan.

Y eso se puede cambiar. Despacio. Pero se puede cambiar.

¿Qué haces cuando tomas una mala decisión solitaria?

Primero, asumirlo rápido. Sin narrativa de victima. Sin excusa de "es que no tenía información". Tomaste una decisión con lo que tenías. Salió mal. Siguiente.

Lo que no puedes hacer es seguir apostando por una decisión mala solo porque ya has invertido en ella. Eso es el sesgo del coste hundido disfrazado de perseverancia. Y es devastador para los emprendedores.

Como cuenta el post sobre pivotar o persistir cuando la duda paraliza, saber distinguir entre una mala decisión y una buena decisión con resultados lentos es una de las habilidades más difíciles y más valiosas del emprendimiento.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo