Me cuesta recordar lo que mi pareja me ha pedido que haga

Tu pareja te pide algo, dices que sí, y al día siguiente no recuerdas nada. No es que no te importe. Es que tu memoria falla.

"Ya te lo dije ayer."

Cuatro palabras. Cuatro palabras que he escuchado más veces de las que puedo contar. Cuatro palabras que duelen más que un insulto porque llevan implícito algo terrible: no me escuchas. No te importa. No te importo.

Y no es verdad. Me importa. Me importa mucho. Pero no me acuerdo.

No me acuerdo de que me pidió que comprara leche. No me acuerdo de que me dijo que tenía cena el viernes. No me acuerdo de que me contó que su madre la llamó llorando. Me lo dijo. Lo escuché. En ese momento estaba ahí. Pero entre ese momento y ahora, la información se evaporó.

Como si mi cerebro hubiera decidido que eso no era suficientemente importante como para guardarlo. Lo cual es mentira. Era importante. Pero mi cerebro no me preguntó.

No es selectivo (es peor)

Lo que más me frustra es que no es selectivo. No olvido solo las cosas que no me importan. Olvido de todo. Las buenas. Las malas. Las importantes. Las triviales. Todo tiene la misma probabilidad de desaparecer.

Mi pareja me dice "¿te acuerdas de lo que te conté de mi jefa?". Y yo busco. Busco en mi cabeza como quien busca en un cajón desordenado. Rebusco. Intento reconstruir. A veces encuentro un fragmento. A veces no encuentro nada. Y la cara de decepción que pone la otra persona cuando digo "no me acuerdo" es un puñal lento.

Porque desde fuera, olvidar lo que tu pareja te cuenta es un acto de negligencia emocional. Es decir: no me importas lo suficiente como para recordar lo que me dices.

Pero desde dentro es todo lo contrario. Me importas tanto que la culpa de no recordar me destroza. Y aun así, no puedo evitarlo.

La lista mental que nunca funciona

He intentado de todo. Repetirme mentalmente lo que me dice. "Comprar leche. Comprar leche. Comprar leche." Y funciona durante unos treinta segundos. Luego suena el teléfono, o me acuerdo de otra cosa, o simplemente mi cerebro cambia de canal, y la leche desaparece.

He intentado apuntarlo. Pero para apuntarlo necesito tener el móvil a mano, abrir la app de notas, escribirlo y recordar que lo apunté. Son cuatro pasos. Y entre el momento en que mi pareja me dice algo y el momento en que podría apuntarlo, ya ha pasado otra cosa y he perdido el hilo.

Si se me olvidan cosas que acabo de leer, imagínate lo que pasa con cosas que solo he escuchado una vez en medio de la cena mientras mi cerebro también estaba procesando el sabor de la comida, el ruido de la tele y un pensamiento random sobre algo que tengo que hacer mañana.

Lo que mi pareja piensa vs. lo que pasa

Mi pareja piensa: "Le dije algo importante y no se ha acordado. Eso significa que no le importo."

Lo que pasa: escuché lo que me dijo. Procesé la información. Respondí. Tuve una respuesta emocional adecuada en el momento. Y luego mi cerebro hizo un volcado de memoria como un ordenador viejo que se queda sin RAM. No eligió qué borrar. Borró lo que pilló.

La memoria de trabajo - esa que retiene información temporal mientras la usas - funciona distinto en algunos cerebros. No retiene menos porque te importe menos. Retiene menos porque su capacidad es limitada. Y cuando la capacidad se llena, lo nuevo empuja a lo viejo. Sin criterio. Sin jerarquía. Sin preguntarte si eso era importante.

Es lo mismo que pasa cuando olvido conversaciones que tuve ayer. No es un problema de atención en el momento. Es un problema de almacenamiento después.

El desgaste en la relación

Esto desgasta. Mucho. Porque cada olvido es una pequeña herida. Y las pequeñas heridas se acumulan.

Tu pareja empieza a pensar que no la escuchas. Que no le prestas atención. Que priorizas otras cosas. Y tú empiezas a sentirte un desastre. A disculparte constantemente. A prometer que "la próxima vez me acordaré". Y la próxima vez no te acuerdas. Y la promesa rota duele más que el olvido.

Es un ciclo que he vivido en todas mis relaciones. Olvido, decepción, disculpa, promesa, olvido. Repetir.

Si me cuesta recordar detalles de la gente que quiero, no es por falta de cariño. Es por un cerebro que no graba con la misma fidelidad que los demás.

Lo que funciona (un poco)

He dejado de confiar en mi memoria. Eso es lo primero. No como acto de rendición, sino como estrategia. Si sé que mi memoria no funciona, dejo de pedirle que funcione y busco alternativas.

Mi sistema: calendario compartido con mi pareja. Todo lo que me dice que es importante va ahí. No en mi cabeza. En el calendario. "Tu madre viene el domingo" - calendario. "Tengo cita el jueves a las 5" - calendario. "Necesitamos papel higiénico" - lista de la compra compartida.

No es romántico. No es lo que mi pareja querría. Lo que mi pareja querría es que me acordara sin ayuda. Lo entiendo. Pero entre no acordarme de nada y acordarme con sistema, prefiero el sistema.

También le expliqué lo que pasa. No como excusa. Como información. "Mi memoria funciona distinto. No es que no me importe lo que me dices. Es que mi cerebro no lo retiene como debería. Y estoy trabajando en ello."

Y eso cambió la conversación de "no te importo" a "vamos a buscar una forma de que funcione". Que es un cambio enorme. Es la diferencia entre sentirte un fraude y sentirte humano con una dificultad que se puede gestionar.

Si tus relaciones sufren porque tu memoria te falla, si "ya te lo dije" es una frase que escuchas cada semana, el problema no es tu amor. Es tu cerebro. Y eso tiene una explicación que va mucho más allá de ser despistado.


Si tu pareja te dice "ya te lo dije" más veces de las que puedes contar y no entiendes por qué no retienes lo que te dicen, tengo un test de 43 preguntas que puede explicarte por qué. Es gratis, tarda 5 minutos y te puede dar las respuestas que tu memoria no ha sido capaz de guardar. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo