Pasar de freelance a empresa es un salto que nadie te prepara para dar

Eras freelance y decidiste montar una empresa. Nadie te dijo que ibas a necesitar habilidades completamente nuevas. El salto más difícil del emprendimiento.

Ser freelance es engañosamente simple.

Tienes un servicio. Lo vendes. Lo entregas. Te pagan. Repites.

No necesitas equipo. No necesitas oficina. No necesitas procesos documentados ni un CRM. Necesitas un portátil, wifi, y la capacidad de contestar a un email sin que pasen tres semanas.

Y funciona. Funciona muy bien. Hasta que un día te das cuenta de que has construido un trabajo, no un negocio. Y decides dar el salto a empresa.

Y ahí es donde todo se va al carajo.

El freelance trabaja en el negocio, el empresario trabaja sobre el negocio

Esta frase la habrás leído en 47 libros de emprendimiento. Y suena genial. Pero nadie te explica lo que significa en la práctica.

Significa que como freelance, tú eres el producto. Tu tiempo es lo que vendes. Tu habilidad es lo que cobra. Si no trabajas, no facturas. Así de simple.

Como empresa, el producto es otra cosa. Es un servicio escalable. Es un equipo. Es un sistema que funciona sin ti. Y pasar de ser tú el que hace el trabajo a ser tú el que diseña cómo se hace el trabajo es un cambio de identidad, no solo de tareas.

Es como si llevaras 5 años siendo jugador de fútbol y de repente te dijeran "ahora eres entrenador". Sabes jugar. Pero no tienes ni idea de entrenar. Son habilidades completamente distintas.

Las habilidades que nadie te enseña

Como freelance necesitas saber hacer tu trabajo bien. Punto. Eso es el 90% del juego.

Como empresa necesitas saber: gestionar personas, delegar sin micromanagement, crear procesos, contratar, despedir, gestionar cash flow, negociar con proveedores, manejar la burocracia, liderar, motivar, tomar decisiones que afectan a otras personas.

¿Cuántas de esas cosas sabías hacer antes de dar el salto? Yo sabía hacer exactamente cero. Y lo descubrí a las malas.

Facturar no es ganar

El peor momento: cuando ya no eres el que hace

Hay un momento en la transición que es especialmente doloroso. Es cuando dejas de ser el que hace el trabajo y empiezas a ser el que gestiona al que hace el trabajo.

Tu cerebro odia esto. Especialmente con TDAH. Porque hacer cosas da dopamina. Gestionar personas no da dopamina. Es aburrido, es lento, es frustrante. Tienes que explicar cosas que para ti son obvias. Tienes que esperar a que otros terminen. Tienes que revisar trabajo que habrías hecho diferente.

Y la tentación de decir "quita, ya lo hago yo" es constante. Todos los días. Cada vez que ves algo que no se ha hecho como tú lo habrías hecho, tu cerebro grita que cojas el volante.

Pero si coges el volante, vuelves a ser freelance. Con más gastos.

Lo que nadie te dice sobre los primeros 6 meses

Los primeros 6 meses de empresa son un desastre. No importa cuánto te prepares. No importa cuántos libros leas. Va a ser un desastre.

Vas a contratar mal al menos una vez. Vas a crear un proceso que no funciona. Vas a subestimar los gastos. Vas a sobreestimar los ingresos. Vas a tener al menos una crisis de "¿pero qué he hecho?" a la semana.

Es normal. Todo el mundo pasa por esto. La diferencia es que nadie lo cuenta. Porque cuando ya lo has superado, se te olvida lo horrible que fue. Y cuando estás en medio, te sientes demasiado avergonzado para contarlo.

Yo tuve un mes donde facturé 8.000 euros y me quedé con 200 después de pagar todo. Doscientos euros. Para mí. Después de trabajar 60 horas esa semana. Hice las cuentas y me salía más rentable trabajar en el Mercadona.

Pero seguí. No porque fuera valiente. Sino porque no tenía alternativa. Ya había dado el salto y volver atrás era más difícil que seguir adelante.

¿Merece la pena?

Sí. Pero no por las razones que piensas.

No merece la pena porque vayas a ganar más dinero. Al principio vas a ganar menos. No merece la pena porque vayas a trabajar menos. Al principio vas a trabajar más. No merece la pena porque sea más fácil. Es infinitamente más difícil.

Merece la pena porque un día tu negocio funciona sin ti. Un día te vas de vacaciones y la facturación no baja. Un día te pones enfermo y los clientes siguen atendidos. Un día miras tu empresa y piensas: esto ya no soy yo. Es algo más grande.

Ese día compensa todo lo anterior. Pero llegar a ese día requiere pasar por todos los días horribles. Y nadie te puede preparar para eso excepto la experiencia.

Si estás pensando en dar el salto, hazlo. Pero no lo hagas pensando que va a ser como ser freelance pero mejor. Es un juego completamente distinto. Y empezar de cero en un juego nuevo cuando creías que ya dominabas el anterior es una de las cosas más difíciles y más necesarias del emprendimiento.

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