Me apunto a cursos online y no termino ninguno

Tienes 8 cursos a medias, la plataforma te manda emails recordándotelo y la culpa te come. No es pereza. Tu cerebro funciona diferente.

Acabo de mirar mi cuenta de Udemy. Tengo 23 cursos comprados. He terminado uno. Y fue porque duraba 45 minutos.

Los demás están ahí, en distintos niveles de abandono. Uno al 12%. Otro al 34%. Uno que tiene el 89% completado y que no he abierto en once meses. Once meses. Casi un año entero mirando la barra de progreso sin moverla.

Y cada vez que Udemy me manda un email diciendo "retoma tu curso de Python", siento una mezcla de vergüenza y rabia que no le deseo a nadie. Vergüenza porque sé que no lo voy a abrir. Rabia porque pagué 12 euros por él y no me lo puedo devolver a mí mismo.

Pero lo peor no es el dinero. Lo peor es que compro otro.

El ritual de compra que ya me sé de memoria

Es siempre igual.

Veo un vídeo en YouTube. Alguien habla de algo que me fascina - diseño gráfico, inversiones, cocina japonesa, programación, fotografía, da igual. Me emociono. Mi cerebro dice "esto es lo mío". Y en menos de diez minutos estoy en la página del curso, leyendo las reseñas, viendo el temario, calculando cuántas horas necesito.

Compro. Hago los dos primeros módulos esa misma noche. Tomo apuntes. Abro un documento nuevo para mis notas. Me siento productivo. Me siento vivo.

Al día siguiente hago un módulo más. Al siguiente, medio. Al siguiente, nada. Y una semana después ya estoy mirando otro vídeo de YouTube que me va a fascinar con otra cosa nueva.

Y el curso se queda ahí. En el limbo de los cursos a medias. Junto a los otros veintidós.

¿Por qué comprar el curso se siente mejor que hacerlo?

Porque comprar es novedad. Hacerlo es repetición.

Cuando compras un curso, tu cerebro genera dopamina. "Algo nuevo. Algo emocionante. Algo que va a cambiar mi vida". Esa dopamina te empuja a hacer los primeros módulos con toda la energía del mundo.

Pero cuando la novedad desaparece - normalmente hacia el módulo 4 o 5, cuando el contenido se pone más denso y menos espectacular - la dopamina se corta. Y sin dopamina, abrir la plataforma se siente como levantar una pesa de 200 kilos. Posible en teoría. Imposible en la práctica.

No es falta de interés. No es falta de ganas. Es que tu cerebro se alimenta de novedad y un curso online, por bueno que sea, deja de ser nuevo al tercer día.

Mi cementerio de cursos

Te voy a hacer la lista. Sin filtro.

Guitarra online - abandonado en la lección 7. Excel avanzado - abandonado en el módulo 3. Fotografía con móvil - abandonado en la práctica 2 (que era hacer fotos en la calle, lo cual requería salir de casa, lo cual era demasiado). Marketing digital - abandonado al 40%. Cocina tailandesa - abandonado después de comprar los ingredientes y no hacer ni una receta. Meditación guiada - la ironía se cuenta sola.

Y cada uno de esos cursos tiene un cuaderno asociado. Cuadernos con notas de los primeros módulos. Cuadernos que después se usaron para listas de la compra. Cuadernos que ahora están en un cajón, junto con los otros cuadernos de los otros intentos de los otros años.

La cuestión es que no me falta curiosidad. Me sobra. Lo que me falta es la capacidad de mantener el interés cuando el aprendizaje pasa de la fase divertida a la fase de esfuerzo.

Lo que hay detrás del curso al 34%

Aquí viene lo que nadie te dice.

Si esto solo te pasara con cursos, sería un problema de cursos. Pero si te pasa también con hobbies que dejas antes de dominarlos, con proyectos que abandonas al 80%, con dietas que no pasan de la primera semana y con rutinas que mueren a los quince días, no es un problema de cursos.

Es un problema de cerebro.

Hay cerebros que mantienen la atención de forma estable. Que pueden sentarse, abrir el módulo 6 de un curso y avanzar aunque no sea emocionante. Y hay cerebros que no. Que necesitan emoción, novedad y recompensa inmediata para funcionar. Que sin eso se apagan como una tele sin mando.

Si tienes el segundo tipo, te cuesta todo más que a los demás. No porque seas vago. Porque tu sistema de motivación funciona con reglas diferentes.

Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si acumulas cursos sin terminar, proyectos abandonados y cuadernos con notas de la primera semana, una conversación con un psicólogo puede ahorrarte años de culpa innecesaria. Y probablemente unos cuantos euros en Udemy.

Lo que me ha ayudado (un poco)

Cursos cortos. Brutalmente cortos. Si dura más de dos horas, no lo compro. Porque sé que no lo voy a terminar.

Formato vídeo, no texto. Mi cerebro procesa mejor los vídeos que la lectura de lecciones largas.

Y lo más importante: dejar de castigarme por los que no termino. El curso al 34% me enseñó algo. No todo. Pero algo. Y eso es más de lo que sabía antes. No necesito el certificado para que valga.

Aunque, bueno. Sería bonito terminar uno algún día. Ya veremos. Que tampoco es que planificar me cueste - lo que me cuesta es ejecutar.


Si tienes un cementerio de cursos a medias y cada compra nueva se siente como "esta vez sí", tengo un test de 43 preguntas que puede explicarte por qué. Es gratis, tarda 5 minutos y te puede dar las respuestas que llevas años buscando entre módulo y módulo. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo