Tu batería social con TDAH se gasta antes de lo que crees (y no eres introvertido)

Llegas a un sitio con gente y en 40 minutos estás fundido. No es timidez ni ser introvertido. Tu cerebro con TDAH procesa el ruido de otra manera.

Ayer fui a tomar algo con un colega a un bar.

Bar moderno. Paredes forradas de escenas de cómic. Cuadros con LEDs que se encendían y se apagaban a ritmos distintos. Y el techo, por si faltaba poco, lleno de espejos.

En 40 minutos los dos teníamos la cara de un jugador de póker que lleva tres días sin dormir. Los dos con TDAH, los dos intentando mantener una conversación normal mientras el bar nos pedía atención desde seis ángulos a la vez. "Que miro el cómic, que miro el LED, que miro el espejo, que te miro a ti, que por favor dejad de pedirme cosas."

Y ahí caí en la cuenta otra vez. Mi batería social se gasta a una velocidad distinta. No porque sea tímido. No porque sea introvertido. Por otra cosa.

¿Qué es realmente la "batería social" en TDAH?

Es una forma fea de llamar a algo bastante concreto: la cantidad de estímulos que tu cerebro puede procesar antes de decir "paso".

Un cerebro neurotípico filtra. El tuyo no. O filtra mal, según el día.

Tu cerebro con TDAH procesa todo lo que entra por los sentidos con la misma prioridad. La voz de tu colega, el LED que parpadea, el espejo del techo, la música, la chica que se ríe al lado, el camarero gritando el cóctel, el ventilador. Todo. A la vez. Con la misma urgencia.

No es que estés "distraído". Es que tu cerebro está trabajando a un ritmo que el de los demás no necesita.

Eso cansa. Mucho más de lo que parece.

Te lo expliqué más despacio en este post sobre por qué tu cerebro con TDAH no filtra el ruido, pero la idea es la misma: lo que los demás procesan como "ambiente de fondo", a ti te llega en primer plano.

Masking, procesamiento paralelo y ruido sensorial: el trío que te funde

Vamos a desglosarlo. Porque "es que me canso socializando" suena a excusa de persona rancia, pero en realidad son tres cosas pasando a la vez.

Uno, el masking. Si vas a un bar, a una cena familiar o a una reunión, tu cerebro está gastando energía extra en parecer normal. Sonreír cuando toca. Responder como se espera. No irte por la tangente. No interrumpir. No parecer ausente cuando tu cabeza ya está pensando en otra cosa. Actuar, en resumen. Te lo conté con detalle en el post sobre el agotamiento de fingir normalidad.

Dos, el procesamiento paralelo. Tu cerebro no escoge una conversación. Escucha las tres que tienes alrededor. Procesa la música. Registra el color de la camiseta del camarero. Se acuerda de que no has contestado a un WhatsApp de hace dos horas. Todo junto. Mientras intentas seguir lo que te está contando tu amigo.

Tres, el ruido sensorial. Luces, sonidos, olores, texturas. El cerebro TDAH los vive amplificados, no mitigados. Si quieres meterte en esto a fondo, tengo un post dedicado a la hipersensibilidad sensorial con TDAH.

Suma los tres y entiendes por qué a la hora y media de evento social quieres irte a casa y tirarte en el sofá como si hubieras corrido una maratón.

Porque mentalmente has corrido una maratón.

Por qué esto no es ser introvertido (ni extrovertido)

Ojo. Aquí es donde la gente se lía.

Ser introvertido es otra cosa. Es preferir la calma, disfrutar de estar contigo, recargar solo. Ser extrovertido es lo contrario. Son rasgos de personalidad.

Lo que le pasa a un cerebro con TDAH no tiene que ver con eso.

Yo me considero una persona social. Me encanta quedar con gente. Me gusta hablar, conocer, estar en marcha. Y aun así mi batería social se gasta a velocidades que no tienen sentido para alguien que me vea desde fuera.

Porque no es lo que yo "quiero" hacer. Es lo que mi cerebro puede procesar.

Puedes ser un extrovertido TDAH al que le flipa la gente y, aun así, volver de una boda con cara de zombi. Puedes ser un introvertido TDAH al que le cuesta salir y, una vez fuera, durar menos todavía. Las dos cosas pasan. Y no van en contra. Van en capas distintas.

La batería social del TDAH es otra dimensión del asunto. No es "me gusta o no me gusta estar con gente". Es "mi cerebro puede o no puede procesar este entorno ahora mismo".

Son cosas diferentes.

Grábatelo.

Cómo saber cuándo estás en el rojo

La clave está en aprender a leer tu propio termómetro. Porque el aviso de "batería baja" a veces es muy sutil, y cuando lo notas ya estás hecho polvo.

Algunas señales que yo he aprendido a reconocer en mí:

  • Dejas de escuchar la conversación y empiezas a contestar en piloto automático, con respuestas tipo "ya" o "claro".
  • Sientes una especie de ruido blanco interno. Como si tu cabeza estuviera llena de estática.
  • Te pones a mirar el móvil sin necesidad, solo para tener algo donde descansar la atención.
  • Te notas la mandíbula apretada o los hombros subidos hasta las orejas sin darte cuenta.
  • Empiezas a responder con peor humor sin motivo, y te cuesta seguir siendo la persona amable que eras hace 40 minutos.
  • Buscas con los ojos la puerta.

Si prefieres el formato vídeo lo tienes aquí, donde lo cuento con un par de ejemplos más.

Cuando notas esas señales, estás en el rojo. Aunque objetivamente "no haya pasado nada". Has acumulado estímulos durante horas y tu procesador ya no da más.

Y aquí viene lo importante: reconocerlo no es un capricho. Es información útil. Porque te permite hacer algo antes de que el bajón sea total y te pases dos días de resaca social.

Cómo gestionar las retiradas sin quedar como un borde

Aquí no hay regla mágica. Pero hay estrategias que a mí me funcionan.

Antes del evento. Si sé que voy a una boda, una cena familiar grande o una reunión con mucha gente, empiezo a prepararme dos días antes. Bajo estímulos. Menos bares ruidosos, menos compromisos, más cafeterías tranquilas. Llegar al evento con la batería llena. Literalmente pienso "qué cargar", como si fuera un móvil.

Durante el evento. Cuando noto que me fundo, busco pausas. Voy al baño. Salgo a la calle cinco minutos. Me quedo en una esquina con menos ruido. Pequeñas retiradas que evitan el colapso total.

Al salir. No me fuerzo a estirar la noche. Me voy cuando tengo que irme. Un "estoy hecho polvo, mañana hablamos" y fuera. La gente que de verdad te conoce lo entiende.

Y otra cosa importante: no todos los sitios descargan a la misma velocidad para todos los TDAH. Mi colega y yo estábamos fritos en ese bar. Pero tengo otros amigos con TDAH a los que ese bar les parecería el paraíso. "Dopamina, dopamina, dopamina". Su umbral está en otro sitio. Calibrado diferente. No más, no menos. Diferente.

Por eso no hay regla universal. Hay tu regla. La tuya.

Cafeterías sí, bodas meh: conocer tu umbral

A mí las cafeterías me cargan. El murmullo, la gente moviéndose con calma, la luz no agresiva, la taza de café marcando el ritmo. Me activa sin fundirme.

Las bodas, en cambio, me destrozan. Ceremonia larga, 80 personas, música alta, fotos, brindis. Voy sabiendo que salgo reventado y no me enfado conmigo por estarlo. Es un tema que toqué también en el post de bodas, bautizos y comuniones con TDAH.

El truco no es esquivar todos los eventos con estímulos. Eso sería empobrecerte la vida. El truco es saber cuánto cuestan, cuánto puedes pagar y cuándo necesitas recuperar.

Una vez entiendes que tu batería social no es "capricho de raro" sino información sobre cómo procesa tu cerebro, dejas de pelearte con ella. Dejas de sentirte culpable por irte antes. Dejas de compararte con la amiga que aguantó hasta las 6 de la mañana.

No va mal nada. Simplemente funciona diferente.

Y cuando lo entiendes, juegas en tu cancha.

Si llevas años saliendo de eventos sociales con la sensación de que algo no cuadra contigo, a lo mejor empezar por entender cómo procesa tu cerebro es el primer paso.

Hacer el test de TDAH

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