Masking en entrevistas de trabajo: la actuación que agota

Las mujeres con TDAH son expertas en entrevistas de trabajo. No porque les sea fácil, sino porque llevan toda la vida ensayando la actuación perfecta.

Llegas a la entrevista diez minutos antes. Llevas el traje que solo usas para ocasiones así. Has ensayado las respuestas en el espejo. Tienes anotadas tres preguntas inteligentes para hacerle al entrevistador.

Entras. Sonríes. Mantienes el contacto visual. Hablas despacio, con frases completas, sin saltarte nada. No interrumpes. No cambias de tema. No empiezas a contar tres historias a la vez.

Y cuando sales y te dicen que lo has hecho genial, piensas: "¿Se lo cuento?"

Porque esa versión tuya que acaba de estar dentro durante cuarenta minutos, controlada y serena y estructurada... no es la que va a aparecer el lunes cuando empieces a trabajar ahí.

¿Por qué las mujeres con TDAH son tan buenas actrizs en las entrevistas?

Pues porque llevan ensayando toda la vida.

La entrevista de trabajo es básicamente el entorno donde el masking brilla más. Es finito. Tiene principio y final. Sabes exactamente qué se espera de ti. Puedes prepararte cada frase, cada postura, cada respuesta.

Para una mujer con TDAH que lleva décadas aprendiendo a parecerse a alguien que no tiene TDAH, una entrevista de cuarenta minutos es pan comido. O sea, claro que puedes sostener eso cuarenta minutos. El problema es sostenerlo cuarenta horas a la semana durante un año.

Hay algo que se llama el coste energético del masking. Cada vez que actúas de una manera que no es natural para tu cerebro, gastas energía. No energía figurada. Energía real. Neurológica. La misma que al final del día te deja tirada en el sofá sin poder hacer nada más.

En la entrevista, ese gasto está justificado. Es temporal. Puedes recuperarte.

Pero cuando el trabajo empieza de verdad, no hay pausa entre actuaciones. Son ocho horas diarias de sostenerte. De no perder el hilo en las reuniones. De no contestar impulsivamente cuando alguien dice algo que te parece mal. De tener abiertas veintisiete pestañas en la cabeza y parecer que solo tienes una.

Y cuando no puedes más, cuando la actuación se rompe un martes a las tres de la tarde porque llevas semanas sin dormir bien y alguien te hace una pregunta en el chat grupal y tardas cuarenta minutos en contestar, la primera reacción no es "estoy agotada del masking". La primera reacción es: "me estoy desmoronando".

El problema no es la entrevista. Es lo que viene después.

Mira, no te estoy diciendo que el masking en entrevistas sea malo en sí mismo. Si funciona para entrar en el sitio que quieres, funciona.

Lo que sí te digo es que hay un problema real cuando la distancia entre "cómo te presentas en la entrevista" y "cómo eres cuando estás trabajando de verdad" es tan grande que ni tú misma sabes cuál de las dos es la real.

Porque hay mujeres con TDAH que han pasado tantos años actuando en entrevistas, en reuniones, en conversaciones con el jefe, que han perdido la pista de cuál es su forma natural de trabajar. Si la tienen. Si alguna vez la tuvieron.

Y en ese punto el masking deja de ser una estrategia de supervivencia y se convierte en la única versión de ti que conoces.

El masking que aprendiste de pequeña como una niña invisible no desaparece cuando creces. Se refina. Se vuelve más sofisticado. Y en la vida profesional encuentra su máxima expresión.

No digo que tengas que llegar a una entrevista y decir "oye, tengo TDAH y a veces me distraigo". No funciona así y no es lo que estoy sugiriendo.

Lo que sí tiene sentido es preguntarte, después de conseguir el trabajo, qué condiciones necesitas para que no sea solo cuestión de tiempo que la actuación se caiga. Porque se va a caer. La pregunta es si cuando eso pase vas a tener las herramientas para entender qué ha pasado o vas a pensar que el problema eres tú.

Si quieres empezar a entender cómo funciona tu cerebro antes de que llegue esa situación, el test que construí te puede dar un primer punto de referencia. 43 preguntas, basadas en escalas clínicas reales. Lo puedes hacer aquí.

Lee también sobre el TDAH en mujeres desde el principio si todavía estás en la fase de "¿esto me describe a mí?".

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.

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