Cuando el proceso es el producto: lo que vendes no siempre es lo que el cliente compra

En muchos negocios de servicios, el cliente no compra el resultado. Compra el proceso que lo lleva al resultado. Entender esto cambia cómo vendes, cómo.

Hay una distinción que tardé tiempo en entender y que cambió cómo pienso sobre lo que vendo.

El resultado y el proceso no son lo mismo. Y lo que el cliente compra no siempre es lo que crees que vendes.

Cuando alguien contrata a un coach de negocio, en teoría está comprando resultados: más ventas, más claridad, un negocio mejor. Pero lo que en realidad está comprando, en muchos casos, es el proceso de tener a alguien con quien pensar cada semana. La estructura, la rendición de cuentas, las preguntas que le hacen ver lo que no veía. Si al final tiene más ventas, perfecto. Pero el valor experimentado no es solo el resultado final. Es todo lo que pasa por el camino.

Y cuando entiendes eso, cambia completamente cómo comunicas lo que haces, cómo lo estructuras y cómo lo cobras.

¿En qué tipo de negocios el proceso es el producto real?

En más de los que parece a primera vista.

En consultoría, muchas veces el cliente no compra el informe final. Compra la certeza de que hay alguien experto analizando su situación y que va a identificar lo que él no puede ver desde dentro. El informe es el entregable. El proceso de análisis y las conversaciones intermedias son el valor real.

En diseño y creatividad, el cliente muchas veces no compra el logo o la web. Compra la experiencia de ser escuchado, de que alguien entienda su negocio lo suficientemente bien como para traducirlo visualmente. El archivo final es lo que se lleva. El proceso de discovery y de iteración es donde se construye la confianza.

En formación y cursos, el conocimiento está muchas veces disponible de forma gratuita. Lo que el alumno compra es una estructura que le obliga a pasar por el conocimiento en un orden que funciona, con un acompañamiento que le ayuda a aplicarlo.

En todos estos casos, vender solo el resultado es dejar fuera la mitad del valor real.

¿Qué ocurre cuando no comunicas el proceso como parte del valor?

Que el cliente solo evalúa el precio versus el resultado final. Y esa comparación casi siempre trabaja en tu contra.

Si lo que vendes es "un logo", compites con todos los que hacen logos. Si lo que vendes es "un proceso de tres semanas donde entendemos tu marca desde la raíz y te acompañamos hasta que tienes algo que realmente te representa", ya no compites con los que hacen logos. Estás en otra categoría.

El proceso como producto también cambia la conversación sobre el precio. Un resultado se puede comparar. "Dame tres presupuestos de diseño web" es fácil de hacer cuando lo que se compara es un resultado estándar. Cuando el proceso es parte de lo que vendes, comparar es más difícil porque no todos los procesos son iguales.

Con TDAH hay un factor adicional. Nuestros cerebros son frecuentemente muy buenos en la fase de proceso: la exploración, las conexiones inesperadas, la capacidad de ver problemas desde ángulos diferentes. Eso que a veces parece un defecto ("se va por las ramas", "conecta cosas que no tienen que ver") puede ser exactamente el valor diferencial que el cliente está buscando. Pero si lo presentas solo como resultado, eso no se ve.

¿Cómo presentas el proceso sin que parezca que estás alargando artificialmente la entrega?

Con total transparencia sobre qué hay en cada fase y por qué.

No basta con decir "mi proceso tiene cinco pasos". Tienes que explicar qué problema resuelve cada paso para el cliente. Por qué ese paso existe. Qué pasaría si no estuviera.

Cuando el cliente entiende que la fase de discovery existe para no empezar a construir en la dirección equivocada, esa fase deja de ser tiempo extra y se convierte en seguro de inversión. El marco cambia completamente.

También ayuda nombrar el proceso. No de manera marketiniana y artificial, sino de manera que sea reconocible y que comunique estructura. Un proceso con nombre es más fácil de vender que un proceso que vive solo en tu cabeza.

¿Puede el proceso convertirse en producto autónomo?

Sí. Y cuando pasa, tienes algo muy valioso.

Hay negocios que empezaron vendiendo resultados y acabaron vendiendo el proceso como producto independiente: el framework, la metodología, la manera de hacer las cosas. Que luego se puede licenciar, enseñar, escalar de maneras que el resultado por sí solo no permite.

Como señala la lógica de construir un sistema que no dependa de que siempre estés presente, documentar y codificar el proceso no solo te protege cuando estás mal. Te da algo que puedes enseñar, delegar y eventualmente vender como algo aparte de tu tiempo.

El proceso que tienes en la cabeza y que nadie más puede ejecutar es un activo atrapado. El proceso que está documentado y que alguien puede seguir es un activo libre.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

Y los activos libres son los que construyen negocios que no dependen exclusivamente de ti.¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo