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Lo que los diarios de Kurt Cobain nos enseñan sobre escribir con TDAH

Los diarios de Cobain son caos puro: letras, dibujos, listas y desahogos mezclados sin orden. Para un cerebro disperso, eso tiene todo el sentido.

tdahfamosos

En 2002, un año después de mucho debate legal, se publicaron los diarios de Kurt Cobain. Más de 200 páginas de cuadernos escritos a mano. La gente esperaba encontrar las memorias de un genio del rock. Lo que encontró fue otra cosa.

Letras de canciones a medio escribir al lado de listas de la compra. Dibujos de anatomía alienígena junto a cartas nunca enviadas. Ideas para álbumes que nunca existieron, mezcladas con insultos a la industria musical, mezclados con garabatos que no significan nada o lo significan todo. Páginas que empiezan hablando de una cosa y terminan en otra completamente distinta, sin transición, sin lógica aparente, sin pedir disculpas.

Cuando se publicaron, la crítica los trató como el documento de una mente atormentada. El artista maldito y su caos interior, esa narrativa tan rentable.

Pero si tienes un cerebro que no para, al abrir esos diarios no ves tormento. Ves un cuaderno que funciona exactamente como funciona tu cabeza.

¿Qué revelan los diarios de Cobain sobre un cerebro que no para?

Ya hablamos de la relación entre Cobain, su diagnóstico de TDAH en la infancia y su creatividad. Pero los diarios merecen su propio análisis porque son el documento más puro que existe de cómo funcionaba su cabeza por dentro.

Lo primero que llama la atención es que no hay estructura. Ninguna. No hay fechas consistentes. No hay secciones. No hay "aquí escribo letras y aquí escribo pensamientos personales". Todo está mezclado porque en su cabeza todo estaba mezclado.

Una página tiene el borrador de una canción. La siguiente tiene una lista de bandas que odiaba. La siguiente tiene un dibujo de un feto con alas. La siguiente tiene una carta a una discográfica que nunca envió. Y la siguiente vuelve a tener letras, pero de otra canción distinta, a medio terminar.

Para alguien que piensa en línea recta, eso parece desorden. Para alguien con TDAH, eso parece martes.

El cuaderno como extensión del cerebro

Hay algo que los diarios de Cobain demuestran mejor que cualquier estudio científico: la necesidad de sacar las cosas de la cabeza para que no te exploten dentro.

Cobain no escribía para publicar. Escribía para vaciar. Para que el ruido interno tuviera un sitio donde ir que no fuera dar vueltas en bucle dentro de su cráneo.

Y esa es una de las estrategias de regulación más potentes que existen para un cerebro con TDAH. No porque lo diga yo. Porque lo dice la experiencia de miles de personas que han descubierto que escribir sin filtro, sin estructura y sin destino es una de las pocas cosas que calma el ruido.

Neruda tenía algo parecido

La diferencia es que nadie le enseñó a Cobain que eso que hacía tenía un nombre y una función. Él simplemente cogía un cuaderno y volcaba todo lo que tenía en la cabeza. Sin orden. Sin objetivo. Sin preguntarse si tenía sentido. Y eso, sin saberlo, era lo más sano que podía hacer.

Listas interminables: el cerebro que intenta organizarse

Hay un detalle en los diarios que me parece revelador: las listas.

Cobain hacía listas de todo. Listas de canciones favoritas. Listas de bandas que quería producir. Listas de equipamiento que necesitaba. Listas de cosas que odiaba de la industria. Listas de ideas para videoclips. Listas de listas.

Si tienes TDAH, sabes exactamente qué es eso. Es el cerebro intentando crear orden externo cuando el orden interno no existe. Es la versión analógica de abrir quince pestañas en el navegador e intentar organizar tu vida en una app de notas que abandonarás en tres días.

Las listas no funcionan como organización real. No las completaba. No las seguía. Muchas ni siquiera tenían sentido como plan de acción. Pero cumplían otra función: le daban a su cerebro la ilusión de control durante el rato que duraba escribirlas. Y a veces, eso es suficiente para bajar la ansiedad un par de grados y poder seguir adelante.

Es lo mismo que hacen muchos músicos con TDAH. Crean sistemas que desde fuera parecen caóticos pero que por dentro cumplen una función reguladora. No importa que la lista no sirva para nada práctico. Importa que el acto de escribirla te da cinco minutos de calma.

Ideas fragmentadas: el borrador permanente

Las letras de canciones en los diarios son fascinantes. No porque sean brillantes en bruto, que algunas lo son, sino por cómo están escritas.

Frases sueltas. Versos que empiezan y no terminan. Palabras tachadas y reescritas encima. Ideas que aparecen en una página y reaparecen, transformadas, cuarenta páginas después. Nada está terminado. Todo está en proceso permanente.

Eso es exactamente cómo funciona la creatividad en un cerebro con TDAH. No tienes una idea, la desarrollas de principio a fin y la cierras. Tienes diecisiete fragmentos de ideas que flotan en tu cabeza en paralelo, y de vez en cuando dos de ellos chocan y sale algo que funciona.

Smells Like Teen Spirit no salió de una sesión ordenada de composición. Salió de fragmentos. De trozos. De cosas que llevaban tiempo dando vueltas y que un día encajaron. Y los diarios son el documento de ese proceso: el taller desordenado donde se forjaban las piezas antes de que encajaran.

¿Qué puedes aprender de los diarios de Cobain?

No te estoy diciendo que compres un cuaderno y te conviertas en el próximo genio del grunge. Te estoy diciendo algo más simple y más útil: escribir sin estructura es una herramienta de regulación que funciona.

Si tu cerebro no para, dale un sitio donde vaciarse. Un cuaderno. Un documento en blanco. Una nota en el móvil. Da igual el soporte. Lo que importa es que no haya reglas. Sin estructura. Sin gramática. Sin la presión de que tiene que servir para algo. Solo tú y lo que tienes dentro, volcado en algún sitio que no sea tu cabeza.

No tiene que ser bonito. No tiene que tener sentido. No tiene que ser publicable. Los diarios de Cobain no eran bonitos ni tenían sentido ni estaban pensados para publicarse. Eran el vertedero de un cerebro que necesitaba soltar lastre para poder seguir funcionando.

Y funcionó. No perfectamente. No para siempre. Pero funcionó lo suficiente como para que de ese caos salieran algunas de las canciones más influyentes del siglo XX.

Tu caos también puede producir algo. Pero primero tienes que dejar de intentar ordenarlo y empezar a dejarlo salir.

Coge un cuaderno. Escribe lo primero que se te pase por la cabeza. Dibuja si te apetece. Haz listas absurdas. Mezcla ideas con quejas con garabatos. No releas lo que escribes. No lo juzgues. Solo sácalo.

Es lo más sencillo del mundo. Y para un cerebro que no se calla nunca, puede ser lo más útil que hagas en todo el día.

Si te has sentido identificado con esto, si tu cerebro parece un cuaderno de Cobain por dentro, mezcla de ideas brillantes y caos absoluto, quizá sea buen momento para entender por qué funciona así.

Hacer el test de TDAH

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