Cuando te dicen 'eres demasiado': TDAH e intensidad emocional
A las mujeres con TDAH les dicen desde pequeñas que son demasiado intensas, demasiado sensibles, demasiado. No es un defecto de carácter. Es el TDAH.
"Eres demasiado intensa."
"Te lo tomas todo muy a pecho."
"Con lo lista que eres, ¿por qué te afecta tanto todo?"
Si has escuchado alguna de estas frases más de tres veces en tu vida, sigue leyendo.
¿Por qué las mujeres con TDAH sienten todo más fuerte?
El TDAH no es solo un problema de atención. Es también un problema de regulación emocional. Y esto, en las mujeres, se manifiesta de una manera muy concreta: la intensidad.
Las emociones llegan más fuertes. Las transiciones entre estados emocionales son más bruscas. La alegría puede ser euforia. La tristeza puede ser un hundimiento. La frustración puede ser una explosión. Y la vergüenza, la vergüenza puede ser una ola que te arrastra durante días.
Hay un término para la parte más extrema de esto: RSD (Rejection Sensitive Dysphoria, o Disforia Sensible al Rechazo). No es un diagnóstico oficial pero es algo que los especialistas en TDAH describen constantemente: una hipersensibilidad brutal a la percepción de rechazo o crítica. No tiene que ser rechazo real. Basta con que lo percibas.
Una mirada rara de tu jefe en una reunión. Un mensaje que tarda en llegar. Un "podría estar mejor" dicho sin mala intención.
Para alguien sin TDAH, eso pasa. Para alguien con TDAH y RSD, eso puede arruinar el día. O la semana.
El mensaje que te dejaron de niña
Aquí es donde se complica la cosa.
Cuando eres una niña con TDAH e intensidad emocional, los adultos no suelen reaccionar con comprensión. Reaccionan con corrección.
"No llores por eso, que no es para tanto."
"No te pongas así."
"Tranquilízate."
O sea, el mensaje que recibiste no era "tienes emociones intensas y eso tiene sentido". Era "hay algo malo en cómo reaccionas y tienes que controlarlo".
Y lo intentas. La hostia que lo intentas. Aprendes a tragar. Aprendes a disimular. Aprendes a guardar para dentro lo que sientes porque cuando lo sacas fuera, la gente reacciona con incomodidad o con crítica.
Eso se llama masking emocional. Y agota una barbaridad.
Porque no es que hayas resuelto las emociones. Es que las has metido en una caja con llave. Y las cajas con llave presionan desde dentro.
El problema de ser "demasiado"
El problema de que te llamen demasiado durante años es que acabas creyéndotelo.
No como un pensamiento explícito, sino como una certeza de fondo. "Soy difícil." "Soy complicada." "La gente que me quiere tiene que aguantarme."
Y entonces empieza un proceso muy curioso: te encodes la intensidad. La ahogas antes de que salga. Dejas de pedir lo que necesitas porque "no quiero ser una carga". Te quedas en relaciones que no te van bien porque "tampoco es para tanto, ¿no?".
Lo que era un rasgo de tu neurología se convierte en la historia de quién eres.
Y eso, con el tiempo, tiene un coste enorme en la autoestima. Como describo en el post sobre la frase 'no soy suficiente' en mujeres con TDAH: cuando llevas años recibiendo el mensaje de que hay algo mal en ti, acabas integrándolo.
La intensidad no es el problema
Esto es lo que quiero que te lleves.
La intensidad emocional del TDAH no es un defecto. Es una característica neurológica. Como la dificultad con el aburrimiento o con las transiciones.
El problema no es que sientas mucho. El problema es que nunca nadie te enseñó qué hacer con eso. Y que encima te dijeron que no deberías sentirlo.
Las personas con TDAH que aprenden a gestionar su intensidad emocional, no la apagan. La canalizan. La usan. La intensidad puede ser empatía brutal. Puede ser pasión contagiosa. Puede ser energía creativa. Puede ser la cosa que hace que cuando te importa algo, te importa de verdad.
No te estoy diciendo que el TDAH es un superpoder. Eso me parece una simplificación bastante simplona. Pero sí te digo que no eres "demasiado". Eres alguien con un sistema nervioso que procesa más fuerte y que nadie orientó bien.
Para entender el cuadro completo, la guía de TDAH en mujeres tiene una sección específica sobre regulación emocional.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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