Contar tu historia sin sonar pretencioso

Todo emprendedor tiene una historia que contar. El problema no es la historia. El problema es cómo la cuentas sin que suene a Ted Talk de segunda.

Hay una frase que todo emprendedor ha dicho alguna vez delante de alguien y luego ha necesitado cinco minutos para recuperarse del cringe.

"Mi historia empieza cuando lo dejé todo para seguir mi sueño."

La he dicho yo. La has dicho tú. La ha dicho casi todo el mundo que tiene un negocio y una cuenta de Instagram. Y en el momento en que la dices, puedes ver cómo el otro busca la salida con los ojos.

El problema no es tu historia. El problema es el envoltorio.

¿Por qué las historias de emprendedores suenan todas igual?

Porque copiamos el formato sin el contenido.

Hemos visto tantas historias de emprendedores que tenemos una plantilla grabada en el subconsciente. Comienzo feliz, momento de crisis, revelación, éxito. Heroe, villano, redención. Todo muy ordenado, todo muy cinematográfico. Todo completamente falso.

La vida real no tiene tres actos. La vida real tiene nueve meses haciendo algo que no funciona, luego un mes que funciona más o menos, luego una crisis, luego algo que tampoco funciona, luego otro intento. No tiene estructura. No tiene arco narrativo. Tiene caos, y de ese caos a veces sale algo.

Cuando intentas meter ese caos en una plantilla de historia de éxito, el resultado es exactamente lo que parece: un caos con un lazo mal puesto.

Y la gente lo nota. Siempre.

¿Qué diferencia una historia que conecta de una que aburre?

El detalle específico frente a la afirmación general.

"Lo dejé todo por mi sueño" no conecta con nadie porque no significa nada. "Era lunes por la mañana, eran las 8:47, y estaba en el quinto piso de una oficina mirando cómo llovía y pensando que si me quedaba allí otro año me volvía loco" - eso sí conecta. Porque es concreto. Porque es incómodo. Porque es verdad.

La pretensión viene de intentar sonar importante. La conexión viene de intentar sonar humano.

Tu historia con TDAH tiene elementos que muy poca gente cuenta en voz alta. Los malentendidos en reuniones. Los proyectos que empezaste y no terminaste. Los jefes que no entendían por qué eras brillante un día y ausente al siguiente. El diagnóstico a los 34 años que lo explicó todo pero no solucionó nada de inmediato.

Eso es material. Eso es lo que hace que alguien al otro lado de la pantalla piense "este tipo sí me entiende".

No hace falta que suene bien. Hace falta que suene verdad.

¿Cuándo dejar de contar y empezar a escuchar?

Hay emprendedores que cuentan su historia en bucle. En cada conversación, en cada post, en cada ocasión que encuentran. Y llega un momento en que la historia ya no conecta con nadie porque se ha convertido en un monólogo ensayado.

La historia tiene que evolucionar o muere.

Y para que evolucione necesitas input de fuera. Necesitas saber qué parte resuena, qué parte aburre, qué preguntas te hacen después. Eso solo se consigue escuchando. Que es, curiosamente, la cosa que se nos da peor a los que tenemos TDAH.

Escuchar sin interrumpir. Escuchar sin preparar ya la siguiente frase. Escuchar sin irte a otra dimensión mientras el otro habla.

Cuando aprendes a escuchar así, tu historia mejora. Porque empiezas a filtrar lo que a ti te parece importante de lo que al otro le parece relevante. Y muchas veces no es lo mismo.

¿Y si tu historia no tiene un final bonito todavía?

Mejor. Mucho mejor.

Las historias de emprendedores que más conectan no son las que terminan con "y ahora facturamos X millones". Son las que terminan con "y todavía estoy en ello, y hay días que no sé si esto va a funcionar, y voy a seguir igual".

Porque eso es donde está la mayoría de la gente. En el mientras tanto. En el proceso. En el no sé cómo va a acabar esto pero tampoco me veo haciendo otra cosa.

Si aún no tienes el final feliz, no lo inventes. Cuenta el presente. Cuenta lo que está pasando ahora. Es más honesto y, paradójicamente, más persuasivo.

Como dice el post sobre emprender con TDAH como deporte de riesgo, lo que distingue a los que siguen de los que se van no es el éxito que han tenido. Es la tolerancia al no-saber-cómo-va-a-acabar-esto que han desarrollado.

Algo parecido a lo que cuento aquí.

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