El bot de WhatsApp que responde a mis clientes cada día

Qué preguntas resuelve solo, cuáles me pasa a mí y cuánto tiempo me ha devuelto un bot de WhatsApp en un mes de funcionamiento real.

WhatsApp es el sitio donde la gente te escribe cuando tiene un problema pequeño. Y los problemas pequeños son los que más tiempo se llevan, porque llegan sueltos, a cualquier hora, y cada uno te saca de lo que estabas haciendo.

Monté un bot para que los cogiera él. No para sustituir la conversación con un cliente, sino para que las diez preguntas de siempre dejaran de interrumpirme.

Un mes después, esto es lo que hace solo, lo que me pasa a mí y lo que me ha devuelto.

¿Qué porcentaje de mensajes resuelve un bot?

En mi caso, alrededor de siete de cada diez.

Y no es porque el bot sea muy listo. Es porque siete de cada diez mensajes son la misma pregunta con distintas palabras. Cómo accedo, se me ha olvidado la contraseña, dónde está el material, cuánto dura, hay factura, se puede pagar de otra forma.

Antes de montar nada, hice el ejercicio que le recomiendo a cualquiera: revisar los últimos cien mensajes recibidos y agruparlos por tema. Salieron nueve grupos. Nueve. Y entre esos nueve estaba la enorme mayoría del volumen.

Eso es lo que hace que un bot funcione o no. No la tecnología. El hecho de que tus clientes pregunten pocas cosas distintas.

Si al hacer ese ejercicio te salen cuarenta temas sin repetición, no montes un bot. Monta primero una página de preguntas frecuentes decente, porque tu problema no es de canal, es de información que falta.

Qué resuelve solo

Las nueve preguntas del ejercicio, más una décima que apareció sola: gente que escribe para saber si el mensaje ha llegado a algún sitio.

Cada respuesta la escribí yo, una por una, con mis palabras. Esta parte no la delegué en la IA y es deliberado. Un bot con respuestas escritas por un modelo suena a bot. Un bot con tus respuestas suena a que has puesto un mensaje automático, que es exactamente lo que es y no pasa nada.

Las respuestas son cortas, van al grano y todas terminan igual: si esto no era lo que necesitabas, escribe "persona" y te contesto yo.

Ese "escribe persona" es lo más importante de todo el montaje. Es la puerta de salida. Sin ella, el cliente que no encaja en ninguna respuesta se queda dando vueltas en un menú, se cabrea y te escribe por otro sitio con peor humor.

Qué me pasa a mí

Tres casos, y los tres están definidos por escrito en el flujo.

Cuando alguien pide una persona. Directo, sin intentar retenerlo. El bot deja de responder en esa conversación durante un rato largo y me manda un aviso.

Cuando aparecen ciertas palabras. Devolución, factura, error, problema, no funciona. Ahí no quiero un mensaje automático de por medio, porque si alguien tiene un problema de verdad, recibir una respuesta enlatada es gasolina.

Cuando el bot no encuentra respuesta dos veces seguidas. Si a la segunda no ha acertado, no va a acertar a la tercera. Corta y me lo pasa.

Esa tercera regla la aprendí a base de leer conversaciones. Los bots mal montados insisten. El cliente reformula, el bot vuelve a fallar, el cliente reformula otra vez, y al cuarto intento se va. Cortar pronto es lo que hace que la gente no odie el sistema.

Con qué lo monté

Con Wati (enlace de afiliado: así me ayudas a seguir creando contenido), que es una herramienta construida encima de la API oficial de WhatsApp Business. También estuve mirando Manychat, que es la opción más conocida cuando vienes de Instagram o Facebook y quieres tenerlo todo en el mismo sitio.

La diferencia práctica entre las dos, en mi caso, fue el enfoque. Manychat está más pensado para captación y campañas, con embudos y difusiones. Wati está más pensado para atención: bandeja compartida, etiquetas, plantillas, ver quién está atendiendo qué.

Como lo mío era soporte y no captación, tiraron para el segundo lado. Si tu caso es el contrario, la decisión también lo es. He desarrollado la comparación con más detalle en Wati o Respond.io, que es la otra pareja que se compara siempre en atención.

El precio de estas herramientas se cuenta en dos partes y conviene saberlo antes: la suscripción de la herramienta, que es una cuota mensual de dos o tres dígitos según el plan, y lo que WhatsApp cobra aparte por conversación iniciada. Esa segunda parte pilla a mucha gente por sorpresa. Mira las dos cifras en la web oficial antes de decidir, porque cambian a menudo y varían por país.

El montaje paso a paso, con la parte de verificación del número que es la más pesada, lo tengo aquí: cómo montar un agente de WhatsApp para tu negocio.

Cuánto tiempo me ha devuelto

Contando lo que recibía antes y lo que llega ahora a mi bandeja, el bot me quita del medio la mayoría de los mensajes. Traducido a tiempo, unas horas al mes.

Pero el número de horas no es lo que más ha cambiado.

Lo que ha cambiado es la interrupción. Antes, cada mensaje entraba en el móvil en el momento que fuera y me sacaba de lo que estaba haciendo, aunque solo fuera para leerlo y decidir contestar luego. Ese coste no se mide en minutos, se mide en no volver a concentrarte.

Ahora miro la bandeja dos veces al día. Lo que hay ahí es lo que necesita una persona de verdad, y son pocos mensajes. La sensación de trabajar es completamente distinta con el mismo negocio.

Qué salió mal

El primer flujo que monté era un menú con opciones numeradas. Pulsa 1 para acceso, 2 para pagos, 3 para otros. Clásico y horrible.

La gente no pulsaba. Escribían su pregunta en texto normal, como se escribe en WhatsApp. Y el menú se quedaba ahí, repitiéndose, sin entender nada.

Lo cambié a que el bot lea el mensaje libre y lo empareje con una de las respuestas. Ahí sí funcionó, porque respeta cómo escribe la gente en lugar de obligarla a hablar como una máquina.

El otro fallo fue de horarios. Al principio el bot respondía a todas horas y no decía nada del horario de atención. Alguien escribía a las once de la noche, recibía respuesta automática al instante y luego pedía persona, esperaba, y no había nadie. Ahora el mensaje fuera de horario avisa de cuándo hay alguien.

Qué haría distinto

Empezaría con cuatro respuestas, no con diez.

Las cuatro preguntas más repetidas cubren la mayor parte del volumen. Las otras seis las escribí porque estaba en racha, y algunas casi no se han usado. Ese tiempo lo podría haber puesto en afinar las cuatro importantes.

Y desde el primer día leería las conversaciones enteras una vez a la semana. No las estadísticas, las conversaciones. Los dos fallos gordos que he contado los vi leyendo, no mirando gráficas. Un panel te dice que el bot resolvió el 70%. Leer te dice que la persona del 30% se fue enfadada.

Un bot no es una máquina de ahorrar dinero. Es una forma de que las preguntas repetidas dejen de robarte la atención. Puesto en ese marco, funciona muy bien. Puesto como sustituto de hablar con tus clientes, se nota y se paga. El resto del mapa de automatización lo tengo en la guía de automatización y agentes con IA. Si quieres montar el sistema completo para llevar tu negocio tú solo, con la IA haciendo la parte repetitiva, va justo de eso.

Ver el curso Yo SA

Relacionado

Sigue leyendo