Me cuesta seguir instrucciones largas: a la tercera ya he perdido el hilo
Te dan 5 instrucciones seguidas y a la tercera ya no sabes ni la primera. No es falta de atención. Es cómo funciona tu memoria.
"Primero ve a recursos humanos, pide el formulario B-14, rellénalo, llévalo a la tercera planta, busca a María, dile que es para el proyecto del trimestre, y de vuelta para por recepción a recoger tu tarjeta nueva."
¿Sabes qué he retenido de eso? "Recursos humanos" y "formulario". El resto se ha evaporado como si nunca hubiera existido.
Y no es que no estuviera escuchando. Estaba escuchando. Mirando a los ojos. Asintiendo. Pero mi cerebro estaba procesando la primera instrucción todavía cuando ya iban por la cuarta. Y a la quinta, ya estaba pensando en qué voy a cenar.
No es broma. Es mi vida.
¿Por qué no puedo retener instrucciones seguidas?
Porque tu memoria de trabajo tiene el espacio de un post-it.
A ver, la memoria de trabajo es ese almacén temporal donde pones las cosas que necesitas ahora mismo. La mayoría de gente tiene una mesa grande donde caben 5-7 cosas a la vez. Tú tienes un post-it. Y cada vez que alguien pone algo nuevo en tu post-it, lo anterior se cae.
Imagínate que estás haciendo malabares. La mayoría de gente puede mantener 5 pelotas en el aire. Tú puedes mantener 2, quizá 3 en un buen día. Y cuando alguien te lanza la cuarta, no solo la cuarta se cae. Se caen todas.
Y lo peor es que pareces estar ahí. Tus ojos están abiertos. Estás asintiendo. Tu cara dice "te sigo perfectamente". Pero tu cerebro está como un navegador con 87 pestañas abiertas y la que necesitas se ha colado entre las demás y no la encuentras.
Esto me ha pasado toda la vida. En el colegio, en la universidad, en el trabajo. "Rubén, ¿has entendido?" "Sí, sí." No había entendido nada. Pero decir "¿me lo puedes repetir?" la tercera vez ya no es una opción social.
El problema no es escuchar, es procesar
Esto es clave.
Tú escuchas perfectamente. No tienes un problema de oído. Tienes un problema de procesamiento. Tu cerebro recibe la información, pero la almacena de forma caótica. Es como meter la compra en el maletero tirándolo todo sin orden: llega todo, pero no encuentras nada.
Y cuando alguien te da instrucciones largas, cada paso nuevo empuja al anterior fuera de tu memoria activa. No es que no te importe. No es que no estés prestando atención. Es que tu cerebro no puede mantener tanta información simultánea.
Yo he desarrollado toda una colección de estrategias para disimular. "Espera que lo apunto." "¿Me lo mandas por email?" "Déjame que lo repita para asegurarme." Todo para que no se note que a la tercera instrucción ya estoy perdido.
Y la gente que no tiene este problema no lo entiende. Piensan que es falta de interés. "Si te importara, lo recordarías." No, amigo. Si mi memoria de trabajo funcionara, lo recordaría. Son cosas distintas.
Si alguna vez tu jefe ha pensado que no te esfuerzas, probablemente ha sido por esto. Porque desde fuera parece que no escuchas. Que te da igual. Que no pones atención. Y desde dentro estás haciendo un esfuerzo titánico para retener algo, lo que sea.
¿Y qué pasa en el trabajo?
Pues imagínate.
Tu jefe te explica un proyecto. Son 10 pasos. Tú retienes los 3 primeros y un fragmento del séptimo porque tenía una palabra graciosa. Sales de la reunión, abres el portátil, y te quedas mirando la pantalla pensando "¿qué tengo que hacer exactamente?"
Y no puedes preguntar. Bueno, puedes, pero llevas 6 meses preguntando después de cada reunión y ya te han mirado raro las suficientes veces como para saber que la próxima vez alguien va a decir algo.
Así que improvisas. Haces lo que recuerdas. Rellenas los huecos con suposiciones. Y a veces aciertas. Y a veces la cagas. Y no sabes cuál va a ser cuál hasta que ya es tarde.
Los errores por descuido en el trabajo muchas veces vienen de aquí. No de que no te importe. De que tu cerebro se ha saltado un paso que se cayó de la memoria de trabajo y tú ni te has enterado.
No es falta de inteligencia
Esto me lo tengo que repetir a mí mismo, así que te lo voy a repetir a ti.
Que tu memoria de trabajo sea pequeña no significa que seas menos inteligente. Significa que tu cerebro almacena la información de forma diferente. Y esa diferencia, en un mundo diseñado para gente con memorias de trabajo grandes, te pone en desventaja.
Pero no eres idiota. No eres descuidado. No "pasas de todo". Tu cerebro tiene una limitación concreta en una función concreta. Y cuando lo sabes, puedes crear estrategias. Apuntar todo. Pedir las cosas por escrito. Dividir las instrucciones en bloques pequeños.
A mí me cambió todo entender que esto no es un defecto de carácter. Que hay un motivo por el que todo me cuesta más. Y que ese motivo tiene nombre, tiene investigación y tiene soluciones. No perfectas. Pero soluciones.
Esto no sustituye la opinión de un profesional. Si los problemas de memoria te están afectando en el trabajo o en tu día a día, habla con un psicólogo o psiquiatra.
Si te identificas con esto de perder el hilo cada dos por tres y ya estás harto de disimular, quizá necesitas respuestas. Hice un test de 43 preguntas que puede ser un buen punto de partida. Gratis. Diez minutos. Sin compromiso. Hazlo aquí.
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