Monté una calculadora como lead magnet sin programar
Una calculadora simple capta mejor que un PDF. La monté en una tarde, sigue trayendo correos y esto es lo que aprendí montándola.
Todos hemos descargado el mismo PDF.
Ese de las diez claves para lo que sea. Lo pides, te llega al correo, lo abres, pasas tres páginas y lo cierras. Y nunca más. Está en la carpeta de descargas con otros cuarenta iguales.
Yo he regalado unos cuantos de esos. Funcionan, ojo, no voy a decir que no. Pero cuando probé a cambiar el PDF por una calculadora, la diferencia fue lo bastante grande como para dejar de hacer PDFs por defecto.
¿Qué capta más leads, un PDF o una herramienta?
La herramienta, y por dos motivos que no tienen nada que ver con el diseño.
El primero es que el PDF promete y la herramienta entrega. Cuando alguien descarga un documento, todavía tiene que leerlo para obtener algo. Cuando alguien usa una calculadora, se lleva su resultado en el mismo momento. El valor no está aplazado.
El segundo es más interesante: la herramienta te devuelve información. Un PDF descargado te dice que a esa persona le interesa un tema. Una calculadora te dice qué números ha metido, en qué situación está y qué le preocupa. Eso vale muchísimo más que un correo suelto en una lista.
Y hay un tercero, menor pero real: una calculadora se comparte. La gente manda el enlace a un compañero. Un PDF no se comparte casi nunca, porque compartirlo implica explicar de dónde salió.
Qué monté exactamente
Nada complicado, y quiero insistir en eso porque la gente se imagina algo enorme.
Cuatro preguntas, una fórmula por detrás, un resultado en pantalla con una frase que lo interpreta, y un campo de correo para recibir el detalle completo.
La clave está en la frase que interpreta el resultado. Un número solo no hace nada. "Tu resultado es 340" no significa nada para nadie. "Tu resultado es 340, que está por debajo de lo habitual en tu situación, y estas son las dos razones más frecuentes" sí que significa algo.
Esa frase es la que hace que la persona quiera el detalle. Y el detalle es lo que se paga con el correo.
Cómo la hice sin programar
La primera versión la monté con Softr (enlace de afiliado: así me ayudas a seguir creando contenido), conectada a una tabla donde caían las respuestas. Formulario, cálculo, pantalla de resultado. Un par de horas y estaba en pie.
La segunda versión, cuando ya sabía que funcionaba, la hice como una página independiente y la publiqué con Netlify en una dirección mía. Cambié por una razón concreta: quería que cargara instantáneamente y que se pudiera enlazar sin depender de nadie.
Ese orden lo repetiría. Primero lo montas rápido con lo que sea para saber si a alguien le interesa. Después, si funciona, lo haces bien. Al revés se pierden semanas construyendo algo pulido que a nadie le hacía falta.
La parte de publicarlo en tu propio dominio, que es la que más pereza da y menos tiempo lleva, está en publicar tu app en un dominio propio con Netlify.
Dónde pedir el correo
Aquí es donde se decide si la calculadora capta o solo entretiene.
Yo lo probé de las dos formas. Pidiendo el correo antes de enseñar el resultado, y enseñando el resultado primero y pidiendo el correo para el detalle.
Pedirlo antes capta más correos y peores. Entra gente que pone cualquier cosa con tal de ver el número, y luego ni abre.
Pedirlo después capta menos y mejores. La persona ya ha visto que la herramienta le sirve, y da su correo porque quiere el resto, no porque le hayas puesto una barrera.
Me quedé con la segunda. Y la razón no es moral, es práctica: una lista más pequeña de gente que abre vale más que una lista grande de gente que se sintió obligada.
Qué salió mal
Tres cosas.
La primera: mi primera versión tenía nueve preguntas. Nueve. La gente empezaba y se iba por la mitad. Bajé a cuatro y se completó muchísimo más. Cada pregunta que quitas es gente que llega al final.
La segunda: no guardé las respuestas al principio. Solo el correo. Estuve semanas recibiendo correos sin saber qué había contestado cada persona, que es tirar a la basura la mitad del valor. Se arregla en cinco minutos y hay que hacerlo desde el primer día.
La tercera: el móvil. La monté en el ordenador, la probé en el ordenador, y en el móvil los campos numéricos eran un desastre. Más de la mitad de la gente entra desde el móvil. Ahora pruebo ahí antes que en ninguna otra parte.
Qué hago con los correos que entran por ahí
Esto es la mitad del trabajo y casi nadie lo cuenta, porque no es la parte divertida.
Alguien que llega por una calculadora no es lo mismo que alguien que se apunta a una lista genérica. Llega con una pregunta concreta ya hecha y con un resultado en la cabeza. Si el primer correo que recibe no tiene nada que ver con eso, has desperdiciado el mejor momento.
Así que lo primero que recibe es el detalle de su resultado. Su número, qué significa, y qué haría yo en su situación. Nada de bienvenida genérica ni de presentarme.
Y lo segundo, unos días después, es lo que suele venir justo detrás de ese problema. Porque el resultado de la calculadora ya me ha dicho en qué punto está esa persona, y eso permite escribirle algo que le encaje de verdad.
Lo que no hago es meterlos en el mismo saco que a todos los demás. Es la forma más rápida de convertir una herramienta que funciona en una lista más.
¿Sirve esto para cualquier negocio?
Para cualquiera en el que haya un número que a tu cliente le quite el sueño.
Cuánto te cuesta algo. Cuánto podrías ahorrar. Cuánto tiempo pierdes en una tarea. Cuánto necesitas para llegar a un objetivo. Si en tu sector hay una cifra que la gente calcula a ojo y con angustia, ahí tienes tu calculadora.
Si no hay ningún número claro, entonces no fuerces la máquina. Un test corto que clasifica a la persona en un perfil funciona igual de bien y capta parecido. Lo que no funciona es un PDF disfrazado de herramienta: un documento con casillas para rellenar a mano no es una calculadora, es un formulario de deberes.
La prueba para saber si tienes material: piensa en la última conversación con un cliente y busca el momento en el que sacó cuentas en voz alta. Si ese momento existe, esa es tu calculadora y ya está medio escrita.
Y una cosa que aprendí y no esperaba: la calculadora sigue trayendo correos meses después sin que yo la toque. Un PDF que promocionas una semana muere esa semana. Una herramienta útil se queda enlazada en sitios, se comparte, y aparece en búsquedas. Trabaja sola.
Si quieres montar la tuya, el punto de partida está en crear apps sin programar, y el resto de piezas que uso para producir esto lo tengo en herramientas del creador con IA. Si no tienes claro qué partes de tu trabajo puedes soltarle a una IA y cuáles conviene seguir haciendo a mano, hice un test corto que te lo aclara.
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