Dolor crónico y TDAH: cuando tu cuerpo también pasa factura
Me dolía todo y pensaba que era estrés. Resulta que el TDAH tensa músculos que no sabías que existían. Dolor crónico y TDAH van de la mano.
Me duele la espalda. Y los hombros. Y el cuello. Todos los días.
Durante años pensé que era estrés. Que curro mucho, que duermo raro, que paso demasiadas horas sentado. Lo típico. La explicación cómoda que te das a ti mismo para no tener que buscar más.
Pero no era solo estrés.
Resulta que mi cerebro con TDAH lleva tensando músculos que no sabía que existían. Que esa mandíbula apretada a las 3 de la mañana no es casualidad. Que la tensión en los hombros que arrastro desde los 20 no es porque duerma mal. Bueno, también. Pero hay algo más debajo.
Y cuando empecé a atar cabos, la cosa se puso interesante.
¿Qué tiene que ver el TDAH con que te duela todo?
Más de lo que piensas.
El TDAH no es solo dispersión, impulsividad y no poder estarte quieto. Eso es la parte visible. La parte que sale en los memes. Pero hay una capa debajo que nadie te cuenta: tu cuerpo está en alerta constante.
Un cerebro con TDAH tiene problemas para regular la respuesta al estrés. Tu sistema nervioso no sabe descansar. Está todo el día en modo "algo va a pasar", aunque no pase nada. Y eso se traduce en músculos contraídos, hombros subidos hasta las orejas, mandíbula apretada, respiración superficial. Todo el día. Todos los días.
Es como llevar una mochila invisible que pesa 15 kilos. No la ves, pero tu cuerpo la nota. Y después de años cargándola, el cuerpo pasa factura.
Literalmente. Tu cuerpo pasa factura por todo lo que tu mente ha ido acumulando sin procesar.
La tensión que no sabes que tienes
Te voy a hacer un experimento. Ahora mismo, mientras lees esto, fíjate en tus hombros.
¿Están arriba?
Seguramente sí. Porque llevas así tanto tiempo que ya no lo notas. Tu posición por defecto es "tenso". Y lo que tú llamas relajado es lo que un fisioterapeuta llamaría "necesitas venir tres veces por semana".
Con TDAH pasa una cosa muy concreta: no tienes buena interocepción. Es decir, tu cerebro es bastante malo detectando señales de tu propio cuerpo. No notas que tienes hambre hasta que te mareas. No notas que tienes sueño hasta que te caes. Y no notas que llevas cuatro horas con los trapecios como piedras hasta que te da un dolor de cabeza que te parte por la mitad.
El dolor crónico en personas con TDAH muchas veces no empieza con una lesión. Empieza con años de tensión acumulada que nadie detecta porque tu cerebro está demasiado ocupado haciendo otras cosas como para avisarte.
La rueda que no para
Y aquí viene lo bonito del asunto. Porque es una rueda.
Te duele algo. El dolor te distrae. La distracción te genera ansiedad porque no rindes. La ansiedad te tensa más. La tensión genera más dolor. Y vuelta a empezar.
Es un bucle precioso. De esos que tu cerebro con TDAH monta sin que te enteres.
Porque además, el dolor crónico consume recursos cognitivos. Tu cerebro ya va corto de gasolina, y encima tiene que dedicar parte de lo poco que tiene a gestionar el dolor. Resultado: más dispersión, más olvidos, más frustración, más estrés, más tensión, más dolor.
Un cerebro neurotípico con dolor crónico ya lo pasa mal. Un cerebro con TDAH con dolor crónico es un desastre funcional con patas.
"Es que no haces deporte"
La hostia. Esta me la han dicho cien veces.
"Haz ejercicio." "Muévete más." "Es que estás todo el día sentado."
Como si no lo supiera. Como si el problema fuera que no sé que moverme es bueno. El problema es que mi cerebro necesita un nivel de motivación absurdo para arrancar cualquier actividad, y cuando te duele todo, la motivación para hacer deporte con TDAH cae por los suelos.
Y sí, el ejercicio ayuda. Es probablemente lo que más ayuda. Pero decirle a alguien con TDAH y dolor crónico "haz deporte" sin más contexto es como decirle a alguien con insomnio "pues duerme". Gracias, tío. No se me había ocurrido.
Lo que funciona es encontrar movimiento que tu cerebro quiera hacer. No el que deberías hacer. El que te apetezca. Caminar escuchando un podcast. Nadar porque el agua te relaja. Estirar viendo una serie. Lo que sea que quite la barrera de entrada, porque la barrera es el verdadero enemigo.
Bruxismo: el síntoma silencioso
¿Te has despertado alguna vez con la mandíbula dolorida?
Bienvenido al club. El bruxismo, apretar o rechinar los dientes mientras duermes, es absurdamente común en personas con TDAH. Tu cerebro no para ni de noche. Y esa hiperactividad mental que durante el día se manifiesta en pensamientos a mil por hora, por la noche se canaliza a través de la mandíbula.
Yo me enteré cuando el dentista me dijo que tenía el esmalte desgastado de un señor de 60 años. Tenía 28.
Resultado: dolor de mandíbula, dolor de cabeza, dolor de oído, dolor de cuello. Todo conectado. Todo por un cerebro que no sabe apagarse. Me hice una férula de descarga y fue mano de santo. No solucionó el TDAH, obviamente. Pero al menos mi dentista dejó de mirarme con cara de susto.
Dolor crónico y sensibilidad: la doble trampa
Hay otro factor que hace que esto sea especialmente divertido para nosotros: la sensibilidad alterada al dolor.
Estudios recientes sugieren que las personas con TDAH pueden tener una percepción del dolor diferente. Algunos días no notas nada, incluso cuando deberías. Otros días una molestia menor se siente como si te estuvieran clavando algo. Es inconsistente. Impredecible. Como todo lo demás con el TDAH.
Y esa inconsistencia es lo que hace que los médicos a veces no te tomen en serio. Porque fuiste hace un mes y estabas bien, y ahora vienes diciendo que te duele todo. Y te miran como diciendo "pero si la última vez no tenías nada".
Ya. La última vez mi cerebro había decidido ignorar el dolor. Hoy ha decidido amplificarlo. No tengo control sobre eso. Bienvenido a mi mundo.
¿Qué se puede hacer?
No te voy a dar una lista de 10 trucos mágicos. Pero sí te voy a contar lo que a mí me ha servido.
Primero, ser consciente. Suena a frase de coach, pero es literal. Saber que tu TDAH está conectado con tu dolor cambia la perspectiva. Dejas de pensar "soy un quejica" y empiezas a pensar "mi sistema nervioso necesita ayuda".
Segundo, movimiento diario. No una hora de gimnasio. 20 minutos de lo que sea. Estiramientos, caminar, lo que tu cerebro acepte ese día.
Tercero, un fisioterapeuta que entienda que no es solo postura. Que entienda que tu tensión tiene un componente neurológico. Que no te diga solo "siéntate recto" sino que trabaje contigo sabiendo que tu cuerpo lleva años en modo alerta.
Cuarto, hablar con tu psiquiatra. Si tienes TDAH diagnosticado y dolor crónico, tu médico necesita saberlo. Porque a veces ajustar la medicación o añadir estrategias de regulación del sistema nervioso cambia mucho las cosas.
Y quinto, dejar de culparte. No eres débil. No eres quejica. No te lo inventas. Tu dolor es real. Y tiene una explicación que va más allá de "estás estresado".
Tu cuerpo lleva años escuchando a tu cerebro
El TDAH no vive solo en tu cabeza. Vive en tus hombros, en tu mandíbula, en tu espalda baja, en tus cervicales. Vive en cada músculo que tu sistema nervioso ha decidido tensar sin pedirte permiso.
Y muchas veces, los síntomas del TDAH en adultos no parecen TDAH. Parecen estrés laboral. Parecen mala postura. Parecen "es que no te cuidas". Pero cuando juntas las piezas, cuando ves que la dispersión, la ansiedad, la tensión muscular y el dolor crónico son parte del mismo paquete, todo cobra sentido.
Tu cuerpo no te odia. Está reaccionando a un cerebro que lleva toda la vida en quinta marcha sin saber frenar.
Ahora al menos sabes por qué.
No soy médico. Todo lo que lees aquí viene de vivir con TDAH, no de diagnosticarlo. Para eso necesitas un profesional.
Si te duele todo y siempre pensaste que era normal, quizá no lo es. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No diagnostica, pero puede darte un punto de partida para entender qué hay detrás de esa tensión que no se va. 10 minutos.
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