El email que no debiste enviar: como el TDAH arruina tu comunicacion escrita
Lo escribiste en caliente, lo enviaste antes de releerlo y al día siguiente quisiste desaparecer. El email que no debiste mandar y lo que aprendes de él.
Era tarde. Estabas cansado y un poco frustrado. El cliente había dicho algo que no te había gustado, o la situación llevaba semanas sin resolverse, o simplemente tu nivel de tolerancia ese día era de cero.
Y escribiste el email.
Lo escribiste con la adrenalina de tener razón. Cada frase era perfecta. Exactamente lo que necesitabas decir. Sin rodeos, sin suavizarlo, sin perder el tiempo con amabilidades vacías.
Y lo enviaste.
Y al día siguiente lo relees y no puedes creer que ese email tenga tu nombre en el remitente.
¿Por qué el cerebro con TDAH es tan propenso a enviar emails que luego lamenta?
Dos razones que se refuerzan mutuamente.
La primera es la impulsividad. El cerebro con TDAH tiene menos freno entre el pensamiento y la acción. Piensas algo y lo ejecutas antes de que el filtro del "quizás no deberías" tenga tiempo de activarse. En conversación presencial eso se nota menos porque hay señales sociales que frenan. En la pantalla no hay nada que te pare.
La segunda es la dificultad para anticipar consecuencias. Tu cerebro en el momento de escribir el email está completamente presente en ese momento, en esa emoción, en esa razón. No está evaluando cómo va a recibir ese email la persona al otro lado, qué va a pensar, cómo va a reaccionar, qué efectos tendrá en la relación a largo plazo.
El resultado es comunicación muy honesta y muy mal calculada.
¿Cuánto te ha costado un email enviado en caliente?
Más de lo que crees si haces el cálculo completo.
No solo el cliente que se fue. También la reputación que se erosiona silenciosamente cuando alguien comparte lo que le dijiste. También las siguientes conversaciones que empiezan con una dinámica deteriorada porque el otro recuerda ese email aunque tú ya lo hayas olvidado.
El coste del email impulsivo no siempre es inmediato. A veces es una grieta que tarda meses en abrirse.
Y lo más frustrante es que en muchos casos tenías razón en lo que decías. El problema no era el contenido. Era el envío sin filtro, el tono que no consideraste, el momento que elegiste mal o las tres cosas a la vez.
Tener razón y comunicarlo mal es peor que no tenerla. Porque encima de no conseguir lo que querías, quedas mal.
¿Qué sistema funciona para no enviar el email que no debes?
El más simple y el más eficaz que he encontrado: el email en borrador que duerme una noche.
Cuando sientes que vas a escribir algo en caliente, escríbelo. Todo. Sin censura. Con toda la honestidad que tengas ese día. Guárdalo en borradores. No lo envíes.
A la mañana siguiente lo lees. En el 90% de los casos lo reescritas. No porque hayas tenido miedo. Sino porque con la cabeza fría ves exactamente qué querías decir, cómo decirlo con más precisión y qué partes eran solo emoción sin información útil.
El 10% restante, lo envías. Porque hay veces que el email en caliente está bien escrito y dice exactamente lo que necesitas decir. La noche solo lo confirma.
Este sistema requiere algo que el cerebro con TDAH no tiene de forma natural: pausa entre impulso y ejecución. Por eso hay que construirlo como regla fija, no como decisión caso a caso. Nunca envío un email importante el mismo día que lo escribo si hay algo de carga emocional en él. Sin excepción.
Esto conecta con algo que abordo en emprender con TDAH como deporte de riesgo: las herramientas de un emprendedor con TDAH no pueden depender de que ese día tenga autocontrol. Tienen que funcionar aunque no lo tengas.
Algo parecido a lo que cuento aquí.
El borrador que duerme es una de esas herramientas. No es glamurosa. Pero ha salvado relaciones de negocio que el email de las once de la noche habría destruido.¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.
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