La llamada que salio mal: cuando dices lo correcto en el peor momento posible
La llamada con el cliente que empezó bien y acabó rara. No fue lo que dijiste. Fue cuándo lo dijiste, cómo lo dijiste y qué dejaste de decir. El análisis.
La llamada había empezado bien. Estabas cómodo, el cliente también, la conversación fluía.
Y en algún punto algo cambió. No sabes exactamente cuándo. Fue una cosa que dijiste, o algo que no dijiste, o el momento en que lo dijiste. El caso es que al final de la llamada la energía era diferente. Más fría. Más formal.
Y cuando cuelgas te quedas con esa sensación de que algo se ha roto aunque no puedas señalar exactamente qué.
Esto le pasa al emprendedor con TDAH más de lo que debería. Y hay razones concretas para ello.
¿Por qué las llamadas son especialmente complicadas para el emprendedor con TDAH?
Porque requieren varias cosas simultáneas que tu cerebro no hace bien en paralelo.
Tienes que escuchar lo que el cliente dice. Tienes que procesar lo que significa. Tienes que formular tu respuesta. Tienes que calibrar el tono adecuado. Tienes que recordar los puntos que querías tocar. Y tienes que hacerlo todo en tiempo real sin poder pausar ni releer.
Para un cerebro que tiene tendencia a la disociación, que pierde el hilo cuando procesa información y que a veces responde antes de haber escuchado del todo, una llamada es un campo minado.
El resultado son respuestas que llegan antes de tiempo, silencios incómodos cuando el cerebro se ha ido, cambios de tema abruptos porque olvidaste a qué venías, y momentos donde dices algo que es verdad pero que en ese contexto sonó diferente de cómo lo querías decir.
¿Cuáles son los errores más frecuentes en llamadas con clientes?
El primero es entrar sin preparación. Para la mayoría de emprendedores, una llamada de treinta minutos con un cliente importante merece cinco minutos de preparación antes. Para el cerebro con TDAH, esos cinco minutos son los más difíciles del día porque son aburridos y anticipatorios.
Pero sin preparación entras en modo improvisación pura. Y la improvisación con un cliente que tiene preguntas concretas o que está evaluando si confiar en ti es un terreno resbaladizo.
El segundo error es no controlar el timing de lo que dices. Hay cosas ciertas que dependiendo de cuándo las digas en la conversación funcionan o destruyen. Sacar el precio antes de haber establecido valor, mencionar limitaciones antes de haber descrito beneficios, hablar de lo que no puedes hacer antes de lo que sí puedes. La información correcta en el momento incorrecto hace el mismo daño que la información incorrecta.
El tercero es hablar demasiado cuando hay silencio incómodo. El cerebro con TDAH no tolera bien los silencios en conversaciones porque generan incertidumbre. Y cuando no tolera el silencio, lo llena. Y a veces lo llena con cosas que sería mejor no decir.
¿Qué cambias para que las siguientes llamadas salgan mejor?
La preparación de cinco minutos antes de la llamada no es opcional. Anotas en un papel tres cosas: qué quieres conseguir en esta llamada, cuál es el punto más delicado que puede surgir, y cuáles son los dos o tres mensajes que no puedes olvidar transmitir.
No necesitas más. Pero eso solo ya cambia completamente el nivel de presencia que tienes en la conversación.
Lo segundo es aprender a manejar el silencio. Cuando no sabes qué decir, no improvisas. Dices "déjame pensar un segundo". O simplemente esperas. El cliente que está evaluando si contratarte interpreta el silencio pensativo de forma diferente al relleno nervioso.
Y lo tercero, quizás el más difícil: revisar mentalmente la llamada después, sin machacarte. Identificar el momento donde cambió la energía, qué dijiste o dejaste de decir, qué harías diferente. No para torturarte. Para aprender.
Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.
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