Los fracasos que nadie cuenta de Richard Branson
Virgin Cola, Virgin Brides, tres globos estrellados. Los fracasos de Branson son tan TDAH como sus éxitos. La impulsividad crea y destruye.
Cuando buscas "Richard Branson" en Google, encuentras la isla privada, las 400 empresas, la sonrisa de anuncio de dentífrico y Virgin Galactic. Lo que no encuentras es el cementerio.
Porque Branson tiene un cementerio empresarial que haría llorar a cualquier inversor. Proyectos que duraron menos que una dieta en enero. Ideas que parecían geniales a las tres de la mañana y que a la luz del día eran exactamente lo que parecían: impulsos sin filtro de un cerebro que dice "sí" antes de que la pregunta termine.
Y eso es lo más TDAH de toda su historia. No los éxitos. Los fracasos.
¿Virgin Cola? Sí, existió
A mediados de los noventa, Branson miró el mercado de bebidas y pensó: "Puedo competir con Coca-Cola". Así, como el que piensa que puede ganar a su primo al pádel el domingo.
Lanzó Virgin Cola en 1994. Para promocionarla, condujo un tanque por Times Square y aplastó una lata de Coca-Cola delante de las cámaras. Literal. Un tanque militar aplastando una lata de refresco. Si eso no es impulsividad convertida en plan de marketing, no sé qué lo es.
El problema es que competir con Coca-Cola requiere algo más que un tanque y mucha actitud. Requiere una red de distribución que tardó décadas en construirse, acuerdos de exclusividad con restaurantes, supermercados y máquinas expendedoras que ya tenía Coca-Cola amarrados con contratos blindados. Cosas aburridas. Cosas de las que un cerebro TDAH se cansa a los veinte minutos.
Virgin Cola se vendió en algunos supermercados un tiempo. Luego dejó de venderse. Fin.
Branson pasó a lo siguiente como si no hubiera pasado nada. Porque para un cerebro con TDAH, el fracaso no pesa como para otros. Es incómodo un rato, sí. Pero la siguiente idea ya está llamando a la puerta y grita más fuerte que la anterior.
Virgin Brides: tiendas de novias
No, no es broma.
Branson abrió tiendas de vestidos de novia. Virgin Brides. El nombre ya era un chiste involuntario que nadie se molestó en pensar dos veces. Para la presentación, Branson se vistió de novia. Con velo, ramo y todo. Porque Branson no sabe hacer nada sin que sea un espectáculo.
La idea era aplicar el modelo Virgin al mercado nupcial: precios más bajos, mejor experiencia, un toque rebelde. Suena bien en una servilleta. En la práctica, las novias no buscaban rebeldía. Buscaban un vestido bonito y alguien que no les complicara la vida. Virgin Brides cerró sin hacer ruido. Como cuando empiezas una serie con mucha ilusión y de repente dejas de verla sin decírselo a nadie.
Virgin Cars, Virgin Vodka, Virgin Digital...
La lista sigue.
Virgin Cars iba a revolucionar la compra de coches online. No lo hizo. Virgin Vodka iba a competir con las grandes marcas de licores. No lo hizo. Virgin Digital iba a ser la alternativa a iTunes. No lo hizo.
Hay un patrón aquí que a cualquiera con TDAH le va a sonar como una canción que ya ha escuchado antes. La idea aparece. La emoción es inmediata. La ejecución empieza a toda velocidad. Y cuando llega la parte aburrida, la parte de mantener, optimizar, competir día a día sin fuegos artificiales, el interés se evapora como un charco en agosto.
El globo que casi le mata (tres veces)
Esto merece su propia sección porque es tan absurdo que parece ficción.
Branson intentó cruzar el Atlántico en globo aerostático. No salió bien. Se estrelló. ¿Qué hizo? Lo intentó otra vez. Se volvió a estrellar. ¿Y después? Intentó cruzar el Pacífico. Se estrelló contra las montañas de Canadá y tuvo que ser rescatado por un helicóptero.
Tres globos. Tres accidentes. Casi muere en al menos dos de ellos.
Cualquier ser humano con un instinto de autopreservación funcional habría parado después del primero. Branson necesitó tres. Y no porque fuera valiente. Sino porque su cerebro no procesa el riesgo pasado de la misma forma que un cerebro neurotípico. El accidente se archiva, la emoción de intentarlo otra vez ocupa toda la pantalla, y de repente estás otra vez dentro de un globo a diez mil metros preguntándote si esta vez el viento colaborará.
Eso es la búsqueda de adrenalina del cerebro TDAH llevada al extremo literal. No en un skatepark. No en una piscina. En la estratosfera.
¿Por qué nadie cuenta esta parte?
Porque no vende.
La narrativa que vende es la del genio visionario. La del tío que dejó el colegio y construyó un imperio. La del TDAH como superpoder. La historia inspiracional que te hace sentir que tu cerebro disperso es en realidad un cohete sin bridas y que solo necesitas encontrar tu dirección.
Y hay algo de verdad en eso. Pero es una verdad incompleta.
La verdad completa es que Branson tiene TDAH y dislexia diagnosticados y que esas condiciones le hicieron construir cosas increíbles Y estrellarse de formas espectaculares. Las dos cosas. Al mismo tiempo. Con el mismo cerebro.
Virgin Atlantic funciona. Virgin Cola fue un chiste caro. Virgin Galactic llegó al espacio. Virgin Brides fue una tienda de vestidos con un nombre desafortunado que cerró antes de que nadie se enterara de que existía.
El mismo cerebro hizo todo eso. No es que un día funcione y otro no. Es que funciona siempre. Para bien y para mal. La impulsividad que crea aerolíneas es la misma que abre tiendas de novias. El hiperfoco que diseña viajes espaciales es el mismo que se sube a un globo por tercera vez después de haberse estrellado dos.
La lección que sí merece la pena
No te voy a decir que los fracasos de Branson son "el precio del éxito" ni que "sin riesgo no hay recompensa". Eso son frases de camiseta.
Lo que sí te digo es que si tienes TDAH y te pesas sintiéndote mal cada vez que algo que empezaste con toda la ilusión del mundo se acaba quedando en nada, estás siendo injusto contigo.
Branson tiene más de 400 empresas. Una cantidad importante fracasaron. Y no fracasaron porque Branson fuera tonto o descuidado. Fracasaron porque eso es lo que pasa cuando lanzas muchas cosas. Algunas funcionan y otras no. Es estadística, no un defecto de carácter.
El problema es que cuando tienes TDAH, cada fracaso parece confirmar la misma historia de siempre: "Ves, otra cosa que empezaste y no terminaste. Ves, otra idea brillante que se quedó en nada. Ves, si te hubieras concentrado en una sola cosa..."
Branson nunca se concentró en una sola cosa. Ni una vez en su vida. Y tiene una isla privada.
No digo que eso sea un modelo a seguir. Digo que la narrativa de "concéntrate en una cosa y hazla bien" no es la única forma de funcionar. Y para algunos cerebros, es la peor forma de funcionar. Porque le estás pidiendo a un motor de combustión que funcione como un reloj suizo, y eso no va a pasar.
Lo que Branson hace bien después de fracasar
Hay algo que distingue a Branson de la mayoría de nosotros cuando fracasamos: la velocidad con la que pasa página.
Virgin Cola muere. Branson ya está pensando en otra cosa. Virgin Brides cierra. Ni se inmuta. El globo se estrella. Se sube a otro.
Eso puede parecer irresponsable. Y a veces lo es. Pero también es una capacidad que la mayoría de personas sin TDAH no tienen: soltar lo que no funciona sin quedarte rumiando seis meses.
El cerebro TDAH sufre con la monotonía, pero tiene una ventaja con la reinvención. Cuando algo muere, el siguiente impulso ya está ahí. No tienes que generarlo. No tienes que motivarte. El motor no se apaga nunca. Y eso, en un mundo donde la mayoría de la gente se paraliza después de un fracaso, es un recurso que vale más de lo que parece.
Branson no es un genio a pesar de sus fracasos. Es un tío con un cerebro que produce ideas a una velocidad absurda, ejecuta la mayoría antes de pensarlas bien, falla en muchas, acierta en suficientes, y no se para nunca. Eso es TDAH. Sin filtro. Sin edulcorar. Sin la versión bonita que sale en las revistas.
Si alguna vez has sentido que empiezas muchas cosas y terminas pocas, que tus ideas van más rápido que tu capacidad de ejecutarlas, que el mundo te pide constancia y tú solo sabes dar intensidad, puede que no sea un defecto. Puede que sea un tipo de cerebro que funciona con reglas diferentes.
Analizar rasgos de personalidades conocidas es un ejercicio de normalización, no de diagnóstico. Si te ves reflejado, habla con un profesional.
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