Me motiva empezar cosas pero no continuarlas
Empiezas con una energía brutal y a la semana no queda nada. No eres inconstante. Tu cerebro funciona con un combustible que se quema rápido.
Tengo un cementerio de proyectos empezados que daría para montar un museo. Curso online: 3 lecciones de 47. Blog personal: 2 posts de los 50 que pensaba escribir. Gym: la matrícula, la ropa nueva, un mes yendo todos los días y luego silencio absoluto.
Y cada vez que empiezo algo nuevo pienso "esta vez es diferente". Y me lo creo. De verdad me lo creo. Porque la energía del principio es tan real, tan potente, que parece imposible que se vaya a acabar.
Pero se acaba. Siempre se acaba.
¿Por qué empezar me parece fácil y continuar me parece imposible?
Porque para tu cerebro son dos cosas completamente distintas.
Empezar es novedad. Es dopamina. Es emoción. Tu cerebro detecta algo nuevo, algo interesante, algo que no ha hecho antes, y se enciende como si le hubieran enchufado a la red eléctrica. Todo fluye. Las ideas aparecen solas. La energía es infinita. El tiempo pasa volando.
Continuar es repetición. Es constancia. Es hacer lo mismo que ayer, sabiendo que mañana toca lo mismo. Y para tu cerebro, eso es el equivalente neurológico de ver secar la pintura. No hay novedad. No hay chispa. No hay combustible.
Es como si tuvieras un coche que arranca con un turbo increíble pero que se queda sin gasolina a los 200 metros. El motor es brutal. El depósito es minúsculo.
¿Cuántos principios llevas ya?
Piénsalo un momento. ¿Cuántas cosas has empezado en los últimos dos años? ¿Cuántas has terminado?
No te lo pregunto para machacarte. Te lo pregunto porque el ratio es importante. Y porque ese ratio dice más sobre cómo funciona tu cerebro que sobre tu carácter.
Si empiezas 20 cosas y terminas 18, no tienes un problema. Si empiezas 20 y terminas 2, hay un patrón. Y ese patrón no es falta de voluntad, no es ser vago, no es falta de disciplina. Es un cerebro que funciona con un sistema de motivación diferente al estándar.
Porque no es que no puedas terminar cosas. Apuesto a que hay cosas que sí terminaste. Cosas que te fascinaban de principio a fin. Cosas que tenían una deadline brutal. Cosas donde el desafío iba subiendo y siempre había algo nuevo.
Lo que no puedes terminar son las cosas donde la novedad se acaba y solo queda el trabajo de mantener. Ahí es donde tu cerebro dice "hasta aquí llegué" y se va a buscar la siguiente cosa brillante.
El problema no es la constancia. Es el combustible.
Voy a explicarte algo que a mí me abrió los ojos.
La mayoría de las personas funcionan con un sistema de motivación que mezcla importancia, recompensa futura y deber. "Tengo que hacerlo, es importante, y el resultado merece la pena." Eso les basta para seguir día tras día aunque no sea emocionante.
Pero hay personas cuyo sistema de motivación funciona casi exclusivamente con interés y novedad. Si algo es interesante y nuevo, tienen una energía que parece sobrehumana. Si algo deja de ser interesante y nuevo, la energía desaparece como si nunca hubiera existido. Da igual lo importante que sea.
Esto es exactamente por qué solo te motiva lo nuevo. Y es uno de los patrones más claros del TDAH en adultos. No del TDAH de niños que no paran quietos. Del TDAH de adultos que empiezan 47 proyectos y terminan 3.
Según el DSM-5, la dificultad para mantener la atención en tareas que no generan estimulación inmediata es uno de los criterios diagnósticos. No es una curiosidad. Es una de las cosas centrales.
¿Cómo termino algo si mi cerebro solo quiere empezar?
Te cuento lo que a mí me funciona, sin promesas de magia.
Primero: divide todo en principios. En serio. Si tu cerebro se activa con lo nuevo, haz que cada fase del proyecto sea un "nuevo principio". No estás "continuando el gimnasio". Estás empezando una rutina nueva esta semana. La semana que viene empezarás otra. El encuadre importa más de lo que crees.
Segundo: añade variedad donde no la hay. Si una tarea es repetitiva, cambia algo. El lugar, la música, el método, el horario. Dale a tu cerebro algo diferente aunque la tarea sea la misma.
Tercero: accountability externa. Porque necesitas urgencia para hacer las cosas, y si nadie te espera ni nadie te vigila, la urgencia no aparece. Un compañero de gym. Un grupo de estudio. Alguien que te pregunte "¿cómo vas?" y que te dé suficiente presión social para no dejarlo.
Y si a pesar de todo, sigues dejando todo a medias, si este patrón lleva años contigo y no mejora con consejos ni con fuerza de voluntad, habla con un psicólogo o psiquiatra. No es pereza, no es falta de carácter. Puede ser algo que tiene nombre y que se puede tratar.
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Si te ves en esto y quieres entender mejor qué pasa en tu cabeza, tengo un test de 43 preguntas sobre tu atención y motivación. Es gratis, no diagnostica, pero te da una idea clara de si merece la pena dar el siguiente paso con un profesional. Hacer el test TDAH.
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