Por qué el proyecto nuevo siempre parece mejor que el que ya tienes

El cerebro con TDAH libera dopamina con la novedad. En el negocio eso se traduce en abandonar lo que funciona para perseguir lo siguiente. Y tiene un.

Tienes un negocio que funciona. No perfectamente, pero funciona. Hay clientes. Hay facturación. Hay un sistema, más o menos.

Y entonces se te ocurre una idea nueva.

Podría ser un curso. Un servicio diferente. Un producto digital. Una agencia. Un canal de contenido. Da igual. El caso es que la idea nueva brilla de una forma que tu negocio actual ya no brilla.

Y en ese momento empieza el problema.

¿Por qué el proyecto nuevo siempre parece más brillante que el actual?

Porque no lo has vivido todavía.

Tu negocio actual tiene el peso de la realidad encima. Conoces sus puntos débiles, sus clientes difíciles, sus tareas aburridas, sus meses malos. Ya no tiene misterio.

El proyecto nuevo no tiene nada de eso. Solo tiene potencial. Solo existe en tu cabeza, donde aún no hay clientes que complican las cosas, ni problemas que no sabías que venían, ni fases aburridas. Es pura posibilidad.

Tu cerebro con TDAH libera dopamina con esa posibilidad. No porque el proyecto sea objetivamente mejor. Sino porque es nuevo. Y la novedad activa el sistema de recompensa de una forma que el proyecto conocido ya no puede activar.

Es el mismo mecanismo que hace que el ejercicio que hiciste durante tres meses te parezca aburridísimo en el cuarto mes aunque siga siendo igual de efectivo. No ha cambiado el ejercicio. Ha cambiado la novedad.

¿Cuánto daño hace perseguir el siguiente proyecto sin terminar el actual?

Depende de en qué momento lo hagas.

Si tu negocio actual está en una fase temprana y aún no has validado que funciona, saltar al proyecto nuevo antes de tiempo es simplemente no acabar lo que empiezas. El negocio muere antes de crecer, y el nuevo proyecto morirá de la misma forma. Es el síndrome del siguiente proyecto que siempre parece el definitivo.

Si tu negocio actual ya funciona pero está en una fase de mantenimiento que tu cerebro encuentra aburrida, el peligro es diferente. Puedes abandonar algo que genera dinero real para perseguir algo que solo genera dopamina.

He cometido ese error. Tener algo que funciona, aburrirme de ello, y dedicar la energía al siguiente proyecto mientras el que funciona se va deteriorando por falta de atención.

El daño no es inmediato. Por eso es difícil de ver. El negocio sigue generando durante un tiempo aunque no lo cuides. Pero tiene fecha de caducidad, y cuando llega es más difícil de recuperar.

¿Cómo distingues cuándo la idea nueva es una oportunidad real y cuándo es solo dopamina?

Esta es la pregunta correcta. Y no tiene respuesta sencilla.

La señal más clara es la timing. Si la idea nueva llega en el momento en que tu proyecto actual empieza a ser rutinario, desconfía. No porque la idea sea mala, sino porque el cerebro con TDAH tiene una habilidad extraordinaria para generar razones de peso para hacer lo que quiere hacer de todas formas.

La prueba que uso yo es esta: si me lo propusieran desde fuera, si alguien me trajera esta idea como un proyecto de cliente, ¿la aceptaría ahora mismo? Si la respuesta es no porque ya tengo suficiente trabajo, entonces la idea nueva no es una oportunidad. Es una escapatoria.

Otra prueba es escribir el proyecto nuevo en un papel y dejarlo tres semanas. Si al cabo de tres semanas sigue pareciendo buena idea y has tenido tiempo de pensar en los problemas reales que traería, hay algo ahí. Si en tres semanas ya se te ha ocurrido otra idea diferente, era dopamina pura.

Esto tiene que ver con uno de los problemas que aborda el síndrome del impostor con catorce productos: la sensación de que ningún proyecto es suficientemente bueno lleva a acumular proyectos sin terminar ninguno.

Lo difícil no es tener ideas. Lo difícil es quedarte con la que vale y dejar morir las que son solo ruido.

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