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Deportistas de hielo con TDAH: del hockey al patinaje

Los deportes de hielo atraen a cerebros con TDAH. Velocidad, frío y decisiones en décimas de segundo. Cammi Granato es solo el ejemplo más conocido.

tdahfamosos

Los deportes de hielo tienen algo que atrae a cerebros diferentes: velocidad, riesgo, frío que te despierta, decisiones en décimas de segundo. No es casualidad que varios deportistas de hielo tengan TDAH diagnosticado.

Piénsalo un momento. Estás en una pista a temperaturas bajo cero, con cuchillas en los pies, rodeado de gente que viene a por ti a toda velocidad. Tu cerebro no puede irse a pensar en la lista de la compra. No puede desconectarse. No puede dispersarse. Porque si lo hace, acabas contra la valla.

Para un cerebro con TDAH, eso no es estrés. Es el único momento del día donde todo encaja.

Cammi Granato: la primera mujer en el Hockey Hall of Fame

Cammi Granato tiene TDAH diagnosticado. Y tiene algo más: una placa en el Hockey Hall of Fame. La primera mujer en conseguirlo.

Fue capitana de la selección femenina de Estados Unidos. Ganó el oro olímpico en Nagano 1998 y la plata en Salt Lake City 2002. Jugó más de una década al más alto nivel en un deporte donde cada segundo sobre el hielo es una decisión a vida o muerte (deportiva, claro).

Y aquí viene lo interesante.

Granato ha hablado de cómo el hielo era el único sitio donde su cerebro dejaba de pelear con ella. En clase no podía concentrarse. En los exámenes se perdía. Pero en la pista, con el stick en las manos y el frío mordiéndole la cara, todo se alineaba. Las decisiones salían solas. La velocidad del juego encajaba con la velocidad de su cabeza.

No es que se esforzara más que las demás. Es que su cerebro estaba diseñado para funcionar exactamente en ese entorno.

Si conoces a otros deportistas con TDAH que dominaron su deporte, verás que el patrón se repite una y otra vez. Cerebros que no funcionan en un aula pero que son máquinas de precisión cuando el entorno les da lo que necesitan: estímulo constante, velocidad y consecuencias inmediatas.

¿Por qué los deportes de alta estimulación atraen a cerebros TDAH?

Hay una explicación que no es tan complicada como parece.

El cerebro con TDAH tiene un sistema de dopamina que funciona diferente. Necesita más estímulo para activarse. Lo que a un cerebro neurotípico le basta para concentrarse, al cerebro TDAH le resulta insuficiente. Se aburre. Se dispersa. Se va.

Ahora mete ese cerebro en una pista de hielo.

Frío intenso en la piel. El sonido de las cuchillas cortando el hielo. La velocidad. El impacto. El riesgo real de caerte o de que te lleven por delante. Cada nervio de tu cuerpo está encendido. Cada sentido está al máximo.

Para un cerebro que necesita estímulo para funcionar, eso es como enchufarlo directamente a la corriente. No necesita esforzarse por prestar atención. La atención aparece sola porque el entorno la exige.

Es el mismo principio que funciona con los deportistas olímpicos con TDAH confirmado. No es que tengan más disciplina que el resto. Es que encontraron un deporte donde la intensidad del entorno hace el trabajo que su neuroquímica no hace por sí sola.

Más allá del hielo: el patrón de los deportes sensoriales

Y esto no se limita a las pistas de hielo.

Adam Kreek, remero olímpico canadiense con TDAH diagnosticado, ha contado algo muy parecido. El remo no tiene frío (bueno, a veces sí), pero tiene algo igual de potente: agua helada salpicándote la cara a las seis de la mañana, dolor muscular constante, un ritmo que exige sincronización perfecta. Cada remada es una inyección de estímulo sensorial que mantiene al cerebro exactamente donde tiene que estar.

Louis Smith, gimnasta británico con TDAH diagnosticado, encontró su versión en el potro con arcos. Un aparato donde un error de milímetros te manda al suelo. Donde tu cuerpo gira a velocidades que hacen que tu cabeza no tenga espacio para divagar. No es hielo, pero el principio es idéntico: un entorno que le da a tu cerebro la dosis de estimulación que necesita para funcionar como un reloj.

¿Ves el patrón?

No importa si es hielo, agua o un aparato de gimnasia. Lo que importa es el nivel de estimulación sensorial. El frío, la velocidad, el impacto, el riesgo. Todo eso activa un cerebro que en un despacho se apaga.

Simone Biles

El entorno correcto como regulación natural

Aquí hay una idea que a mucha gente le vuela la cabeza.

Muchos deportistas con TDAH no eligieron su deporte conscientemente para regular su cerebro. Simplemente gravitaron hacia él porque era el único sitio donde se sentían bien. Donde podían concentrarse. Donde no les regañaban por moverse demasiado o por no estar quietos.

Cammi Granato no pensó "tengo TDAH y el hockey me va a regular". Simplemente se puso los patines y algo encajó. Su cerebro dijo "aquí sí" cuando en todos los demás sitios decía "aquí no".

Eso es lo que muchos profesionales llaman regulación por entorno. Tu cerebro no cambia. Lo que cambia es el contexto. Y cuando el contexto le da exactamente lo que necesita (estimulación sensorial alta, consecuencias inmediatas, velocidad de procesamiento al máximo), el TDAH deja de ser un obstáculo y se convierte en una ventaja competitiva.

El frío de la pista. El impacto del disco. Las cuchillas cortando el hielo a toda velocidad. Para un cerebro con TDAH, eso no es caos.

Es medicación natural.

Lo que el hielo enseña sobre el TDAH

No estoy diciendo que todo el mundo con TDAH deba ponerse unos patines y lanzarse a una pista. Lo que digo es algo más sutil y más importante.

Que si tu cerebro no funciona en el entorno donde estás, quizá el problema no es tu cerebro. Quizá el problema es el entorno.

Cammi Granato no era una mala estudiante que además jugaba al hockey. Era un cerebro diseñado para el hockey que además tenía que sobrevivir a las clases. La diferencia es enorme.

Y eso aplica a todo el mundo con TDAH, juegue al hockey o no. La pregunta no es "¿qué me pasa?". La pregunta es "¿dónde funciono?". ¿Dónde se enciende mi cerebro? ¿Qué entorno me da la estimulación que necesito sin que tenga que forzarla?

Para algunos es el hielo. Para otros es un escenario. Para otros es un taller de mecánica o una cocina profesional a las ocho de la noche con veinte comandas pendientes.

El sitio da igual. El principio es el mismo: encuentra el entorno que regula tu cerebro de forma natural, y lo que todo el mundo llamaba tu problema se convierte en tu mayor ventaja.

Si te has visto reflejado en algo de esto, si tu cerebro también necesita más estímulo del habitual para funcionar, puede que el primer paso sea entender cómo funciona por dentro.

Hacer el test de TDAH

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