En redes eres otro. En persona eres tú. El problema es que la gente ya conoce al otro.
Tienes un tono en redes y un tono en persona. No son el mismo. Y cuando alguien te conoce cara a cara, algo chirría.
En redes eres articulado, reflexivo, casi sabio. En persona tartamudeas, dices "¿sabes lo que te digo?", y te vas por las ramas durante tres minutos antes de llegar al punto.
En redes haces pausas dramáticas. En persona te interrumpes a ti mismo.
En redes tienes tesis. En persona tienes tangentes.
Y no te digo esto para que te avergüences. Te lo digo porque es un problema real de negocio. Porque hay personas que te siguen durante meses, que leen todo lo que publicas, que compran tu producto. Y un día te conocen en un evento. O hacen una llamada contigo. O asisten a uno de tus directos. Y algo no encaja. No saben qué es exactamente. Pero algo chirría.
Ese algo eres tú. El tú real, hablando, sin el tiempo de revisión que te da escribir.
¿Por qué el tono escrito y el tono oral divergen tanto?
Porque escribir te da un superpoder que hablar no tiene: el borrador.
Cuando escribes, produces una versión uno, la relees, cambias tres cosas, borras la frase que suena a ego, añades una pregunta retórica al final, y publicas la versión cuatro. Y queda bien. Queda como tú quieres sonar.
Cuando hablas, no hay versión cuatro. Hay una sola versión, en directo, sin pausa, sin borrador. Y ahí aparece todo lo que no controlas. El hábito de empezar frases que no terminas. La tendencia a repetir ideas con otras palabras porque no confías en que te hayan entendido. El nerviosismo que te hace hablar un treinta por ciento más rápido de lo normal.
Con TDAH esto se amplifica. Porque tu cerebro en modo conversación va más rápido que tu boca, y lo que sale es una versión comprimida y caótica de lo que realmente querías decir. La idea estaba ahí. Perfecta. Completa. Pero entre el cerebro y los labios algo se perdió en la traducción.
¿Qué pasa cuando la audiencia detecta la brecha?
Primero, incomodidad. No la saben nombrar, pero la sienten.
Después, duda. "¿Era el post tan bueno de verdad o lo editó alguien?" "¿Es tan claro como parecía o simplemente escribe bien?"
Y finalmente, desconexión. No inmediata ni dramática. Gradual. La persona sigue leyendo, pero la confianza ha bajado un peldaño. Y en un negocio donde vendes conocimiento, donde vendes perspectiva, donde vendes la idea de que sabes de lo que hablas, la confianza lo es todo.
No es injusto. Es humano. La gente quiere que lo que ven coincida con lo que obtienen. Y si tu versión escrita y tu versión oral parecen de personas distintas, algo no cuadra.
El error que comete todo el mundo en esta situación
Decidir que el problema es la oralidad y compensar siendo menos espontáneo en directo.
Voz más pausada. Estructura más rígida. Casi leer lo que vas a decir antes de decirlo. Resultado: pierdes lo poco natural que tenías y ganas un tono de presentación corporativa que no le gusta a nadie.
El otro error: decidir que el problema es la escritura y empezar a escribir "más auténtico". Menos revisión, más espontaneidad, más errores adrede para parecer humano. Resultado: publicas cosas que no representan bien tu pensamiento y quedas por debajo de tu propio nivel.
Los dos errores parten del mismo malentendido. Que el objetivo es que los dos tonos sean idénticos. No lo son. No pueden serlo. La escritura y la oralidad son medios distintos. Lo que funciona en uno no funciona en el otro.
Lo que sí puedes hacer
Puedes trabajar tu oralidad no para que suene como tus posts, sino para que tenga la misma sustancia que tus posts. El tono puede ser distinto. El rigor no.
Cuando hablas, una idea central por turno. Una. No tres ideas encadenadas con "y además" y "por otro lado". Una idea, un ejemplo, un cierre. Repite eso. Parece limitante. En realidad es lo que hace que la gente te entienda.
Y en la escritura, puedes permitirte ser un poco más imperfecto. No porque la imperfección sea honesta - eso es una excusa - sino porque a veces la mejor versión de una idea no es la más pulida. Es la más directa.
El objetivo no es sonar igual en todos lados. Es que en todos lados la gente sienta que hay una persona real detrás. Una persona con criterio propio. Con una perspectiva que vale escuchar.
Eso no se consigue igualando los tonos. Se consigue alineando el fondo.
El síndrome del impostor que sientes cuando alguien te conoce en persona y no eres tan brillante como en tus posts no es porque seas un fraude. Es porque estás comparando tu mejor versión escrita con tu versión oral sin editar. No es una comparación justa.
Y si emprender con TDAH ya implica gestionar la brecha entre cómo funciona tu cerebro y cómo funciona el mundo, no necesitas añadir encima la brecha entre cómo comunicas online y cómo comunicas offline.
Elige un tono que puedas sostener en los dos sitios. Aunque en uno lo expreses mejor que en el otro.
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