El ataque de panico antes de lanzar que nadie te cuenta

Todo el mundo habla de la emoción del lanzamiento. Nadie habla de lo que pasa la noche anterior cuando el cuerpo dice que no puede más.

La noche antes de un lanzamiento importante tiene una textura muy particular.

La conoces si la has vivido. No es emoción. No es ansiedad normal de los nervios. Es algo más físico. El corazón acelerado sin que hayas hecho nada. La sensación de que el aire no llega del todo. Las manos que no se quedan quietas. El pensamiento que va de un sitio a otro sin poder aterrizarse en nada.

Para algunos, eso es solo nervios. Para otros, en los peores momentos, es un ataque de pánico.

No el tipo cinematográfico donde alguien cae al suelo y necesita una bolsa de papel. El tipo silencioso que ocurre en tu habitación a las 11 de la noche mientras tu lanzamiento está programado para las 9 de la mañana del día siguiente y no puedes parar de pensar en todo lo que puede salir mal.

¿Por qué los lanzamientos generan este nivel de respuesta fisiológica?

Porque un lanzamiento no es solo un evento de negocio. Para la mayoría de emprendedores, y especialmente para los que tienen TDAH, un lanzamiento es un juicio.

No del producto. De ti.

Has puesto semanas o meses creando algo. Lo has pensado, lo has construido, lo has mejorado, lo has descartado y vuelto a empezar. Y en el momento en que lo presentas al mundo, te expones al veredicto externo de una forma que pocas actividades humanas consiguen igualar.

Si funciona, la confirmación de que eres capaz. Si no funciona, la confirmación de que quizás no lo eres. Tu cerebro, aunque sepas intelectualmente que un producto que no vende bien no dice nada de tu valor como persona, no procesa así en el momento de máxima tensión.

Con TDAH esto se amplifica. Porque ya llevas toda una vida recibiendo mensajes de que no cumples expectativas. Que te distraes. Que no terminas. Y un lanzamiento es el momento en que finalmente tienes algo terminado, algo que mostrar. Y el miedo a que tampoco funcione tiene una carga especial.

¿Qué pasa en el cuerpo durante un ataque de pánico previo al lanzamiento?

El sistema nervioso no distingue entre amenaza real y amenaza percibida.

Le da igual que la amenaza sea un oso o una página de ventas con 200 personas esperando. Si el cerebro lo categoriza como peligro, el cuerpo responde como si fuera peligro. Cortisol. Adrenalina. Taquicardia. Hiperventilación leve. Pensamientos catastróficos que se aceleran.

Y lo más cruel de todo: en ese estado, tu cerebro está convencido de que está siendo útil. Que si piensa lo suficiente en todo lo que puede salir mal, podrá prevenirlo. Que el pánico es una forma de preparación.

No lo es. El pánico previo al lanzamiento no mejora el lanzamiento. Solo arruina la noche anterior y te deja agotado para el día que debería ir bien.

¿Cómo distingues nervios normales de algo que necesita atención?

Los nervios normales son proporcionales y funcionales. Te activan. Te hacen revisar los detalles una vez más, prepararte mejor, estar alerta. Luego bajan. Y cuando arranca el lanzamiento, el foco llega.

Lo que no es normal es cuando la respuesta fisiológica es desproporcionada respecto a la situación real. Cuando no baja. Cuando no puedes dormir en absoluto. Cuando el pensamiento catastrófico no para aunque intentes racionalizarlo. Cuando el cuerpo está enviando señales de alarma máxima por algo que, objetivamente, no es una emergencia vital.

Si eso te ocurre de forma recurrente antes de cada lanzamiento, el problema no es que seas demasiado sensible. El problema es que tu sistema nervioso está cargado con más de lo que puede gestionar y el lanzamiento es el detonante que lo hace visible.

El cerebro en modo lanzamiento tiene sus propios fallos

¿Qué haces la noche anterior cuando el cuerpo no colabora?

Lo más útil no es intentar calmarte. Es reducir la incertidumbre.

El pánico previo al lanzamiento se alimenta de preguntas abiertas. "¿Y si nadie compra?" "¿Y si el precio está mal?" "¿Y si el mensaje no conecta?" Cada pregunta abierta es combustible para el pánico.

Lo que ayuda es cerrar las preguntas que puedes cerrar. Revisar el checkout una vez más. Confirmar que el email está programado. Tener claro qué haces si la conversión es baja. No para que todo salga perfecto. Sino para reducir el número de variables abiertas que tu cerebro está intentando gestionar a la vez.

Lo que no ayuda: seguir trabajando en el lanzamiento a las 11 de la noche. Nada que hagas en ese estado va a mejorar materialmente el resultado de mañana. Y sí va a empeorar cómo estás mañana.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

El lanzamiento no empieza cuando lo publicas. Empieza con cómo llegas a ese momento. Y llegar agotado y con el sistema nervioso destrozado es la peor forma de empezar.¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

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