La decisión de negocio que tomaste sin datos y resultó ser la correcta

Algunas de las mejores decisiones de negocio no tienen justificación racional. Entender por qué no siempre es un defecto es parte de aprender a decidir.

Hay decisiones que tomé sin ninguna justificación racional y que resultaron ser las mejores que tomé ese año.

Cambiar de nicho cuando todo apuntaba a que debía quedarme. Lanzar un producto cuando los números decían que no era el momento. Parar una línea de negocio que facturaba bien porque sentía que no iba a ningún lado.

Cada una de esas decisiones, si la hubiera sometido a análisis, probablemente no habría tomado. Y eso me dice algo sobre la relación entre el análisis y la buena decisión que vale la pena articular.

¿Por qué el análisis no siempre ayuda?

Porque el análisis opera sobre lo conocido. Sobre variables que puedes medir, comparar y proyectar. El problema es que las mejores oportunidades de negocio suelen estar precisamente en lo que todavía no se puede medir porque no ha pasado.

El análisis te dice lo que ha funcionado antes en condiciones similares. No te dice qué va a funcionar en condiciones que no han existido aún. Y cuando el mercado se mueve, cuando cambia el contexto, cuando aparece una tecnología nueva o un comportamiento distinto de los consumidores, el análisis basado en datos históricos puede ser activamente engañoso.

Hay una razón por la que muchos de los movimientos más disruptivos en cualquier industria los hicieron personas que no tenían los datos suficientes para justificar el movimiento. Si los hubieran esperado, habrían llegado tarde.

¿Qué hace que algunas corazonadas sean más fiables que otras?

No son corazonadas en el sentido de capricho o deseo. Son inferencias rápidas a partir de mucha información procesada de forma no consciente.

Llevas años en tu industria. Has hablado con cientos de clientes. Has probado docenas de estrategias. Has cometido errores específicos y has aprendido de ellos de manera visceral, no solo intelectual. Toda esa información está ahí, aunque no puedas citarla en una presentación de PowerPoint.

Cuando algo "huele mal" en un acuerdo aunque los números sean correctos, o cuando algo "huele bien" en una oportunidad aunque no puedas justificarlo del todo, tu cerebro está procesando todas esas experiencias acumuladas y generando una señal.

El instinto en el negocio no es magia. Es experiencia comprimida. Y como tal, tiene tanto valor como la experiencia de la que proviene.

¿Cuándo la corazonada es trampa?

Cuando viene de la excitación, no de la experiencia.

El cerebro TDAH, y en general cualquier cerebro con tendencia a la novedad, genera entusiasmo muy fácilmente ante ideas nuevas. Ese entusiasmo genera una sensación física que puede confundirse con intuición de negocio. "Me vibra esto" puede significar que efectivamente hay algo ahí, o puede significar que es nuevo y que tu cerebro dopaminérgico simplemente responde bien a todo lo que es nuevo.

La diferencia está en el historial. Si tienes un patrón de tomar decisiones desde el entusiasmo inicial y arrepentirte cuando baja, la corazonada que sientes en los primeros días de una idea nueva no es de fiar todavía. Necesita tiempo para que el entusiasmo se asiente y ver qué queda.

Si tienes un historial de intuiciones que se confirman meses después, ya tienes datos sobre tus propias intuiciones.

¿Cómo aprovechar la intuición sin que te sabotee?

Documentándola.

Cuando tengas una corazonada fuerte, escríbela. Fecha, contexto, qué sientes, por qué crees que tienes razón. Seis meses después, revisa. Con el tiempo construyes un registro de tus intuiciones y sus resultados que te permite calibrar en qué áreas tu instinto es fiable y en qué áreas no.

Cobrar mal no es humildad sino miedo es una de esas cosas que el instinto sabe antes que el análisis. Pero solo si has vivido suficientes veces las consecuencias de cobrar mal para que el instinto tenga material con qué trabajar.

La intuición no es innata. Se construye. Y usarla bien es una habilidad que se aprende, no un talento que tienes o no tienes.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

No soy médico. Este artículo nace de vivir con TDAH y de documentarme, no de diagnosticar. Si te reconoces en lo que lees, la evaluación la hace un profesional de la salud mental.

Relacionado

Sigue leyendo