Cammi Granato: la primera mujer en el Hockey Hall of Fame tenía TDAH
Cammi Granato fue diagnosticada con TDAH a los 35. Antes de eso, ya había ganado un oro olímpico y roto todos los récords del hockey femenino en EE.UU.
La primera mujer en entrar al Hockey Hall of Fame fue diagnosticada con TDAH. Capitana del Team USA, oro olímpico en Nagano 98, máxima goleadora de la historia del hockey femenino estadounidense. Y todo empezó porque una niña que no podía estarse quieta encontró el hielo.
Su familia la llamaba "el Pequeño Tornado".
Y durante treinta y cinco años, nadie pensó que ese tornado tuviera nombre clínico.
De "el Pequeño Tornado" a la pista de hielo
Cammi Granato creció en Downers Grove, Illinois, con cuatro hermanos y una hermana. Seis críos en una casa. Su padre era distribuidor de cerveza y jugador amateur de hockey. Su madre le puso patines de figura, pensando que eso sería lo suyo.
Cammi no duró ni medio minuto con los patines de figura.
Todo lo que hacían sus hermanos, ella quería hacerlo. Y sus hermanos jugaban a hockey en el jardín trasero. Así que con cinco años ya estaba en un equipo de chicos, los Downers Grove Huskies. La más pequeña. La única chica. Y probablemente la que más ganas le ponía.
En una familia de seis hermanos, su hiperactividad se camuflaba. Un crío que no para, que salta de una cosa a otra, que tiene la energía de un reactor nuclear, en una casa con otros cinco críos haciendo el mismo ruido, no destaca. Parece normal. Parece simplemente "la hermana movida".
Nadie le dijo "tienes TDAH" porque nadie lo vio. Ni sus padres. Ni sus profesores. Ni ella misma.
¿Qué tiene que ver el TDAH con dominar un deporte?
Mucho más de lo que parece.
Cammi Granato no solo jugó a hockey. Rompió todos los récords. 186 goles en 205 partidos con la selección estadounidense. Máxima goleadora de la historia del programa. Capitana del equipo que ganó el oro en los Juegos Olímpicos de Nagano en 1998 y la plata en Salt Lake City en 2002.
Y lo hizo con un cerebro que nadie entendía, incluida ella misma.
Porque eso es lo que pasa con el TDAH en el deporte. El hielo, la velocidad, el contacto, la necesidad de reaccionar en décimas de segundo. Para un cerebro con TDAH, eso no es caos. Es hogar. Es el único lugar donde la velocidad de tu cabeza coincide con la velocidad de lo que pasa alrededor.
Fuera del hielo, tu cerebro va a mil y el mundo va a sesenta. Dentro, todo encaja. El estímulo es constante. La adrenalina, permanente. La necesidad de tomar decisiones instantáneas alimenta exactamente el tipo de cerebro que se muere de aburrimiento rellenando formularios.
Es un patrón que se repite en deportistas de élite con TDAH. No llegan a pesar de su cerebro. Llegan porque su cerebro funciona de una forma que encaja como un guante en la alta competición.
El diagnóstico a los 35 que lo cambió todo
En 2003, Cammi Granato tenía 35 años. Ya era leyenda. Ya tenía su oro olímpico. Ya era la mejor jugadora de la historia de su deporte en su país.
Y su vida fuera del hielo era un desastre.
Sus propias palabras: "Mi vida empezó a descontrolarse. Los mensajes de voz y los emails se acumulaban, no podía responder a todos. Mis facturas no se pagaban. Mi casa era un caos".
Suena familiar, ¿verdad?
Escuchó a un psicólogo deportivo hablar sobre TDAH en una conferencia. Y algo hizo clic. Fue al médico. Le confirmaron el diagnóstico. Y de repente, treinta y cinco años de "¿por qué no puedo hacer cosas normales?" tuvieron una respuesta.
"Probablemente he tenido TDAH toda mi vida", dijo. Y luego añadió algo que a mí se me quedó grabado: "Ahora sabía la causa, y podía centrarme en las soluciones".
No dijo "ahora tengo una excusa". Dijo "ahora tengo un mapa". Que es exactamente la diferencia entre usar un diagnóstico para justificarte y usarlo para entenderte.
La trampa de pensar que eres vaga
Antes del diagnóstico, Cammi asumía que sus problemas eran culpa suya. Que era perezosa. Que no se esforzaba lo suficiente fuera del hielo. Que si podía ser la mejor del mundo en hockey, no había razón para no poder pagar las facturas a tiempo.
Esa lógica parece razonable hasta que entiendes cómo funciona el TDAH.
Puedes ser la persona más disciplinada del planeta en algo que activa tu cerebro. Y ser completamente incapaz de hacer una tarea administrativa que a cualquier otro le lleva diez minutos. No es falta de voluntad. Es que tu cerebro reparte la dopamina de una forma diferente. El hockey le daba toda la estimulación que necesitaba. Las facturas, ni un gramo.
Y no. No funciona así.
Lo que Cammi Granato dejó claro sin proponérselo
Que el TDAH no diagnosticado no te impide llegar lejos. Pero sí te hace sufrir innecesariamente por el camino.
Cammi ganó un oro olímpico sin saber que tenía TDAH. Fue la mejor de la historia sin entender por qué su vida fuera del deporte se caía a trozos. Imagina lo que habría cambiado si alguien le hubiera dicho con veinte años: "Oye, tu cerebro funciona diferente, y eso no es malo, pero necesitas herramientas distintas".
No habría sido peor jugadora. Habría sido una persona más tranquila.
Ella misma lo resumió mejor que nadie: "El TDAH viene con fortalezas y debilidades que me han hecho quien soy, y no lo cambiaría por nada".
Eso no es romantizar. Es aceptar. Es mirar tu cerebro de frente, con todo lo que trae, y decir: esto soy yo. Ahora, vamos a trabajar con lo que hay.
Si te interesa ver más historias como esta, hay una lista larga de deportistas olímpicos diagnosticados con TDAH que comparten ese mismo patrón: rendimiento de élite en la competición, caos en lo cotidiano, y un diagnóstico que llegó tarde pero cambió todo.
Si alguna vez has sentido que tu cabeza va más rápido que el mundo, que rindes a tope en lo que te estimula pero te estrellas con lo "fácil", puede que no sea pereza. Puede que sea tu cerebro pidiéndote que lo entiendas.
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