Los fracasos que nadie cuenta en LinkedIn (y que son los que más enseñan)

En LinkedIn todos fracasaron y aprendieron. Pero hay una categoría de fracasos que no salen en esos posts. Los que todavía duelen demasiado para.

LinkedIn tiene una versión muy específica del fracaso.

El fracaso de LinkedIn tiene final feliz. Aprendiste, creciste, y ahora tienes perspectiva suficiente para contarlo de una forma que inspira a otros. El fracaso de LinkedIn tiene siempre una moraleja nítida. Siempre un "pero gracias a eso hoy...". Siempre un cierre positivo que hace que el post tenga arco narrativo completo.

Esos fracasos existen. Son reales. Y no son los únicos.

¿Qué fracasos no salen nunca en LinkedIn?

Los que todavía están abiertos.

Los que no tienen moraleja todavía porque siguen doliendo demasiado para haberlos procesado con la distancia necesaria. Los que implican a personas a las que no quieres exponer. Los que revelan un error que no te hace quedar como "valiente y honesto" sino simplemente como alguien que tomó una mala decisión por razones que no te dejan bien.

El socio del que te separaste mal. No el que "no compartía la visión" según la narrativa pública, sino el que te dejó de hablar y todavía tienes el número guardado sin saber si llamar algún día.

El cliente al que fallaste. No el que era difícil, sino el que confiaba en ti y no entregaste lo que prometiste y nunca le devolviste el dinero como deberías.

El empleado al que despediste tarde, cuando ya era evidente para todos que no funcionaba, y que aguantó más de lo que debería haber aguantado porque tú no querías tener esa conversación.

¿Por qué no contamos esos fracasos?

Porque no hemos encontrado la forma de hacerlo sin exponernos de verdad.

El fracaso de LinkedIn permite una exposición controlada. Tú decides qué detalles incluir. Tú eliges el ángulo. Tú controlas la narrativa. El arrepentimiento que describes ya lo has procesado, ya no duele igual, ya lo puedes mirar desde fuera.

Los fracasos que no contamos son los que todavía no hemos podido mirar desde fuera. Los que al volver a ellos siguen produciendo la misma sensación en el estómago. Los que no tienen todavía una historia limpia porque la vida tampoco la tiene.

Con TDAH, esa tendencia a no procesar se amplifica. El cerebro que evita lo que es emocionalmente costoso también evita volver a los fracasos que duelen. Los archiva como pendiente indefinido. Y ese pendiente indefinido sigue ocupando espacio aunque no lo estés mirando.

¿Qué enseñan los fracasos sin moraleja?

Más. Enseñan más que los que tienen moraleja.

Porque el fracaso con moraleja ya lo has domesticado. Ya lo has convertido en algo manejable, en algo que encaja en una narrativa útil. El aprendizaje ya está hecho.

El fracaso sin moraleja todavía tiene información sin procesar. Todavía hay algo que no entiendes del todo sobre por qué tomaste esa decisión, por qué no viste lo que era evidente, por qué seguiste cuando todo indicaba que debías parar.

Esa información es más valiosa que la del fracaso que ya entiendes. Pero acceder a ella cuesta más. Requiere una honestidad contigo mismo que el formato LinkedIn no facilita.

¿Cómo haces algo útil con los fracasos que todavía duelen?

No convirtiéndolos en contenido todavía. Eso puede esperar.

Sino mirándolos sin buscar la moraleja primero. Sin necesitar que la experiencia tenga un arco narrativo limpio para poder aprender algo de ella. Aceptar que algunos fracasos son complicados, que tienen capas, que revelan cosas que no son cómodas y que siguen siendo útiles precisamente por eso.

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