La impulsividad de Ozzy Osbourne: morder un murciélago y otros momentos sin filtro
Ozzy Osbourne mordió un murciélago en directo. Y una paloma. Y casi mata a su mujer. La impulsividad de Ozzy tiene un patrón que va mucho más allá del rock.
Ozzy mordió un murciélago en directo. En un concierto en Des Moines, en 1982, un fan le lanzó un murciélago al escenario y Ozzy le metió un bocado. Pensaba que era de goma.
No lo era.
Ozzy mordió una paloma en una reunión con ejecutivos de su discográfica. Se suponía que tenía que soltarla como gesto de paz. En vez de eso, le arrancó la cabeza de un mordisco. En una sala de reuniones. Con gente en traje.
Ozzy intentó estrangular a Sharon, su mujer, durante un episodio de abuso de sustancias tan severo que acabó arrestado. Él mismo ha contado que no recuerda haberlo hecho.
Todo esto no es rock and roll. Es un patrón.
El historial que nadie leía como lo que era
Si le quitas la guitarra, los escenarios y los millones, lo que te queda es un hombre que toda su vida ha hecho cosas sin pensar un segundo en las consecuencias.
Ozzy ha sido diagnosticado con TDAH. También con trastorno de personalidad antisocial, trastorno bipolar, y una mutación genética que le permite metabolizar sustancias a una velocidad absurda. Su cerebro es literalmente un caso de estudio para la ciencia.
Pero durante décadas, todo se explicaba con la misma frase: "Es Ozzy, está loco".
Y esa es la trampa.
Cuando la impulsividad de alguien genera titulares y risas, nadie se para a pensar que detrás hay un cerebro que no puede frenar. Que la decisión de morder un murciélago no fue una decisión. Fue la ausencia total de freno entre el impulso y la acción.
¿Por qué Ozzy no podía pensar antes de actuar?
Porque la impulsividad del TDAH no funciona como la gente cree.
La gente piensa que ser impulsivo es ser atrevido. Que es tomar decisiones rápido. Que es tener los huevos de hacer lo que otros no se atreven.
No.
La impulsividad del TDAH es que tu corteza prefrontal, la parte del cerebro que se supone que te dice "espera, piensa, valora", funciona con retraso. O directamente no aparece a tiempo. El impulso llega, y la acción sale antes de que haya habido ni un microsegundo de reflexión.
Ozzy ha contado en entrevistas que muchas de las cosas más famosas de su carrera las hizo sin ningún tipo de plan. Sin intención. Sin pensamiento previo. Simplemente pasaron. Su cuerpo actuó antes de que su cabeza tuviera la menor oportunidad de opinar.
Eso no es valor. Es un déficit de inhibición.
Y es exactamente el mismo mecanismo que explica la impulsividad de Kanye West. El mismo cerebro que genera momentos de genialidad artística es el que produce los desastres públicos. No puedes quedarte con uno y descartar el otro. Son el mismo sistema operativo.
La impulsividad que se aplaude y la que se condena
Aquí está lo retorcido del asunto.
Cuando Ozzy muerde un murciélago, se convierte en leyenda del rock. Cuando intenta estrangular a su mujer, es un problema de drogas. Cuando suelta barbaridades en entrevistas, es gracioso. Cuando destroza una habitación de hotel, es parte del show.
Todo se narra como si fueran decisiones conscientes de un tipo excéntrico. Pero el patrón es siempre el mismo: acción sin filtro, consecuencias después, arrepentimiento cuando ya es tarde.
Es lo mismo que le pasaba a Maradona. La misma impulsividad que producía jugadas imposibles producía también las peores decisiones fuera del campo. La misma falta de freno. El mismo cerebro que no distingue entre un impulso genial y uno destructivo.
La sociedad decide cuáles aplaudir y cuáles condenar. Pero para el cerebro que los genera, todos vienen del mismo sitio.
Lo que las drogas taparon durante cuarenta años
Ozzy ha sido abierto sobre sus adicciones. Alcohol, cocaína, lo que pillaba. Décadas de abuso de sustancias que casi lo matan varias veces.
Y aquí hay algo que la gente no suele conectar: el abuso de sustancias en personas con TDAH es brutalmente común. No es casualidad ni debilidad moral. Es un cerebro que busca desesperadamente dopamina, y las sustancias son la forma más rápida de conseguirla.
Durante años, las drogas y el alcohol taparon todo lo demás. Cada síntoma de TDAH se explicaba por el consumo. Cada impulsividad era "las drogas". Cada olvido, cada decisión absurda, cada explosión emocional. Todo se atribuía a las sustancias.
Hasta que dejó las sustancias y los síntomas seguían ahí.
Porque siempre habían estado. Las drogas solo los amplificaban. Y los enmascaraban al mismo tiempo. Es la trampa perfecta: la sustancia empeora los síntomas, pero al existir como explicación alternativa, evita que nadie se pare a pensar "oye, ¿y si esto es algo más?".
Ozzy después del diagnóstico
Ozzy recibió sus diagnósticos ya de mayor. Después de décadas de caos, hospitalizaciones, rehabilitaciones y una carrera que por estadística no tendría que haber sobrevivido.
¿Cambió algo? En parte.
Saber que tu cerebro funciona diferente no te da un botón de apagar la impulsividad. Pero te da algo que Ozzy no tuvo durante cuarenta años: contexto. Una explicación que no es "estoy loco" ni "soy mala persona" ni "son las drogas".
Es un cerebro. Funciona de una manera concreta. Y cuando lo sabes, puedes al menos empezar a construir sistemas alrededor.
Sharon ha sido, en muchos sentidos, el sistema externo que Ozzy necesitaba. La persona que organizaba lo que él no podía organizar. La que ponía estructura donde solo había impulso. No es romantizable, porque la relación ha tenido de todo. Pero es un patrón que se repite mucho en personas con TDAH: alguien cercano que compensa los déficits ejecutivos que tú no puedes cubrir solo.
Lo que Ozzy enseña sin querer
Que la impulsividad no es un rasgo de personalidad que puedas activar y desactivar según convenga. Es un mecanismo neurológico. Y cuando la persona que la tiene se convierte en una estrella de rock, la sociedad la llama carisma. Cuando esa misma persona destroza su vida personal, la llama irresponsabilidad.
Es el mismo cerebro. El mismo mecanismo. La misma falta de freno.
Kanye lo vive en directo en redes sociales
Que la impulsividad tiene un coste enorme que los titulares no te cuentan. Por cada momento legendario de Ozzy, hay diez momentos de destrucción que no fueron divertidos para nadie. Relaciones rotas. Hospitalizaciones. Décadas perdidas en sustancias. Un cuerpo destrozado. Un Parkinson que muchos médicos creen que está relacionado con el desgaste acumulado.
Y que cuarenta años tarde sigue siendo mejor que nunca. Ozzy recibió su diagnóstico cuando ya era una leyenda. Imagina lo que habría pasado si alguien hubiera mirado a ese chaval de Birmingham que no podía estarse quieto en clase y en vez de decirle que era un desastre, le hubiera dicho que su cerebro funcionaba diferente.
No habría cambiado la música. Pero habría cambiado cuánto sufrimiento hubo por el camino.
Si alguna vez has sentido que actúas antes de pensar, que las consecuencias llegan siempre después del impulso, que tu cerebro va más rápido que tu capacidad de frenarlo, puede que no sea falta de voluntad. Puede que solo necesites entender cómo funciona tu cabeza.
Sigue leyendo
¿Tenía Salvador Dalí TDAH? El arte del caos controlado
Expulsado por indisciplina, vivía con un ocelote y hacía declaraciones absurdas. El caso de Dalí y el TDAH tiene más evidencias de las que imaginas.
La rebeldía de Steve Jobs: expulsado de Apple por su propia impulsividad
Steve Jobs fue tan impulsivo que le echaron de su propia empresa. Esa misma impulsividad creó el iPhone. Eso tiene nombre.
Por qué me identifico con Phelps (y tú probablemente también)
Phelps tenía 9 años cuando le dijeron que nunca se concentraría. Tenía TDAH y una piscina. Yo tenía TDAH y un portátil. La historia me suena demasiado.
La trampa de idealizar a los famosos con TDAH
Jobs, Branson, Einstein. Idealizar famosos con TDAH se siente bien, pero puede ser peligroso. Hay una parte que nadie te cuenta.