Cobrar en dólares cuando vives en euros

El arbitraje de divisas suena bien en teoría. En la práctica hay fricción, impuestos y una sensación extraña de vivir en dos economías a la vez.

Todo el mundo te dice que cobres en dólares.

Los gurús de Twitter, los podcasts de nómadas digitales, los hilos de LinkedIn sobre libertad geográfica. Cobra en dólares. Aprovecha el cambio. Vive en España con ingresos americanos. Como si fuera un truco que solo los listos conocen y que el resto ignora por ignorancia.

Lo he hecho. Y funciona. Pero no como te lo pintan.

¿Qué significa realmente cobrar en dólares desde España?

Significa que tienes clientes en otro país, que facturan en otra moneda, y que tú tienes que gestionar la conversion, los impuestos y la logística de recibir dinero internacional de forma legal y sin que te cueste el 8% en comisiones de por medio.

Wise, Payoneer, Stripe, transferencias internacionales con comisión de tu banco. Cada opción tiene su coste, su tiempo y su propio nivel de complicación burocrática. Y cuando empiezas a sumarlos, el arbitraje cambiario se reduce bastante.

Luego está hacienda. Que no sabe de dólares. Hacienda sabe de euros. Y tú tienes que convertir, declarar y pagar IVA o no pagarlo dependiendo de si el cliente es empresa, de si tiene número fiscal europeo y de si la luna está en cuarto creciente. Simplificando, claro.

Con TDAH esta fricción administrativa tiene un coste real. No es solo tiempo. Es energía. Energía que no tienes para dedicar a producir. Y cuando calculas el coste real del arbitraje, incluyendo las horas que le dedicas a gestionar la logística, el margen se adelgaza más.

¿Vale la pena entonces?

Sí. Con condiciones.

Vale la pena cuando el volumen es suficiente para que el arbitraje compense la fricción. Un cliente americano que te paga 500 dólares al mes no cambia tu vida. Una cartera de cinco clientes americanos que te pagan 2000 dólares cada uno, con sistemas que lo gestionan casi solos, ya es otra conversación.

Y vale la pena cuando el acceso al mercado americano te abre oportunidades que el mercado español no tiene. No solo por el tipo de cambio, sino por el tipo de cliente, el tipo de proyecto, el tipo de escala que se puede alcanzar.

Facturar más no siempre es ganar más

¿Cuál es la parte que nadie te cuenta?

La parte emocional.

Vivir en dos economías a la vez es raro. Tienes el precio del café en tu cabeza en euros y el precio de tu trabajo en dólares. Y a veces hay un desajuste cognitivo extraño entre lo que ganas y lo que sientes que ganas.

Hay meses en los que el dólar cae y tú, sin haber hecho nada diferente, ganas un 8% menos. Hay meses en los que sube y ganas más sin haber trabajado más. Esa inestabilidad, multiplicada por el TDAH y por la ya de por sí irregular facturación del emprendedor, crea una ansiedad financiera muy particular.

No la ansiedad de no tener dinero. La ansiedad de no saber exactamente cuánto tienes hasta que haces la conversión. Y con TDAH, "hacer la conversión" puede quedarse en el cajón de las cosas pendientes durante semanas.

La ansiedad financiera del emprendedor

Solo entra con los ojos abiertos.

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