El dia que toqué fondo de verdad en el negocio

No fue el mes sin ingresos. No fue el cliente que se fue. Fue el día que me di cuenta de que no podía ni hacer una llamada. Eso fue el fondo.

El fondo no tiene alarma.

Eso es lo que nadie te dice. No suena nada. No hay un momento dramático en el que te miras al espejo y sabes que has llegado. El fondo lo reconoces mucho más tarde, mirando hacia atrás, cuando ya tienes un poco de distancia. En el momento, solo sabes que algo no funciona. Que llevas días extraños. Que hay algo que no cuadra pero no sabes nombrarlo.

El mío fue un martes. No lo recuerdo como un martes especialmente malo. Pero fue el día que intenté hacer una llamada de prospección y no pude.

No es que no quisiera. No es que me diera pereza. Es que levanté el teléfono, miré el número, y algo en mí se apagó. Dejé el teléfono en la mesa. Fui a por agua. Volví. Lo miré otra vez. Y volví a dejarlo.

Estuve dos horas con ese número en la pantalla sin marcar.

¿Cuándo el bloqueo del TDAH se convierte en algo más serio?

El TDAH te da bloqueos. Eso no es nuevo. Tienes días en los que arrancar cuesta el triple que otros. Tienes proyectos que empiezas cuatro veces antes de terminarlos. El cerebro rebelde forma parte del paquete.

Pero hay una diferencia entre el bloqueo habitual y el bloqueo que te avisa de que llevas demasiado tiempo funcionando en modo supervivencia.

El bloqueo habitual tiene textura de pereza. Puedes rodearlo, buscarle el ángulo, empezar por otro sitio, engañarte con una tarea más pequeña. Tiene cierta flexibilidad.

El otro tipo de bloqueo es diferente. Es plano. No tiene ángulos. No lo puedes rodear porque está en todas partes. Es una especie de anestesia que te cubre todo. Y no responde a los trucos que siempre te han funcionado.

Ese segundo tipo es el que debería preocuparte.

¿Qué señales ignoré antes de llegar al fondo?

Muchas. Las habituales.

Semanas antes, dormía mal y las decisiones se volvieron erráticas. No solo malas decisiones. Decisiones raras. Cosas que en otro momento no haría. Mandé un email a un proveedor con un tono que no debería haber usado. Rechacé una reunión que podría haber sido interesante sin ninguna razón concreta. Me negué a revisar los números durante diez días seguidos.

El cuerpo también habló. Espalda tensa. Mandíbula apretada por las mañanas. Una especie de agotamiento que no se iba con dormir.

Pero cuando estás metido en el día a día de un negocio que no funciona bien, estas señales no tienen prioridad. Hay cosas que resolver. Fuegos que apagar. El cuerpo puede esperar.

El cuerpo no puede esperar. El cuerpo te va acumulando el recibo.

¿Qué hacía mientras todo se caía?

Lo más inútil que puedes hacer en ese estado: fingir que todo sigue en marcha.

Publicaba contenido. Contestaba emails. Tenía conversaciones con clientes potenciales en las que decía lo correcto pero no estaba presente. Era como si hubiera puesto el negocio en piloto automático y yo me hubiera ido a algún sitio dentro de mí mismo donde nadie podía llegar.

Eso tiene un nombre. No lo sabía entonces. Lo sé ahora.

Y lo que necesitaba en ese momento no era un plan de negocio nuevo ni simplificar lo que había construido. Lo que necesitaba era parar. De verdad. No el tipo de parar que luego cuentas como "tomé distancia estratégica." El tipo de parar que no tiene narrativa bonita.

El tipo de parar en el que admites que te has roto un poco y que necesitas tiempo para volver a funcionar.

¿Qué hice cuando finalmente reconocí que estaba en el fondo?

Llamé a alguien. No para que me ayudara con el negocio. Solo para decirlo en voz alta.

Y eso, que suena pequeño, fue lo único que movió algo. No me dio un plan. No me resolvió nada. Pero algo se abrió cuando dije en voz alta lo que estaba pasando. Como cuando aprietas demasiado el puño durante demasiado tiempo y finalmente lo sueltas.

Lo que viene después del fondo no es la recuperación inmediata. Es un proceso largo y poco glamuroso. Pero empieza cuando dejas de pretender que el fondo no existe.

Si ahora mismo estás en ese punto y no lo puedes llamar así, quizás esto te sirva: no tienes que tenerlo nombrado para actuar. Solo tienes que admitir que estás en un sitio al que no puedes seguir yendo.

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