Compro cosas que ya tengo porque no recuerdo que las tenía
Tres tijeras, cinco cargadores, pilas de sobra. Si abres un cajón y encuentras cosas que compraste dos veces, esto te interesa.
Tengo tres tijeras en casa. Tres.
No porque me gusten las tijeras. No porque coleccione tijeras. Las tengo porque cada vez que necesitaba unas tijeras, no las encontraba, así que iba a la tienda y compraba unas nuevas. Y ahora tengo tres.
También tengo cinco cargadores de iPhone. Dos abridores de latas. Cuatro rollos de celo. Y dos cajas de tiritas idénticas que compré con tres días de diferencia porque no me acordaba de que ya había comprado la primera.
Mi casa es un almacén de cosas duplicadas que existen porque mi memoria decidió que no valía la pena recordar que ya las tenía.
¿Te ha pasado alguna vez abrir un cajón y encontrar justo lo que acabas de comprar?
A mí me pasó con un destornillador. En serio. Necesitaba montar una estantería. Busqué el destornillador por toda la casa. Nada. Me fui a la ferretería, me compré uno nuevo. Volví a casa, abrí el cajón de la cocina para guardar el nuevo y ahí estaba el antiguo. Mirandome. Como diciendo "tío, llevo aquí seis meses".
Y lo gracioso es que esto no me pasa con cosas caras. Las cosas caras las recuerdo. Es con las cosas pequeñas. Las pilas. El pegamento. El hilo dental. Las bolsas de basura. Cosas que cuestan dos euros y que tu cerebro clasifica como "no importante, no merece espacio en la memoria".
El problema es que cuando lo haces con suficiente frecuencia, acabas gastando un dinero absurdo en duplicados que no necesitabas. Hice cálculos una vez. No te voy a engañar, los cálculos duraron unos tres minutos porque me aburrí. Pero en esos tres minutos ya llevaba 40 euros en cosas que había comprado dos veces en un solo mes.
¿Por qué tu cerebro no registra lo que ya tienes?
A ver, esto tiene una explicación bastante sencilla. Tu memoria funciona en capas. Está la memoria a largo plazo, que se acuerda de que Madrid es la capital de España. Y está la memoria de trabajo, que se acuerda de que compraste pilas el martes.
Lo que pasa es que la memoria de trabajo tiene una capacidad limitada. Imagínate una mesa pequeña donde solo caben tres cosas. Cada vez que llega una información nueva, algo se cae de la mesa. Y las pilas que compraste el martes se cayeron de la mesa el miércoles. Para el jueves, ya no existen.
Esto le pasa a todo el mundo de vez en cuando. Pero hay cerebros que tienen la mesa más pequeña que la media. Cerebros donde las cosas se caen más rápido, con más frecuencia, y sin previo aviso. Y esos cerebros acaban comprando tres tijeras.
No es que no te importe. No es que seas un despilfarrador. Es que tu cerebro procesa la información de forma diferente. Y el resultado es un cajón lleno de cosas que no recuerdas haber comprado.
¿Esto solo me pasa a mí o es más común de lo que parece?
Es más común de lo que parece.
Tengo un amigo - lo voy a llamar Carlos porque se llama Carlos - que tiene cuatro paraguas en su casa. No porque llueva mucho donde vive. Sino porque cada vez que llueve, se da cuenta de que no tiene paraguas, compra uno, y al llegar a casa descubre el anterior detrás de la puerta. Lleva así tres años.
Carlos no se considera una persona olvidadiza. "Solo se me olvidan tonterías", dice. Pero esas tonterías se acumulan. Y cuando te paras a pensar en cuántas veces has comprado algo que ya tenías, el número asusta un poco.
La diferencia está en la frecuencia. Si te pasa una vez al año, es un despiste normal. Si te pasa una vez a la semana, ya es un patrón. Y los patrones no son despistes. Los patrones son señales de que algo funciona diferente en cómo tu cerebro gestiona la información inmediata.
El truco de la foto (y por qué funciona)
No te voy a engañar, no tengo una solución mágica. Si la tuviera no tendría tres tijeras.
Pero he empezado a hacer algo que ha reducido bastante el problema. Cuando compro algo de ese tipo - pilas, celo, cargadores, esas cosas - le hago una foto y la meto en una carpeta del móvil que se llama "Ya tengo".
Suena ridículo. Es ridículo. Pero cuando estoy en la tienda pensando "¿tengo celo en casa?", miro la carpeta y ahí está la respuesta. No dependo de mi memoria. Dependo de la cámara del móvil. Y la cámara del móvil no se le olvidan las cosas.
¿Funciona siempre? Pues no. A veces se me olvida hacer la foto. A veces se me olvida mirar la carpeta. Es lo que tiene tener la memoria de un pez con wifi malo. Pero funciona más veces que confiar en mi cabeza, que a estas alturas ha demostrado sobradamente que no es de fiar para este tipo de cosas.
Lo otro que funciona, y esto es más aburrido pero más efectivo: tener un sitio fijo para las cosas que compras con frecuencia. Un cajón concreto para las pilas. Un sitio concreto para el celo. No "donde me parezca bien en ese momento" sino un sitio fijo, inamovible, no negociable.
Si tu cerebro no recuerda que compraste pilas, al menos que recuerde dónde están las pilas. Es bajar la exigencia cognitiva al mínimo posible.
La culpa de abrir el cajón y ver tres cosas iguales
Hay un momento muy concreto que sé que conoces. Abres un cajón. Ves tres rollos de celo. Y sientes una mezcla de frustración y vergüenza que es difícil de explicar.
Frustración porque otra vez. Otra vez has comprado algo que ya tenías. Otra vez tu cerebro te ha fallado en algo tan simple como recordar que ya tenías celo.
Y vergüenza porque piensas "esto no le pasa a la gente normal". La gente normal sabe lo que tiene en sus cajones. La gente normal no compra duplicados cada semana. La gente normal no tiene un almacén de cosas repetidas en su propia casa.
Pero aquí va la verdad: te pasa más gente de la que crees. Y no es por ser despistado. Es por tener un cerebro que gestiona la información de una forma que no coopera con la vida práctica.
¿Y si esto es algo más que despistes?
Mira, comprar cosas duplicadas una vez es gracioso. Comprarlo tres veces es un patrón. Y un patrón crónico de "mi memoria no retiene información básica del día a día" puede tener una explicación que no es "soy despistado".
Hay condiciones - y no voy a jugar a ser médico porque no lo soy - donde la memoria de trabajo funciona por debajo de lo esperable. Donde el cerebro filtra mal qué información guardar y qué descartar. Y donde cosas como "compré pilas el martes" se descartan con la misma facilidad que el nombre de un extra en una película.
Si esto te pasa mucho, no con todo sino con este tipo de información práctica del día a día, merece la pena hablar con un profesional. No para que te dé una etiqueta. Para que te explique por qué tu cerebro funciona así y qué puedes hacer para dejar de perder cosas como ritual diario.
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