Me siento un fraude en el trabajo aunque mis resultados sean buenos

Tus resultados son buenos pero tú sientes que es cuestión de tiempo que se den cuenta de que no vales. No es humildad. Tiene explicación.

Te acaban de felicitar por un proyecto. Tu jefe dice que ha salido genial. Tus compañeros te dan la enhorabuena.

Y tú, por dentro, estás pensando: "Si supieran cómo lo he hecho realmente".

Porque sabes que lo terminaste a las dos de la mañana del día de entrega. Que lo empezaste tres veces y lo dejaste otras tres. Que hubo momentos en los que tuviste la pantalla abierta durante horas sin escribir una línea. Que el resultado final es bueno, sí, pero el proceso fue un desastre.

Y si el proceso fue un desastre, ¿realmente mereces que te feliciten?

¿Por qué sientes que eres un fraude?

Porque comparas tu proceso interno con el resultado externo de los demás.

Tú ves el resultado de tus compañeros. Ves que entregan a tiempo. Ves que parecen tranquilos. Ves que no se quedan hasta las tantas. Y asumes que su proceso es limpio, ordenado, profesional.

Y luego miras el tuyo. Caótico. Errático. Con periodos de nada absoluta seguidos de un sprint final de infarto. Y piensas que la diferencia entre ellos y tú es que ellos son buenos de verdad y tú simplemente tienes suerte.

Pero no ves su proceso. Solo ves el resultado. Y estás comparando tu peor momento con su mejor cara.

Aun así, hay algo más. Porque el síndrome del impostor le pasa a mucha gente, pero cuando tu cerebro funciona de una manera que no puedes explicar, se amplifica.

¿Qué tiene que ver tu cerebro con sentirte un fraude?

Mucho. Más de lo que crees.

Imagina que llevas años funcionando con un sistema operativo diferente al de todo el mundo, pero nadie te lo ha dicho. Tú solo ves que los demás hacen las cosas de una manera y tú las haces de otra. Y la tuya parece peor. Más caótica. Menos fiable.

Así que desarrollas una creencia: "No soy tan bueno como parezco. Tarde o temprano se van a dar cuenta."

En personas con TDAH, esto tiene una base muy real. No es solo inseguridad genérica. Es que tu forma de llegar al resultado es genuinamente diferente. Procrastinas, luego hiperfocalizas. Olvidas detalles, luego compensas con un esfuerzo brutal de última hora. El resultado puede ser excelente, pero el camino es tan irregular que no te lo crees.

Y como nadie ve el camino - solo el resultado - tú eres el único que sabe lo que costó. Y decides que si costó tanto, no puede ser mérito tuyo. Tiene que ser suerte.

El historial que no ayuda

Hay algo más. Y es que probablemente tengas un historial de haber fallado en cosas "fáciles".

Cosas que a los demás les salen sin esfuerzo y que a ti te cuestan un mundo. Tareas repetitivas que no puedes completar. Plazos que se te escapan. Detalles que se te olvidan.

Y ese historial construye una narrativa interna. "No soy fiable." "No puedo confiar en mí mismo." "Si hoy me salió bien, mañana me saldrá mal."

Es como si tu confianza tuviera agujeros. Da igual cuántos logros eches dentro, se escapan. Y siempre estás volviendo al mismo sitio: "no soy suficiente".

Eso no es humildad. Es el resultado de años de experiencias inconsistentes sin una explicación.

¿Y qué haces con esa sensación?

No te voy a decir que "creas en ti mismo". Porque ya te digo que si fuera tan fácil, no estarías leyendo esto.

Lo que sí te digo es que entiendas de dónde viene. Que no es un defecto de carácter. Que sentirte un fraude cuando tu proceso es caótico pero tu resultado es bueno tiene una lógica, y esa lógica apunta a un cerebro que funciona con reglas distintas.

Y cuando entiendes las reglas, la sensación de fraude se reduce. No desaparece del todo. Pero pasa de "soy un impostor" a "mi forma de trabajar es diferente, y aun así funciona". Que no es lo mismo.

Lo que recomiendo, de verdad, es hablar con un profesional. No para que te diga que eres válido - que lo eres - sino para que evalúe si esa forma de funcionar tiene un nombre y un abordaje. Porque cuando entiendes por qué todo te cuesta más que a los demás, dejas de pensar que el problema eres tú.

Y eso cambia todo.

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Si te sientes un fraude a pesar de tus resultados y sospechas que tu cerebro funciona de forma distinta, hice un test de 43 preguntas que te puede dar claridad. Sin diagnóstico, sin coste, pero con la información suficiente para saber si merece la pena hablar con un profesional. Hacer el test TDAH.

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