Me cuesta hacer las cosas de forma automática aunque las repita

Llevo años haciendo café cada mañana y aún tengo que pensar cada paso. Automático no existe en mi vocabulario.

Llevo haciendo café cada mañana desde hace seis años. Seis años. Más de dos mil cafés. Y te juro que cada vez que me pongo delante de la cafetera, tengo que pensar qué paso va primero.

No es que no me acuerde de cómo funciona. Sé perfectamente cómo funciona. Agua, café, filtro, botón. Pero mi cerebro no lo ejecuta en automático. Cada mañana es como si fuera la primera vez. Como si los dos mil cafés anteriores no hubieran dejado ninguna huella.

Y no es solo el café. Es la ducha. Es preparar la mochila. Es el camino al supermercado al que voy tres veces por semana desde hace un año y al que sigo necesitando Google Maps porque mi cerebro se niega a memorizar la tercera calle a la izquierda.

¿Es normal tener que pensar cada paso de algo que haces todos los días?

Pues para mí sí. Pero durante mucho tiempo pensé que no.

Veía a mi novia levantarse por la mañana y ejecutar su rutina como un programa informático. Despertador, baño, ducha, ropa, desayuno, puerta. Sin pensar. Sin dudas. Sin pararse a mitad de camino entre la cocina y el baño preguntándose qué había ido a hacer.

Y yo. Bueno. Yo me levantaba, iba a la cocina, me quedaba mirando la encimera, volvía al baño, me daba cuenta de que había ido a la cocina a por agua, volvía a la cocina, veía el móvil, lo cogía, y quince minutos después estaba sentado en el sofá leyendo sobre la historia de los semáforos. Sin agua. Sin ducha. Sin saber muy bien qué había pasado.

Parece una tontería, pero cuando llevas años así, empiezas a pensar que eres idiota. En serio. Que algo fundamental está roto en ti. Porque si todo el mundo puede hacer estas cosas sin pensar, ¿por qué tú no puedes?

Un amigo me dijo una vez: "Tío, pero si ya lo has hecho mil veces." Y lo dijo con buena intención. Pero esa frase duele. Porque sí. Lo he hecho mil veces. Y la vez mil uno voy a tener que pensarlo otra vez. Y la mil dos también. No porque no preste atención. No porque me dé igual. Sino porque mi cerebro no graba estas cosas de la misma forma que el suyo.

¿Qué tiene que ver la automatización con el piloto automático?

Te lo explico con una imagen.

Imagina que tu cerebro es un coche. La mayoría de la gente tiene un coche con piloto automático para las tareas cotidianas. Se suben, ponen la dirección, y el coche va solo. Ellos pueden pensar en otras cosas mientras tanto.

Mi coche no tiene piloto automático. Tiene un volante, un mapa de papel, y un copiloto que a veces se queda dormido a mitad de camino. Cada tarea cotidiana es conducción manual. Cada paso requiere atención. Y si algo me distrae - una canción en la radio, un pensamiento random, el color de una pared - me salgo de la ruta y tengo que volver a empezar.

Esto tiene un nombre técnico que descubrí hace relativamente poco: dificultad en la automatización de conductas. Es una de esas cosas que pasan cuando tu cerebro procesa la información de forma diferente. El TDAH, que es lo que tengo yo, afecta directamente a la capacidad de convertir acciones repetidas en rutinas automáticas. Según los estudios, las personas con TDAH necesitan significativamente más repeticiones para que algo se automatice. Y algunas cosas simplemente no se automatizan nunca.

O sea, no es que no lo intentes suficiente. Es que tu cerebro necesita más repeticiones para grabar el surco. Y a veces, el surco se borra solo.

Y esto genera un cansancio que la gente no ve. Porque hacer todo en manual consume energía mental. Mucha. Al final del día estás agotado, no porque hayas hecho cosas extraordinarias, sino porque tu cerebro ha tenido que pensar activamente en cosas que el de los demás hace sin gastar un gramo de energía. Es como correr un maratón mientras los demás van en bicicleta. Llegas al mismo sitio, pero tú llegas destrozado.

¿Se puede compensar la falta de automatismo?

No te voy a engañar. No he conseguido que mi cerebro automatice las cosas como el de los demás. Lo que sí he conseguido es dejar de depender de que lo haga.

Listas. Listas para todo. Sí, incluida la lista de cómo hacer café. No es broma. Durante un tiempo tuve un papel pegado en la pared de la cocina con los pasos. Mi novia pensaba que era una broma. No lo era.

Y la clave no es la lista en sí. La clave es que la lista sustituye al piloto automático que no tengo. En lugar de depender de que mi cerebro recuerde el siguiente paso, miro el papel. El papel no se distrae. El papel no se va a leer sobre semáforos. El papel siempre dice lo mismo.

También ayuda hacer siempre las cosas en el mismo orden. No porque el orden importe, sino porque un orden fijo reduce las decisiones. Si después de la ducha siempre va vestirse, no tengo que decidir qué viene después. Solo sigo la secuencia. Y cuando le quitas las decisiones a tu cerebro por la mañana, le dejas espacio para funcionar en lo que de verdad importa.

Lo otro que me ha salvado la vida: hacer la preparación la noche anterior. Mi rutina matutina real dura lo que dura porque la mitad del trabajo ya está hecho cuando me levanto. Ropa fuera, mochila lista, café preparado en la cafetera solo para darle al botón. Cada cosa que mi yo de la noche deja preparada es un paso menos que mi yo de la mañana tiene que pensar.

¿Y si simplemente no puedo con los hábitos automáticos?

Mira, hay una creencia muy extendida de que si repites algo 21 días se vuelve automático. Es mentira. Esa cifra viene de un cirujano plástico de los años 60 que hablaba de otra cosa completamente distinta, y se ha repetido tanto que la gente la da por cierta.

Los estudios reales dicen que un hábito tarda entre 18 y 254 días en automatizarse. La media está en 66. Y eso para cerebros neurotípicos. Para alguien con TDAH, multiplica eso por un número que nadie se ha molestado en calcular todavía.

Así que si llevas meses haciendo algo y sigues necesitando pensarlo cada vez, no estás haciendo nada mal. Tu cerebro simplemente funciona diferente. No mejor, no peor. Diferente.

Lo que sí puedes hacer es construir sistemas externos que hagan de piloto automático. Listas, rutinas fijas, alarmas, preparación anticipada. No es sexy. No queda bien en un reel de productividad. Pero funciona. Y si tu cuerpo no sabe ni qué hora es, lo último que necesitas es exigirle que además automatice cosas. Si quieres profundizar en esto, escribí sobre por qué mantener rutinas es tan difícil para ciertos cerebros y por qué no tiene nada que ver con la pereza.

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que hay algo más detrás de tu dificultad con los automatismos, consulta con un psicólogo o psiquiatra.

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Si te suena todo esto y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, tengo un test de TDAH de 43 preguntas basado en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero es un buen punto de partida. 10 minutos.

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