Cuando tu mejor amigo también tiene TDAH: caos al cuadrado

Dos personas con TDAH siendo amigas es maravilloso y caótico a partes iguales. Lo que nadie te cuenta de la amistad TDAH.

Quedamos a las 8. Llegamos a las 8:40. Los dos. Sin avisarnos el uno al otro. Nos miramos en la puerta del bar y nos reímos porque esto ya ha pasado antes.

Seis veces.

En el último mes.

Porque cuando tu mejor amigo también tiene TDAH, la impuntualidad no es un problema. Es un acuerdo tácito que nadie ha firmado pero que ambos respetáis como si fuera ley. Nadie se enfada. Nadie pide explicaciones. Los dos sabéis que entre la ducha, encontrar las llaves y el "me siento un momento que ya salgo" han pasado 40 minutos sin que ninguno se diera cuenta.

Y eso, aunque suene a desastre, es una de las cosas más bonitas que he vivido.

¿Por qué conectas tan rápido con alguien que también tiene TDAH?

Porque no tienes que traducirte.

Con la mayoría de la gente, gastas una cantidad absurda de energía en parecer normal. En escuchar sin interrumpir. En mantener el hilo de la conversación. En no saltar de tema. En controlar la velocidad a la que hablas. En no decir lo primero que se te pasa por la cabeza.

Con alguien que tiene TDAH, todo eso desaparece.

Puedes empezar hablando de una serie, saltar a un recuerdo del colegio, pasar por una idea de negocio que se te acaba de ocurrir, y terminar debatiendo si los pulpos sueñan. Y la otra persona no solo te sigue, sino que aporta. Salta contigo. Mete un tema nuevo que conecta con lo tuyo. Y en vez de perderos, os encontráis.

Es como tener dos cerebros haciendo body doubling pero en versión conversación. Os reguláis mutuamente sin daros cuenta. El caos de uno alimenta el caos del otro, y de alguna forma, funciona.

La parte bonita que nadie cuenta

Hay algo que solo entiende alguien que tiene TDAH.

Esa vergüenza de llegar tarde. Ese agotamiento de fingir que prestas atención. Esa frustración de olvidar algo importante por tercera vez. Esa culpa de cancelar planes porque tu cerebro ha decidido que hoy no puede salir de casa.

Un amigo con TDAH no te juzga por eso. Porque le pasa lo mismo. No hace falta pedir disculpas por tardar 4 días en contestar un mensaje. No hace falta inventar excusas. Le dices "tío, se me fue" y te dice "a mí también, ¿qué me decías?" y seguís como si nada.

Esa aceptación sin esfuerzo es oro.

En un mundo donde sientes que la gente se cansa de ti porque olvidas cumpleaños, no devuelves llamadas y cancelas planes a última hora, tener a alguien que entiende que nada de eso es personal te quita un peso de encima que no sabías que llevabas.

Pero el caos al cuadrado es real

Voy a ser honesto. No todo es maravilloso.

Porque dos personas con TDAH juntas también significa que nadie lleva las riendas. Nadie es el que organiza. Nadie es el que recuerda. Nadie es el que dice "oye, quedamos el jueves a las 7, ¿no?".

Lo que pasa es esto: uno propone un plan. El otro dice "va, genial". Ninguno lo apunta. Llega el jueves y uno piensa que era a las 7 y el otro piensa que era a las 8. O uno pensaba que era el jueves y el otro que era el viernes. O directamente los dos se han olvidado y el plan muere sin que nadie lo mate conscientemente.

Hemos quedado para cenar y acabado cenando cada uno en su casa porque los dos nos olvidamos. Sin mala fe. Sin drama. Solo dos cerebros que dejaron el plan en algún cajón mental que luego no encontraron.

Si tu pareja también tiene TDAH ya sabes de qué va esto. La diferencia es que en una amistad no compartes casa, así que no hay nadie al lado para recordarte. Es más fácil que los planes se esfumen.

El peligro de la validación mutua

Aquí viene la parte incómoda.

Cuando tu amigo también tiene TDAH, es fácil caer en una trampa: normalizar todo. "Bah, a mí también me pasa." "Yo tampoco duermo bien." "Yo también procrastino la hostia." Y de repente estáis los dos reforzando patrones que os hacen daño, porque como le pasa al otro, pues será lo normal.

No.

Que a los dos os cueste madrugar no significa que madrugar sea imposible. Que a los dos se os olviden las citas no significa que las citas no importen. Que a los dos os cueste organizaros no significa que la organización sea opcional.

La gracia de tener un amigo con TDAH no es que te valide. Es que te entiende. Y son cosas distintas. Validar es "no pasa nada, ya está". Entender es "sé lo duro que es, ¿qué hacemos?".

Los mejores amigos que tengo con TDAH son los que me dicen "tío, yo también lo paso mal con esto, pero vamos a buscar una manera". No los que me dicen "tranquilo, así somos".

Cómo hacer que la amistad funcione sin que el caos os coma

Unas cuantas cosas que he aprendido a base de planes fallidos:

Confirmad el día antes. Siempre. Un mensaje simple: "Mañana a las 8, ¿sigue en pie?" No es desconfianza. Es supervivencia. Si ninguno lo confirma, el plan tiene un 60% de probabilidades de no ocurrir.

Elegid sitios fáciles. Nada de "quedamos en ese bar nuevo que está por la zona esa que no sé cómo se llama pero te mando la ubicación luego". No. Un sitio que los dos conozcáis, que no requiera buscar aparcamiento, y que esté a distancia razonable. Cuantas menos decisiones logísticas, más probabilidad de que ocurra.

Aceptad la impuntualidad. Si los dos llegáis tarde, dejad de fingir que vais a llegar puntuales. Quedaos 20 minutos antes de cuando realmente queréis quedar. Los dos sabéis que vais a llegar 20 minutos tarde, así que haced las mates y ajustad.

Y lo más importante: no dejéis de quedar. Porque la tendencia natural de dos personas con TDAH es que la inercia os separe. No por falta de cariño. Por falta de ejecución. Quieres quedar, pero no lo propones. Lo propones, pero no lo concretas. Lo concretas, pero se te olvida. Y de repente lleváis tres meses sin veros y ninguno sabe por qué.

Pon una alarma. Pon un recordatorio. Pon lo que haga falta. Pero queda.

El caos compartido es mejor que el caos solo

Al final, eso es lo que importa.

Tener un amigo con TDAH no es tener un amigo perfecto. Es tener un amigo que entiende tu tipo de imperfección. Que no te mira raro cuando pierdes el hilo a mitad de frase. Que se ríe contigo cuando os dais cuenta de que lleváis 10 minutos hablando de cosas completamente distintas sin que ninguno se haya enterado. Que no se ofende cuando tardas 5 días en contestar un audio de 30 segundos.

Es caótico. Es impuntual. Es desordenado.

Pero es real. Y en un mundo donde pasas la mitad del tiempo disimulando lo que eres, tener a alguien con quien no tienes que disimular vale más que cualquier plan que hayáis olvidado por el camino.

Así que si tienes un amigo así, mándale un mensaje. Ahora. Antes de que se te olvide.

Que se te va a olvidar.

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