La relación con el espejo cuando tienes TDAH
Con TDAH la imagen corporal es complicada: te ves distinta cada día, el tiempo distorsiona y la hipersensibilidad amplifica cada defecto.
Hay días que te miras al espejo y estás bien.
Y hay días que te miras al espejo y no entiendes qué ves. Como si la imagen cambiara dependiendo de cómo estás por dentro, no de cómo estás por fuera.
Eso no es rareza tuya. Eso tiene una explicación.
La relación con el espejo en el TDAH es más complicada de lo que parece. No porque las mujeres con TDAH tengan peor aspecto que nadie. Sino porque la forma en que el cerebro procesa la autoimagen, el tiempo y la percepción sensorial hace que lo que ves en el espejo sea, en cierto modo, una interpretación filtrada por tu estado mental del momento.
¿Por qué la imagen corporal fluctúa tanto con TDAH?
A ver, hay varias cosas pasando al mismo tiempo.
La primera es la disregulación emocional. En el TDAH, el estado emocional no es de fondo, es de primer plano. Cuando estás ansiosa, agotada o en un día malo, eso no es un filtro neutro sobre cómo te ves. Es un prisma que cambia la percepción. La misma cara, el mismo cuerpo, se perciben diferente dependiendo de en qué estado emocional estás.
Eso explica por qué puedes mirarte el lunes y verte bien, y mirarte el miércoles con exactamente el mismo aspecto y ver algo completamente diferente. No es que tu cuerpo haya cambiado. Es que tu estado interno ha cambiado y eso altera lo que procesas.
La segunda es la hipersensibilidad. Muchas mujeres con TDAH tienen una capacidad muy alta para detectar detalles. Lo que para otra persona es una mirada rápida al espejo, para ti puede ser un escaneo minucioso en el que el cerebro detecta, magnifica y se queda enganchado en detalles concretos.
No es vanidad. Es que el cerebro no filtra con la misma facilidad.
La tercera es la relación con el tiempo. Ya hablé antes de la ceguera temporal. Eso también afecta a la imagen corporal. Muchas mujeres con TDAH tienen dificultad para percibir los cambios graduales en su cuerpo, ya sean positivos o negativos. Lo que ven es una foto fija del momento, sin continuidad temporal clara. Eso puede hacer que los cambios positivos no se registren y que los momentos malos se sientan definitivos.
La crítica que no para
Hay algo que pasa en el TDAH que tiene nombre: la voz crítica interna que no sabe callarse.
No es autoestima baja en el sentido clásico, aunque puede parecerlo desde fuera. Es que el cerebro TDAH procesa ciertos tipos de estímulos, incluidos los relacionados con el propio rendimiento y la propia imagen, con una intensidad mayor de lo habitual.
Eso significa que un pensamiento negativo sobre tu aspecto no entra, se nota y sale. Entra y se queda. Se repite. Se amplifica. Y acaba sintiéndose como una verdad objetiva cuando en realidad es una interpretación distorsionada.
La disforia por rechazo sensible, que afecta a muchas personas con TDAH, tiene aquí un papel importante. No solo procesas el rechazo externo de forma intensa. También procesas el autorechazo de forma intensa.
Lo que ves en el espejo muchas veces no es lo que ves. Es lo que te estás diciendo a ti misma mientras lo ves.
Lo que ves no es lo que eres
Esto suena a frase de mug de cocina, lo sé. Pero lo digo en serio y con base.
La imagen que tienes de ti misma en los peores momentos no es una evaluación objetiva. Es el producto de un sistema nervioso sobreactivado, de años de mensajes que no siempre fueron amables, y de un cerebro que amplifica ciertos inputs y no filtra bien otros.
No te estoy diciendo que ignores lo que sientes. Te estoy diciendo que lo que sientes no siempre coincide con lo que es real.
Y si el autocuidado en general se siente inalcanzable y la relación contigo misma tiene muchos momentos de dureza extrema, eso también encaja en el patrón más amplio del TDAH en mujeres. No estás sola en esto.
La guía completa sobre TDAH en mujeres tiene más contexto sobre cómo el TDAH afecta la autoimagen y la relación con el cuerpo.
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Este post es orientativo y no sustituye el diagnóstico ni tratamiento profesional.
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