Vendí online sin Shopify: qué monté y qué me costó
Un catálogo, un carrito y un pago funcionando. Sin cuota mensual y sin comisiones por venta. Lo que monté, lo que costó y lo que falló.
Un catálogo. Un carrito. Un pago que funciona.
Sin cuota mensual de plataforma y sin comisión por cada venta que hago.
Te cuento qué monté exactamente, cuánto tiempo me llevó, cuánto pago al mes de verdad y las dos cosas que se rompieron por el camino. Y también te digo cuándo esto es una mala idea, que también lo es.
¿Qué necesitaba realmente?
Esta es la pregunta que ahorra la mitad del trabajo y casi nadie se la hace.
Yo necesitaba cuatro cosas: una página por producto, un botón de comprar, un cobro con tarjeta y que al pagar el cliente reciba lo que ha comprado.
Y no necesitaba: inventario, variantes de talla y color, envíos, impuestos por país calculados en tiempo real, descuentos por volumen, programa de puntos, ni recuperación de carritos abandonados.
Las plataformas grandes te cobran todos los meses por las doce cosas de la segunda lista. Y si tú solo usas las cuatro de la primera, estás pagando un traje de once tallas más grande porque un día a lo mejor creces.
Si vendes productos físicos con stock real, existencias que se agotan y envíos a varios países, deja de leer y vete a una plataforma de las de siempre. En serio. Lo que voy a contar aquí es para el otro caso, que es más común de lo que parece: pocos productos, digitales o casi, y volumen moderado.
¿Se puede vender online sin pagar Shopify?
Sí, con una condición: que aceptes montar tú la parte que la plataforma te daba hecha.
Una tienda de las grandes no te vende un carrito. Te vende que alguien haya pensado por ti el flujo completo: catálogo, ficha, carrito, pago, confirmación, entrega, factura, devolución. Cuando te sales de ahí, esas piezas siguen haciendo falta. Solo que las eliges tú.
La buena noticia es que hoy cada una de esas piezas existe suelta, es barata o gratis, y se conectan en una tarde. La mala noticia es que la tarde la pones tú y el mantenimiento también.
Mi montaje quedó en tres piezas.
Las tres piezas
La primera: la página. El catálogo y las fichas los monté con Softr (enlace de afiliado: así me ayudas a seguir creando contenido). Es una herramienta que coge datos de una base de datos y te los pinta como una web decente sin que tú toques diseño. Le das la tabla de productos y te saca el listado, la ficha individual y el buscador.
Lo bueno de esto es que actualizar el catálogo es escribir en una tabla. Cambias un precio en una celda y está cambiado en la web. Nada de entrar a un panel de administración con veinte pestañas.
La segunda: el alojamiento de la parte estática. Lo que no necesita ser dinámico (la página de inicio, las legales, las de agradecimiento) lo tengo en Netlify. Subes los archivos, te da un dominio con certificado de seguridad, y se acabó. El plan de entrada cubre de sobra un proyecto de este tamaño.
La tercera: el cobro. Stripe. Enlaces de pago directos, uno por producto. Ni siquiera monté un carrito de verdad al principio, porque casi nadie compraba dos cosas a la vez. Un botón, un enlace, un pago.
Y al confirmarse el pago, un aviso automático dispara el correo con lo que el cliente ha comprado. Esa parte la desarrollé aparte en cómo cobrar en tu app con Stripe sin código, porque es la que más preguntas genera y merece su propio sitio.
Lo que costó de verdad
En tiempo: dos tardes para tenerlo funcionando y una tercera para que no diera vergüenza.
La primera tarde fue el catálogo y las fichas. La segunda, los pagos y los correos de entrega. La tercera fue diseño, textos y quitar cosas feas. Esa tercera tarde es la que todo el mundo se salta y luego se nota.
En dinero, las cifras honestas y con la advertencia de siempre: son órdenes de magnitud, confirma en las webs oficiales antes de hacer cuentas.
Softr tiene plan gratuito con límites de usuarios y planes de pago en el orden de unas decenas de euros al mes. Netlify tiene un plan gratuito bastante generoso para tráfico pequeño. Stripe no cobra cuota fija, cobra un porcentaje por transacción más unos céntimos.
Contra eso, una plataforma de comercio típica te pone entre varias decenas de euros al mes de suscripción, y según el plan también un porcentaje de cada venta.
Con volumen bajo, la diferencia es evidente. Con volumen alto, la cuenta cambia, porque el tiempo que dedicas a mantener tu montaje deja de ser gratis. Ahí es donde mucha gente hace mal los números y por eso escribí por qué el no-code no es gratis y cuáles son sus costes reales.
Lo que se rompió
El primer fallo fue de correos. Los avisos de compra empezaron a llegar a la carpeta de no deseado. Y esto es de las cosas más feas que te pueden pasar, porque tú no te enteras: la venta entra, el dinero llega, y el cliente cree que le has robado.
Me lo dijo un cliente por correo dos días después. Se arreglaba configurando bien la autenticación del dominio de envío, algo que yo había dejado a medias porque "ya funcionaba". Lección: prueba la compra entera desde una cuenta de correo que no sea la tuya, con un pago real, y mira dónde cae ese correo.
El segundo fallo fue de precios. Tenía el precio en dos sitios: en la tabla del catálogo y en el enlace de pago de Stripe. Cambié uno y me olvidé del otro. Durante unos días, la web decía un precio y el cobro hacía otro.
Este es el error clásico de montar tu propio sistema: el mismo dato viviendo en dos sitios. La plataforma grande no te deja cometerlo porque solo hay un sitio donde escribirlo. En tu montaje, ese cuidado lo tienes que poner tú. Lo resolví dejando el precio solo en Stripe y haciendo que la web lo lea de ahí.
Lo que no tengo (y a veces echo de menos)
No tengo panel de estadísticas de tienda. Tengo los datos de Stripe y los de la web por separado, y juntarlos es un trabajo manual que hago poco.
No tengo recuperación de carritos. Si alguien llega al pago y no termina, no se entera nadie.
No tengo devoluciones automatizadas. Las hago a mano desde Stripe, que son tres clics, pero son tres clics míos.
Y no tengo a nadie a quien llamar cuando algo se rompe. Cuando falla, el soporte técnico soy yo un domingo por la tarde.
Todo eso tiene un precio, y el precio es mi tiempo. Con el volumen que manejo, sale a cuenta. Si vendiera diez veces más, probablemente no.
¿A quién le recomiendo esto?
A quien vende pocos productos, sobre todo digitales, y quiere entender qué pasa por debajo.
A quien está empezando y no quiere comprometerse con una cuota mensual antes de saber si va a vender algo.
Y a quien ya tiene una web propia y solo necesita añadirle la parte de cobrar, sin montar una segunda casa aparte.
A quien no se lo recomiendo: a quien tiene inventario físico, a quien vende en varios países con impuestos distintos, y a quien odia mantener cosas. Si te da pereza revisar que un correo sigue llegando, paga la cuota y duerme tranquilo. Es una decisión perfectamente razonable.
Si esto te ha picado y quieres ver el mapa completo de qué se puede montar sin escribir código, lo tengo todo ordenado en crear apps sin programar. Si lo que quieres es montar tu propio sistema de herramientas y automatizaciones, con la IA como parte del equipo y no como juguete, lo enseño entero aquí.
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