La disciplina no funciona conmigo y no sé qué usar en su lugar

Llevas años intentando ser disciplinado y no hay manera. No es falta de voluntad. Tu cerebro necesita otro combustible para arrancar.

Llevo años intentando ser disciplinado. Años. Y no funciona.

No es que no lo intente. No es que no sepa lo que tengo que hacer. Lo sé perfectamente. Pero mi cerebro mira el plan, mira la hora, mira la lista de tareas y dice "no me apetece" con una contundencia que ninguna rutina matutina del mundo puede superar.

Y lo peor no es que falle. Lo peor es que después viene la culpa.

¿Por qué la disciplina funciona para todo el mundo menos para ti?

Porque la disciplina, tal y como nos la venden, se basa en una premisa muy concreta: que tu cerebro es capaz de hacer cosas que no quiere hacer solo porque "toca". Que puedes forzar la máquina. Que si no puedes, es que no lo quieres de verdad.

Y eso funciona. Para algunos cerebros.

Para otros, no es que la disciplina falle a veces. Es que falla siempre. Consistentemente. Da igual el sistema, da igual la app, da igual que te levantes a las cinco de la mañana o que te pongas un temporizador con ruido de sirena. Si la tarea no tiene interés, urgencia o novedad, tu cerebro no arranca.

Punto.

He probado rutinas. He probado hábitos atómicos. He probado el método ese de no romper la cadena. La cadena se rompe sola el tercer día, y ahí se queda, rota, mirándome desde la pared como un recordatorio de otro intento fallido.

¿Y si el problema no es que te falte disciplina?

Mira, te voy a contar algo que me dijo mi psicóloga y que me reventó la cabeza.

Me dijo que la disciplina es un mecanismo de regulación. Tú decides hacer algo, tu cerebro genera la motivación mínima para ejecutarlo, y lo haces. Así funciona en la mayoría de personas. Es como un interruptor que se enciende cuando tú decides encenderlo.

Pero hay cerebros donde ese interruptor no responde al botón. No es que esté roto. Es que funciona con otro sistema. Necesita otro tipo de señal para encenderse.

Y esa señal, en muchos casos, no es la voluntad. Es el interés. La urgencia. La novedad. La presión externa.

O sea, no es que no tengas disciplina. Es que tu cerebro tiene un sistema de activación completamente diferente al que te enseñaron que era "el normal".

Y esto tiene un nombre bastante conocido: TDAH.

No lo digo como diagnóstico, que no soy médico. Pero sí como pista. Porque cuando llevas años fracasando con la disciplina y resulta que todo te cuesta más que a los demás, a lo mejor el problema no eres tú. A lo mejor es el manual de instrucciones que te dieron.

¿Y entonces qué usas en lugar de la disciplina?

Pues mira, te lo digo por experiencia: estructura externa.

No la estructura de "me hago un horario bonito en Notion y lo sigo". No. Esa se muere al segundo día. Hablo de estructura que funcione con tu cerebro, no contra él.

Cosas como: deadline artificiales que se sientan reales. Alguien esperando tu trabajo. Accountability externa. Tareas que tengan un componente de novedad. Cambiar el contexto físico para engañar al cerebro. Poner un temporizador de 15 minutos, no para ser productivo, sino para quitarte la presión de encima.

Es lo que hago yo. No me funciona la disciplina, pero me funciona ponerme en situaciones donde arrancar es más fácil que no arrancar. Eso no es hacer trampa. Eso es ser inteligente con las herramientas que tienes.

Y te digo más. Desde que dejé de intentar ser disciplinado y empecé a diseñar mi entorno para que mi cerebro quisiera arrancar, hago más cosas que nunca. Sin fuerza de voluntad. Sin levantarme a las cinco. Sin rutinas inquebrantables que se quiebran el martes.

¿Esto le pasa a más gente?

Pues bastante más de la que imaginas.

Según el DSM-5, la dificultad para iniciar tareas que no tienen interés inmediato es uno de los síntomas centrales del TDAH en adultos. No es pereza. No es falta de carácter. Es un sistema de neurotransmisores que no genera suficiente dopamina para arrancar con tareas que no tienen carga emocional.

Y el problema es que la sociedad entera está construida alrededor de la idea de que la disciplina es la respuesta universal. Que si no puedes, es que no quieres. Que si no te levantas temprano y haces tu rutina, es que no tienes motivación para nada y punto.

Pero eso no es verdad. Hay cerebros que funcionan con otro combustible. Y si el tuyo es uno de esos, no necesitas más disciplina. Necesitas entender cómo funciona tu cabeza y dejar de pelearte con ella.

Parece una tontería. Pero la diferencia entre forzarte a ser disciplinado y diseñar un entorno que te facilite arrancar es la diferencia entre pasarte la vida sintiéndote un fracasado y empezar a hacer cosas de verdad. Ya te digo.

Si algo de esto resuena contigo, consulta con un profesional. Esto no sustituye un diagnóstico, pero entender cómo funciona tu atención es el primer paso para dejar de pelearte contigo mismo.

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