Deberes con tu hijo TDAH cuando tú también lo tienes
Hacer los deberes con tu hijo TDAH siendo tú también TDAH es caos al cuadrado. No es que no quieras ayudarle. Es que tu cerebro tampoco puede.
Son las cinco de la tarde.
Tu hijo lleva el cuaderno de mates abierto desde las cuatro y media. Tú llevas igual desde que llegaste de trabajar, sentada a su lado, mirando los números como si estuvieran escritos en un idioma que reconoces pero que ya no hablas.
Ninguno de los dos habéis resuelto ni un ejercicio.
Él se ha levantado cuatro veces a buscar el sacapuntas, aunque el lápiz no necesitaba sacarse. Tú has mirado el móvil dos veces, has pensado en lo que tienes que hacer mañana, y has perdido el hilo de la explicación justo cuando él más te necesitaba.
Si esto te suena conocido, bienvenida al caos al cuadrado: madre con TDAH intentando ayudar a hijo con TDAH con los deberes.
¿Por qué es tan difícil hacer los deberes cuando los dos tenéis TDAH?
Porque los deberes son exactamente el tipo de tarea que más cuesta a un cerebro con TDAH: repetitiva, sin recompensa inmediata, que requiere atención sostenida en algo que no te interesa. Y cuando eso lo multiplicas por dos, el ambiente de la mesa no es de estudio. Es un campo magnético de distracciones mutuas.
Tu hijo se distrae. Tú te distraes viendo que él se distrae. Él se frustra porque no entiende. Tú te frustras porque no encuentras la manera de explicárselo. Tu regulación emocional ya está al límite después de una jornada laboral. La suya lleva toda la mañana acumulando tensión escolar.
O sea, que estáis los dos en el peor momento del día intentando hacer la tarea más difícil para vuestros cerebros.
Es como pedirle a dos personas con vértigo que se ayuden mutuamente a cruzar un puente colgante.
La culpa aquí también aparece en bucle: "soy su madre, debería poder ayudarle". Pero la realidad es que no se trata de querer. Se trata de que tu cerebro tiene los mismos puntos ciegos que el suyo, y a las cinco de la tarde con la dopamina por los suelos, esos puntos ciegos son cañones.
Lo que sí funciona (y lo que no)
Lo que no funciona: sentarse juntos sin estructura, esperar que la concentración aparezca sola, intentar explicar algo cuando ninguno de los dos está regulado.
Lo que funciona mejor, al menos en parte:
Cambiar el momento. Si podéis, los deberes en un hueco donde alguno de los dos tenga más recursos. Para algunas familias eso es justo al llegar del cole, antes de que la tarde se desmorone. Para otras es después de merendar. No existe el momento perfecto, pero hay momentos que cuestan menos.
Usar timers. El Pomodoro adaptado a niños: 15 minutos de trabajo, 5 de descanso real. El timer externaliza la autoridad. Ya no eres tú la que dice "venga, que llevamos media hora". Es el reloj. Reduce la fricción entre los dos.
Separar los roles. Tú no tienes que saber la respuesta. Tu trabajo es estar presente y sostener el espacio. "Yo tampoco lo sé a la primera, vamos a buscarlo juntos" es más honesto y más útil que pretender que lo tienes todo claro.
Y si además tienes identificado que tu hijo también tiene TDAH, explicarle cómo funciona tu cerebro cambia algo en la dinámica. Deja de ser "por qué mamá no me puede ayudar" y se convierte en "los dos tenemos el mismo desafío".
No es magia. Pero ayuda.
Lo que de verdad ayuda a largo plazo es hablar con el colegio. Que sepan que hay TDAH en casa, que los deberes tienen un techo. Que no toda la responsabilidad del aprendizaje puede caer sobre una madre que también está gestionando su propio sistema nervioso después de una jornada entera.
Pedir ayuda no es rendirse. Es ser honesta sobre lo que puedes dar y lo que no.
Si sospechas que el TDAH también está en ti y quieres un primer punto de referencia, el test que construí tiene 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No diagnostica, pero orienta.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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