Dejé de dormir 5 horas y mi negocio mejoró sin que cambiara nada más

Dormía 5 horas por convicción. Lo llamaba disciplina. Cuando empecé a dormir 8, todo mejoró sin tocar nada del negocio.

Durante dos años me levanté a las 5 de la mañana. Me acostaba a las 12 o la 1 y a las 5 estaba de pie. No porque me despertara solo. Porque tenía una alarma que sonaba como si se estuviera incendiando la casa y yo la obedecía como un soldado.

Lo llamaba disciplina. Lo llamaba mentalidad ganadora. Lo llamaba "mientras los demás duermen, yo construyo".

Lo que realmente era: autosabotaje con branding motivacional.

La mentira del "levántate a las 5AM"

Internet está lleno de gurús que te dicen que te levantes antes que el sol. Que las 5AM son mágicas. Que los CEOs exitosos madrugan. Que las primeras horas del día son las más productivas.

¿Sabes lo que no te dicen? Que esos CEOs se acuestan a las 21:00. O sea, duermen 8 horas igualmente. El truco no es madrugar. El truco es dormir suficiente. Y si duermes 5 horas, da igual a qué hora te levantes: tu cerebro va a funcionar mal.

Con TDAH, funcionar con 5 horas de sueño es un suicidio cognitivo. Tu cerebro ya de por sí tiene que trabajar más duro para regular la atención, inhibir impulsos y mantener la memoria de trabajo. Si encima le quitas horas de descanso, estás pidiendo que un motor ya forzado funcione sin aceite.

Lo que me pasaba con 5 horas de sueño

Tomaba más decisiones impulsivas. Compraba cosas que no necesitaba. Empezaba proyectos que abandonaba a la semana. Me enfadaba por emails que en condiciones normales me habrían dado igual.

Mi capacidad de concentración, que ya es complicada, se iba al suelo. 4 minutos de foco se convertían en 2. Y esos 2 eran de mala calidad.

Comía peor. Con poco sueño, tu cuerpo te pide azúcar y carbohidratos rápidos porque necesita energía ya. Así que a las 10 de la mañana ya llevaba dos donuts y un café con más azúcar que café.

Y el remate: producía más horas pero menos valor. Estaba sentado delante del ordenador de 5AM a 10PM pero la cantidad de trabajo útil que salía de ahí era miserable. La mayoría del tiempo lo pasaba mirando la pantalla, cambiando de tarea y abriendo y cerrando las mismas apps sin hacer nada productivo.

Más horas, menos resultados. La fórmula perfecta para quemarte sin avanzar.

El día que dormí 8 horas y todo cambió

No fue una decisión épica. Fue que un día estaba tan reventado que me quedé dormido a las 22:00 y no puse alarma. Me desperté a las 6:30. Ocho horas y media de sueño.

Y ese día produje más que en toda la semana anterior. No porque hiciera nada distinto. Porque mi cerebro estaba descansado y funcionaba como tiene que funcionar.

Las ideas venían solas. Las decisiones eran claras. Los textos salían a la primera. No necesité tres cafés para arrancar. No tuve el bajón de las 15:00 que llevaba meses arrastrando.

Un día. Con 8 horas de sueño. Más productivo que 5 días con 5 horas de sueño cada uno.

Y pensé: he sido un idiota durante dos años.

Lo que dice la ciencia y lo que ignoramos

Tu cerebro TDAH necesita dormir para hacer mantenimiento. Es literal. Mientras duermes, tu cerebro limpia toxinas, consolida memoria, procesa emociones y restaura los neurotransmisores que has gastado durante el día.

Con 5 horas, ese proceso no se completa. Duermes, pero tu cerebro no descansa. Es como apagar el ordenador y encenderlo antes de que termine de instalar las actualizaciones. Se enciende, sí. Pero va lento, tiene errores y se cuelga.

Y los emprendedores con TDAH ya arrancamos el día con el sistema operativo a medio gas. Si encima le quitamos horas de mantenimiento, estamos compitiendo con desventaja autoinfligida.

Lo que hice distinto

Cambié una sola cosa: acostarme a las 23:00 y despertarme a las 7:00. Ocho horas. Sin negociación. Sin "hoy me quedo un ratito más que tengo que terminar esto".

Las primeras dos semanas sentí que estaba perdiendo tiempo. Mi cerebro me decía "esas dos horas extras las podrías usar para trabajar". Y tenía razón, podría usarlas para trabajar. Para trabajar mal, con un cerebro agotado, produciendo contenido mediocre y tomando decisiones que luego tenía que deshacer.

Al mes, la diferencia era tan grande que me daba vergüenza no haberlo hecho antes. Mi negocio mejoró sin que cambiara la estrategia, los productos ni el marketing. Solo el sueño.

Dormir es la estrategia de negocio más barata, más efectiva y más ignorada que existe. No cuesta dinero. No requiere formación. No necesita una app de 12 euros al mes.

Solo necesita que dejes de creer que dormir poco te hace más productivo. Porque no lo hace. Te hace más ocupado. Y ocupado y productivo no son ni de lejos lo mismo.

Duerme. Tu negocio te lo agradecerá por la mañana.

¿Tu TDAH te roba el sueño y el sueño te roba el rendimiento? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y entiendes el ciclo.

Relacionado

Sigue leyendo