Carta a mi yo impaciente: lo que Rodman me enseñó sobre no caber en ningún sitio

Una carta al yo más joven que se sentía demasiado para unos y demasiado poco para otros. Dennis Rodman como espejo: el tío que no cabía en ningún sitio y.

Tenía catorce años y ya sabía que algo no encajaba.

No en el instituto. No en casa. No en ningún sitio, exactamente. Como uno de esos muebles de Ikea que te salen con una pieza de más y no sabes si es un error tuyo o del diseñador.

Escribo esto para ti, que eras yo. Y para todos los que ahora mismo tienen esa sensación rara de que o son demasiado o son demasiado poco. De que el volumen está siempre mal calibrado. De que hay una versión de ellos que encajaría perfectamente en algún sitio, pero ese sitio no existe o no lo han encontrado todavía.

Cuando descubrí a Dennis Rodman entendí algo que ni el psicólogo, ni los libros de autoayuda, ni las conversaciones de WhatsApp a las dos de la mañana me habían podido explicar.

¿Qué haces cuando eres demasiado para todos los sitios?

Dennis Rodman era demasiado para los Detroit Pistons. Demasiado raro. Demasiado errático. Demasiado imprevisible. Lo ficharon de todas formas porque reboteaba como una máquina de guerra y defendía como si le fuera la vida.

Luego fue demasiado para los San Antonio Spurs. Se escondía tres días seguidos. Aparecía en Las Vegas a mitad de temporada. Llegaba tarde a los entrenamientos o no llegaba. El equipo no podía gestionar el caos que traía consigo. Le dejaron ir.

Después llegó a los Chicago Bulls. Michael Jordan, que no aguantaba tonterías de nadie, apostó por él. Phil Jackson, que era más monje budista que entrenador, apostó por él. Y Rodman fue tres veces campeón de la NBA con ellos.

No porque se hubiera calmado. No porque hubiera aprendido a encajar. Sino porque encontró un sistema que sabía qué hacer con alguien como él.

Eso me lo quedé guardado durante años sin saber muy bien dónde ponerlo.

El problema de sentirte demasiado

Yo era demasiado intenso. Cuando algo me interesaba, lo hacía de manera que los demás encontraban agotadora. Hablaba sin parar durante veinte minutos sobre un videojuego o un problema de código y podía ver en los ojos de la gente el momento exacto en que dejaban de escuchar.

Era demasiado rápido cuando me pillaba motivado. Y demasiado lento para todo lo demás. Demasiado caótico. Demasiado difícil de seguir.

Y luego, en los mismos días, era demasiado poco. Demasiado desorganizado para acabar lo que empezaba. Demasiado despistado para recordar cosas que cualquier persona normal recordaba sin esfuerzo. Demasiado inconsistente para que la gente pudiera contar conmigo de la manera en que contaban con otros.

Demasiado y demasiado poco. A veces en la misma tarde.

Si tienes TDAH sabes exactamente de qué hablo. Es esa sensación de que estás en el canal equivocado. Que hay una frecuencia donde todo tiene sentido pero tú nunca das con el dial.

Lo que no sabía entonces es que esa no es una disfunción. Es una característica de un tipo de cerebro que no fue diseñado para caber cómodamente en todos los sitios. Fue diseñado para arrasarlo todo en el sitio correcto.

Rodman en los Spurs: inútil.

Rodman en los Bulls: insustituible.

El mismo tío. El mismo caos. Contexto diferente.

Lo que Rodman hacía cuando nadie le entendía

Hay una cosa en la historia de Rodman que la gente olvida. Antes de ser famoso, antes de los tatuajes y el pelo de colores y las fiestas de tres días, era un chico de veinte años que dormía en el aparcamiento de un centro comercial porque no tenía a dónde ir.

No exagero. Se quedó sin dinero, sin trabajo, sin dirección. Dormía en coches. Deambulaba. Era invisible.

Y en ese momento, en lugar de intentar encajar en algún molde que no era el suyo, siguió siendo completamente él. Empezó a jugar al baloncesto por primera vez en serio y resulta que era extraordinariamente bueno en las partes del juego que nadie quería hacer. Rebotar. Defender. Las partes sucias y poco glamurosas que los demás evitaban.

No tenía el talento de Jordan. No tenía el físico de Shaq. Tenía algo más raro: una concentración absurda en las cosas concretas donde podía ser mejor que nadie, y un descuido total por todo lo demás.

Eso es TDAH puro, por cierto. La hiperfocalización salvaje en lo que engancha, y el olvido casi clínico de todo lo que no.

Si lees el perfil completo de Rodman y el TDAH, ves que el patrón es clarísimo. Pero en ese momento nadie usaba ese vocabulario. Era simplemente "el raro de Rodman".

La carta que me hubiera cambiado la vida

Oye.

Sé que ahora mismo te sientes fuera de lugar. Lo estás. Pero no porque estés roto. Sino porque todavía no has encontrado el sistema que sabe qué hacer contigo.

Cuando seas demasiado intenso, no te disculpes. Afina. Busca los sitios y las personas donde esa intensidad sea un activo, no un problema. Existen. No son fáciles de encontrar, pero existen.

Cuando seas demasiado caótico, no te fustigues. Construye estructura. No la estructura que te piden los demás. La tuya. La que funciona para tu cerebro aunque parezca rara desde fuera.

Cuando te sientas demasiado poco, no te compares con gente que funciona diferente. Compárate con quien eras ayer. Es un metro más útil y mucho menos frustrante.

Y cuando alguien te diga que eres difícil, escucha si te lo dice con cariño o con crítica. Los que te lo dicen con cariño te están dando información. Los que te lo dicen con crítica probablemente nunca entendieron qué eras, y eso no es tu problema.

Rodman era difícil. Phil Jackson lo sabía. Lo fichó igual.

Hay Phil Jacksons en el mundo para cerebros como el tuyo. La misión es encontrarlos, no transformarte en algo que encaje con todo el mundo porque con todo el mundo es imposible.

Lo que de verdad aprendí de Rodman

No aprendí a ser más disciplinado. No aprendí a llegar a tiempo a los sitios. No aprendí a recordar dónde puse las llaves.

Aprendí que hay dos formas de responder a no encajar en ningún sitio.

La primera es intentar achicarte hasta caber. Bajar el volumen. Contenerte. Fingir que eres más predecible, más lineal, más fácil de gestionar. Gastar energía infinita en parecer alguien que no eres para que nadie se sienta incómodo.

La segunda es encontrar el sitio donde lo que eres es exactamente lo que hace falta.

Rodman eligió la segunda. No de forma consciente y heroica. Simplemente no era capaz de hacer la primera. Intentarlo le costaba demasiado.

Yo también elegí la segunda. Aunque tardé años en entender que era una elección y no un fracaso.

Churchill hizo lo mismo, por cierto. Si te interesa cómo gestionaba su cerebro caótico en situaciones de presión extrema, el artículo sobre Churchill y el TDAH tiene detalles que flipas. Y Da Vinci también, aunque él lo canalizó en otra dirección, más creativa y menos destructiva que Rodman. El perfil de Da Vinci es de los que te hacen pensar.

Hay un patrón en todos ellos. No encajaban. No intentaron encajar. Construyeron el sitio donde su forma de funcionar era una ventaja.

Eso no significa que todo sea fácil. No lo es. Significa que el problema no eres tú. Significa que la energía que gastas en intentar encajar podría ir a otra parte.

Una última cosa

Te lo digo como si supiera cómo acaba la historia. No lo sé. Cada día sigo siendo demasiado intenso para algunas cosas y demasiado lento para otras.

Pero ya no me pido disculpas por ello.

Eso, de momento, es suficiente.

Los rasgos que mencionamos aquí son públicos y documentados, pero no constituyen diagnóstico. El TDAH se evalúa en consulta, no en un artículo.

¿Te identificas con esa sensación de estar siempre en la frecuencia equivocada? Puede que haya una explicación más concreta de lo que crees. Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo