El CRM que no usas te está costando más que el que sí usarías

Tienes un CRM. Lleva meses abierto en una pestaña que no tocas. Esto es lo que te está costando ese software vacío.

Hay una pestaña en tu navegador que lleva meses abierta.

No la cierras porque te da la sensación de que cerrarla es rendirte. Que si la cierras, algo muere. Ese CRM que te vendiste a ti mismo como la solución a todos tus problemas de seguimiento de clientes, de pipeline, de no perder oportunidades. El software que iba a poner orden en el caos.

Lo configuraste. Le pusiste las columnas. Quizá hasta metiste tres contactos.

Y después no volviste.

¿Por qué el CRM perfecto para otros no funciona contigo?

Porque los CRMs están diseñados para un cerebro que disfruta actualizando registros. Un cerebro que encuentra satisfacción en meter datos, en cambiar el estado de un deal de "prospecto" a "llamada hecha" a "propuesta enviada". Un cerebro que al final del día tiene ganas de hacer limpieza administrativa.

Ese no eres tú.

Tú terminas una llamada con un cliente y tienes tres ideas nuevas en la cabeza, una urgencia que acaba de entrar por email y el hambre que llevas ignorando dos horas. Abrir el CRM para registrar la llamada es lo último que le vas a pedir a tu cerebro en ese momento.

No es holgazanería. Es que el foco es un músculo que ya está agotado y el CRM pide un tipo de atención que no tienes disponible cuando más lo necesitas.

El resultado es un sistema vacío que te cobra cada mes por recordarte que eres un desastre.

¿Qué pasa cuando pierdes un cliente por no hacer el seguimiento?

Pasa. Y lo sabes.

Hay un nombre en tu cabeza ahora mismo. Alguien que se interesó, con quien tuviste una conversación buena, que te dijo "me lo pienso y te digo". Y tú le dijiste que sí, que perfecto, que estarás por ahí.

Y no volviste a escribirle.

No porque no quisieras. Sino porque tu cerebro guardó esa información en algún lugar de acceso aleatorio y cuando volviste a pensar en esa persona ya habían pasado tres semanas y te pareció raro retomar. Demasiado tiempo. Mejor no molestar.

Eso no es perder una venta por mala suerte. Es perder una venta por tener un sistema de seguimiento que existe solo en teoría. Como explica bien el problema de negociar sin sistema, el seguimiento no es opcional cuando tu cerebro no tiene memoria de trabajo fiable.

El CRM no era el problema. Eras tú sin sistema de ningún tipo.

¿Cuánto dinero te ha costado ya ese software que no abres?

Haz el cálculo ahora mismo. No después, ahora.

12 meses. Lo que pagas al mes. Multiplica.

Ahora añade lo que te ha costado no hacer seguimiento. Una venta perdida. Dos. Un cliente que se fue porque tardaste demasiado en responder. Otro que contrató a alguien más porque ese alguien le mandó un email a tiempo.

El CRM vacío no es solo un gasto. Es el símbolo de un problema más grande: que tienes herramientas que no usas porque nadie te enseñó a elegir herramientas para tu cerebro. Te vendieron el CRM que usa todo el mundo. No el que funciona para el tuyo.

¿Cuál es el sistema mínimo que sí puedes mantener?

El que puedes hacer en el mismo momento en que termina la conversación.

Puede ser un campo de notas en el móvil. Puede ser una nota de voz. Puede ser un mensaje de WhatsApp que te mandas a ti mismo con el nombre, lo que dijo y cuándo volver a contactar.

Feo, sí. No escalable, probablemente. Pero funcionando.

Porque el sistema que usas, por malo que sea, siempre gana al sistema perfecto que no abres. Y cuando tengas ese sistema mínimo funcionando, cuando el seguimiento sea un hábito real, entonces quizá tenga sentido mirar qué CRM se adapta a cómo trabajas. No al revés.

Empieza por donde puedes. No por donde deberías.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo