El agotamiento social después de una quedada con TDAH
Sales a ver a tus amigas y vuelves agotada como si hubieras corrido una maratón. No eres rara. El TDAH hace que las interacciones sociales cuesten el doble.
Llegas a casa después de una tarde con amigas. Ha sido buena tarde. Te lo has pasado bien. No ha habido nada raro ni tenso.
Y estás agotada como si hubieras hecho mudanza.
Necesitas al menos dos horas en silencio, sola, sin que nadie te hable, antes de poder funcionar con normalidad. Y si alguien en ese momento te pregunta algo, te sale un nivel de irritación que no te cuadra con lo bien que lo habías pasado.
No eres rara. Esto tiene explicación.
¿Por qué las personas con TDAH se agotan más en situaciones sociales?
Estar en una situación social cuando tienes TDAH no es como estar en una situación social para el resto.
Tu cerebro está procesando todo a la vez. Las conversaciones. El ruido de fondo. Los movimientos de la gente. Las expresiones faciales que tienes que interpretar para calibrar respuestas apropiadas. Lo que deberías decir en este momento. Lo que acabas de decir y si habrá sonado mal. Si estás hablando demasiado o demasiado poco.
Y mientras gestionas todo eso, también estás aplicando el filtro social. El masking. La versión de ti misma que funciona en público: la que interrumpe menos, la que gestiona el tiempo de habla, la que se acuerda de preguntar por las cosas que te contaron la última vez, la que no se va por las ramas durante quince minutos en un tema que solo le interesa a ella.
Mantener todo eso en paralelo durante tres horas es un trabajo cognitivo enorme.
La energía que el resto usa simplemente para disfrutar de la conversación, tú la usas también para gestionar el procesamiento extra que tu cerebro hace de forma involuntaria. Es como ir al mismo sitio pero cargando una mochila de veinte kilos más.
Cuando llegas a casa, la mochila sigue ahí. El sistema nervioso sigue activado. Y necesita tiempo para descomprimirse.
El agotamiento crónico en mujeres con TDAH ya habla de cómo el nivel de gasto energético basal es mayor con TDAH. Las interacciones sociales lo amplifican de forma específica.
¿Cómo gestionar el agotamiento social sin alejarte de tu gente?
Lo primero es dejar de interpretarlo como señal de que algo va mal en las relaciones. El agotamiento no significa que no quieras a esas personas. Significa que tu sistema nervioso necesita recuperación. Son cosas distintas.
Lo segundo es diseñar los planes con eso en cuenta. Si sabes que después de una quedada larga necesitas dos horas de soledad, ponlas en el calendario antes de quedar. No como castigo. Como gestión de recursos.
Lo tercero es ser selectiva con la frecuencia y el formato. Planes más cortos, más tranquilos, en entornos con menos estimulación sensorial. No tienes que renunciar a tu vida social. Tienes que diseñarla para tu cerebro, no para el cerebro que te habría gustado tener.
Y lo cuarto, que es el más difícil: no sentirte culpable por necesitar esa recuperación. No te estás quejando de tus amigas. No estás siendo ingrata. Estás teniendo en cuenta cómo funciona tu cuerpo.
Para entender esto en el contexto más amplio del TDAH femenino, puedes leer la guía completa de TDAH en mujeres. Y si el masking social también te encaja, esa es otra capa importante de este agotamiento.
Si el agotamiento social es un patrón en tu vida, el test puede orientarte sobre si el TDAH está relacionado. Puedes hacerlo aquí.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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