Hago ejercicio dos semanas perfectas y luego desaparezco un mes

Dos semanas de gym impecable. Luego un mes sin aparecer. Y el ciclo se repite cada vez con más culpa. No es falta de ganas.

Las dos primeras semanas soy un atleta.

Lunes: pecho y tríceps. Martes: espalda y bíceps. Miércoles: pierna. Jueves: hombro y abdominales. Viernes: cardio. Sábado: rutina libre. Domingo: descanso activo, que es un concepto que inventé para ir a caminar y sentirme productivo por ello.

Voy al gym con la bolsa preparada la noche anterior. Llevo mis auriculares. Mi botella de agua. Mi playlist motivacional. Llego, entreno, me ducho allí. Me siento bien. Me siento vivo. Me siento como una persona que tiene su vida bajo control.

Esto dura catorce días. Exactamente catorce días.

El día quince me despierto y la bolsa del gym está en la silla. La miro. Sé que tengo que ir. Pero mi cuerpo no se mueve. No me duele nada. No estoy enfermo. No estoy cansado. Simplemente no puedo. Como si alguien hubiera desenchufado algo dentro de mí.

El día dieciséis pienso "hoy sí voy". No voy.

El día veinte ya ni pienso en ello.

Y un mes después, vuelvo a empezar. Desde cero. Como si las dos semanas anteriores no hubieran existido.

El ciclo que me está volviendo loco

Arranque. Dos semanas perfectas. Apagón. Un mes en blanco. Culpa. Nuevo arranque. Dos semanas perfectas. Apagón. Un mes en blanco. Más culpa.

Y cada vez que vuelvo, la culpa es mayor. Porque me acuerdo de las otras veces. Me acuerdo de lo bien que me sentía. Me acuerdo de que lo dejé sin motivo. Y eso hace que me prometa que esta vez será diferente. Aunque sé, en el fondo, que no lo será.

Lo más frustrante es que me gusta hacer ejercicio. En serio. No es como hacer la declaración de la renta. Me gusta. Me siento bien después. Me duermo mejor. Tengo más energía. Todo son ventajas.

Y aun así lo dejo.

¿Cómo dejas algo que te gusta?

Porque no es cuestión de gustar. Es cuestión de cómo funciona tu motor.

Mi motor funciona con novedad y con urgencia. Las dos primeras semanas hay novedad - la rutina nueva, las sensaciones nuevas, el progreso rápido. Y hay una especie de urgencia autoimpuesta - "esta vez sí, esta vez no fallo".

Pero a los catorce días no hay novedad. La rutina es la misma. Los ejercicios son los mismos. El gym huele igual. Y la urgencia desaparece porque ya has demostrado que puedes ir. Y cuando no hay novedad ni urgencia, mi motor se para.

No hay transición. No hay declive gradual. Un día voy y al siguiente no puedo. Es como si alguien pulsara un interruptor.

Y ese interruptor no lo controlo yo. Lo controla un sistema de motivación que funciona por oleadas. A veces estoy arriba y puedo con todo. A veces estoy abajo y no puedo con nada. Y no decido yo cuándo es cuál.

El vestuario de los fantasmas

Mi gym tiene una zona donde nos cambiamos. Y yo noto que hay gente que está siempre. Todas las semanas. Todo el año. Los mismos de lunes a viernes, como si fuera su trabajo.

Y luego estamos los fantasmas. Los que aparecemos dos semanas, desaparecemos un mes, volvemos dos semanas y desaparecemos otra vez. Los que nunca terminamos la tarjeta de fidelidad. Los que el monitor del gym ya ni nos pregunta "¿qué tal el entrenamiento?" porque sabe que mañana no va a vernos.

Y yo miraba a los constantes y pensaba: "¿Qué tienen ellos que no tengo yo?". No son más disciplinados. No les gusta más. No son mejores personas. Simplemente su cerebro puede mantener un hábito sin que la novedad desaparezca.

El mío no.

El problema no es el gym

Si solo me pasara con el ejercicio, sería un problema de ejercicio. Pero me pasa con todo. Con las dietas que empiezo y dejo. Con los cursos que compro y abandono. Con los proyectos que arranco y no termino. Con las rutinas que diseño y no cumplo.

Es un patrón. Y los patrones cuentan historias. Este cuenta la historia de un cerebro que se activa con la novedad y se apaga con la repetición. Un cerebro que te hace sentir que no puedes ser constante aunque quieras.

Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Pero si llevas años en el ciclo de dos semanas sí, un mes no, y la culpa te está comiendo, quizá el problema no es tu disciplina. Quizá es que te cuesta todo más que a los demás y nadie te ha explicado por qué.

Lo que he aprendido

No necesito ir al gym cinco días a la semana. Necesito ir. Punto. Si son dos días, bien. Si son tres, genial. Si una semana no voy, no pasa nada. Lo que me mata no es fallar un día. Lo que me mata es el todo o nada. O soy un atleta perfecto o no voy en absoluto.

Y he aprendido que no necesito la versión perfecta. Necesito la versión posible. Aunque sea imperfecta. Aunque no sea la que saldría en un vídeo de YouTube.

Porque la mejor rutina de ejercicio no es la más completa. Es la que haces.


Si llevas años en el ciclo de dos semanas perfectas y un mes de silencio, tengo un test de 43 preguntas que puede explicarte por qué. Es gratis, tarda 5 minutos y te puede dar las respuestas que llevas años buscando entre repetición y repetición. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo