La cita médica que llevas meses evitando con TDAH
Sabes que tienes que ir al médico. Llevas meses sabiéndolo. Pero hay algo en el proceso que tu cerebro con TDAH no puede iniciar. Esto es lo que pasa.
Hay una cita médica que llevas meses sin pedir.
No es urgente, o no lo parece. Pero la tienes en la cabeza. La has pensado quizá cuarenta veces. En algún momento incluso buscaste el teléfono del médico. Y ahí se quedó.
No es porque no te importe tu salud. No es pereza. Es algo más raro que eso: es que tu cerebro no puede iniciar el proceso.
Esto se llama disfunción en la iniciación de tareas y es uno de los síntomas más invisibles y más frustrantes del TDAH.
¿Por qué se te resiste tanto pedir una cita médica?
A ver, vamos por partes.
Pedir una cita médica parece sencillo. Pero para un cerebro con TDAH tiene más pasos de los que parecen. Tienes que acordarte de hacerlo en un momento en que también sea posible hacerlo. Tienes que encontrar el número, que igual está en el móvil o igual no y entonces tienes que buscarlo. Tienes que esperar a que cojan el teléfono, cosa que puede tardar. Tienes que explicar qué te pasa, que requiere haber organizado la información antes. Y tienes que elegir fecha y hora, que requiere tener presente tu agenda.
Son como siete microtareas encadenadas. Y el cerebro TDAH es pésimo con las cadenas de microtareas. Si en algún punto del proceso hay fricción, o interrupción, o espera, el proceso muere ahí.
Y se queda sin hacer. No porque no quisieras. Porque tu cerebro no llegó.
¿Por qué no vale con "ponérmelo en la lista"?
Porque ya lo has puesto en la lista. Probablemente más de una vez.
El problema de las listas con TDAH es que no generan urgencia. Tu cerebro sabe que "llamar al médico" está ahí. Lo ve cada vez que abre la lista. Y cada vez que lo ve, dice: "sí, esto lo hago luego". Y luego nunca llega, porque luego hay otra cosa que sí genera impulso suficiente para actuar.
Hay algo que funciona mejor: reducir el proceso al mínimo posible en el momento en que tienes el impulso. Si ahora mismo estás pensando "tengo que llamar al médico", para aquí, coge el teléfono y hazlo. Aunque sean las nueve de la noche y no cojan. Deja el número marcado. Pon la alarma para mañana a la hora que abren. Haz el primer paso mientras el impulso está ahí, porque en cinco minutos se habrá ido.
El impulso es el recurso más escaso del TDAH, y tienes que usarlo cuando aparece.
Si la cita la tienes que pedir online, abre la aplicación ahora. No en diez minutos. Ahora.
¿Y si la cita que evitas es precisamente la de TDAH?
Si lo que estás evitando es la cita de psicología o psiquiatría para evaluar si tienes TDAH, sé exactamente lo que está pasando.
Hay algo que da miedo. ¿Y si te dicen que no tienes nada? ¿Y si te dicen que sí? ¿Y si se confirma lo que sospechas desde hace años y entonces tienes que hacer algo con esa información?
Ese miedo es normal. Y no desaparece esperando. De hecho, suele crecer con el tiempo, porque cada semana que pasa sin la cita es otra semana de "debería haberla pedido ya", que añade culpa al miedo, que hace más difícil actuar. El bucle clásico del TDAH.
Te digo una cosa: no hay un momento perfecto para pedir esa cita. No va a llegar un lunes en el que te levantes con la valentía necesaria y todo fluya. Si esperas al momento perfecto, no llamas nunca. Llama en el momento imperfecto. Es el único que existe.
La guía sobre TDAH en mujeres tiene información sobre cómo funciona el proceso de diagnóstico en adultas, por si te ayuda a dar el paso.
El agotamiento crónico que acumulas gestionando todo esto también merece atención médica. No solo el TDAH. Todo el sistema que se ha ido desgastando sin diagnóstico.
Si sospechas que lo que describes tiene nombre, tengo un test de 43 preguntas basado en escalas clínicas reales como primer punto de referencia. Puedes hacerlo aquí.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que tienes TDAH, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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