Me bloqueo emocionalmente cuando hay conflicto y no puedo responder

Alguien te confronta y te quedas en blanco. No puedes hablar, no puedes pensar. Te congelas. No es sumisión. Es un bloqueo que no controlas.

Alguien te levanta la voz. O te dice algo que no te parece justo. O simplemente el tono de la conversación sube un poco. Y tu cerebro hace una cosa muy concreta: se apaga.

No reaccionas. No contestas. No discutes. Te quedas ahí. Quieto. Con la mente en blanco. Como si alguien hubiera pulsado el botón de pausa. Oyes las palabras pero no las procesas. Sabes que deberías decir algo pero no te sale nada. Tu boca no se mueve. Tus ideas no aparecen. Estás presente pero no estás.

Y la otra persona lo interpreta como que te da igual. O como que estás de acuerdo. O como que eres débil. Y ninguna de esas cosas es cierta. Pero no puedes explicarlo porque estás bloqueado. Y explicar un bloqueo mientras estás bloqueado es como intentar nadar mientras te ahogas.

¿Por qué me quedo en blanco en los conflictos?

Porque tu cerebro tiene tres respuestas ante una amenaza: luchar, huir o congelarse. Fight, flight, freeze. La mayoría de gente conoce las dos primeras. La tercera es la tuya.

Cuando el conflicto aparece, tu sistema nervioso lo detecta como peligro. Y en vez de activar el modo combate (enfadarte, gritar, defender tu postura) o el modo huida (irte, cambiar de tema, evitar), activa el modo congelación. Se para todo. Emociones, pensamientos, palabras. Todo se congela.

Es como cuando un ordenador se queda colgado. No es que esté apagado. Es que está procesando tantas cosas a la vez que se bloquea. La pantalla se queda fija. Los botones no responden. Y lo único que puedes hacer es esperar a que vuelva.

Tu cerebro hace exactamente eso. Se satura de emoción y se congela. Y tú te quedas mirando a la persona que te está hablando sin poder hacer nada.

La conversación que te vuelve a las tres de la mañana

Lo peor no es el momento del bloqueo. Lo peor es después.

Porque después, cuando tu cerebro se descongela (que puede ser media hora después, o dos horas, o al día siguiente), entonces llegan todas las respuestas. Todas las cosas que deberías haber dicho. Todas las frases perfectas. Todos los argumentos. Y piensas: "¿Por qué no dije esto?"

Y empiezas a reescribir la conversación en tu cabeza. Con tu versión mejorada. Con las respuestas que te habría gustado dar. Y te lo repites una vez, y otra, y otra. A las tres de la mañana sigues en modo replay, perfeccionando un guion para una escena que ya pasó.

Si te suena que el rechazo te duele físicamente, el bloqueo ante el conflicto es la versión preventiva. Tu cerebro anticipa que va a doler y se apaga antes de que llegue el impacto. Como si bajara la persiana emocional de golpe.

Y la culpa de no haber sabido defenderte se queda. Se acumula. Se convierte en una historia que te repites: "Soy una persona que no sabe enfrentarse a nada". Y eso no es verdad. Sabes enfrentarte. Pero tu sistema nervioso no te deja hacerlo en tiempo real.

El conflicto como sobreestimulación

Hay algo que la gente no entiende: para tu cerebro, un conflicto no es una conversación difícil. Es una avalancha sensorial. El tono de voz sube. Las emociones se disparan. La adrenalina entra. La información llega más rápido de lo que puedes procesar. Y tu cerebro, que ya de por sí tiene que trabajar más para regular emociones, se ve desbordado.

Es como meter 200 litros de agua por una tubería que admite 50. La tubería revienta. O se atasca. En tu caso, se atasca. Y te quedas congelado mientras el agua se acumula.

Y no es que no sientas. Sientes todo. A lo bestia. Pero la salida está bloqueada. Las emociones están ahí dentro, apretando, empujando, y no pueden salir. Y cuando por fin salen (horas después, normalmente estando solo), salen todas juntas. Llanto, rabia, frustración, todo mezclado en un tsunami que no tiene proporción con la situación original.

Si te pasa que no sabes si estás triste, enfadado o cansado, el bloqueo emocional es prima hermana de esa confusión. Tu cerebro siente todo a la vez y no puede clasificar nada.

No es debilidad. Puede ser neurología.

Te lo digo directo. Ese bloqueo ante el conflicto. Esa incapacidad de responder en tiempo real. Esa congelación emocional que te deja mudo cuando más necesitas hablar. No es que seas una persona sumisa. No es que te falte carácter. Es un cerebro que se satura emocionalmente y que tiene una forma concreta de protegerse: apagarse.

Y eso tiene nombre. Se llama TDAH. Y la desregulación emocional que viene con él no siempre es explosión. A veces es implosión. A veces es congelación. A veces es quedarte quieto mientras por dentro estás a punto de reventar.

No soy tu médico. Esto no sustituye una evaluación profesional. Pero si esto te suena y además sientes que todo te cuesta más que a los demás sin saber por qué, puede que haya algo que nadie te ha explicado.

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