Terapia y negocio no son mundos separados

Muchos emprendedores ven la terapia como algo personal que no tiene que ver con el trabajo. Están equivocados y les cuesta dinero estarlo.

Empecé terapia por razones personales.

No porque alguien me dijera que era bueno para el negocio. No porque lo leyera en un libro de productividad. Empecé porque había cosas en mi cabeza que no podía gestionar solo y que afectaban a mi vida de formas que ya no podía ignorar.

Lo que no esperaba es que los primeros cambios notables no fueron en mi vida personal. Fueron en el negocio.

Tomar decisiones más calmadas. No reaccionar a cada email de cliente como si fuera una emergencia existencial. Poder sentarme con la incertidumbre financiera sin necesitar resolver todo en el mismo dia. Dejar de aceptar clientes que sabía desde el principio que iban a ser un problema.

Todo eso es negocio. Y todo eso cambió mientras hablaba de cosas que aparentemente no tenían nada que ver con el negocio.

¿Por qué la mayoría de emprendedores separa la terapia del trabajo?

Porque el emprendimiento tiene una cultura muy específica sobre lo que significa ser profesional.

Profesional es tener una estrategia. Tener un sistema. Tener métricas. Profesional no es hablar de tus miedos o de la relación que tienes con el dinero o de por qué cada vez que las cosas van bien inconscientemente saboteas algo.

Eso es "personal". Y lo personal no se mezcla con el trabajo.

Excepto que sí se mezcla. Todo el tiempo. Porque tú eres la misma persona que gestiona el negocio y que gestiona tu vida. No puedes dejar tu psicología en la puerta cuando abres el ordenador.

Con TDAH esto es especialmente evidente. La impulsividad en decisiones financieras, la dificultad para mantener límites con clientes, el modo todo o nada que lleva a semanas de hiperfoco seguidas de semanas de parálisis: todo eso tiene componentes personales que ningún sistema de productividad resuelve por si solo.

¿Qué tipo de cosas resuelve la terapia que afectan directamente al negocio?

La relación con el dinero.

Muchos emprendedores tienen un sabotaje sistemático cuando llegan a ciertos niveles de facturación. No es coincidencia. Es un patrón que viene de creencias construidas mucho antes de que tuvieran un negocio.

La dificultad para delegar.

No delegar por sistemas o por dinero sino por control, por miedo a que nadie lo haga bien, por necesidad de ser indispensable. Eso no lo resuelve contratar mejor. Lo resuelve entender de dónde viene esa necesidad.

La incapacidad para poner límites.

Aceptar clientes que no deberías, extender plazos que no puedes extender, absorber más de lo que puedes porque decir no genera demasiada ansiedad. Cobrar mal no es humildad, es miedo. Y el miedo tiene una historia.

Estas cosas tienen solución. Pero no con una nueva herramienta de gestión.

¿Cómo combinas el trabajo de terapia con el trabajo de negocio?

No los combines activamente. Déjalos que se mezclen solos.

No tienes que convertir cada sesión de terapia en un análisis de decisiones de negocio. La conexión se hace sola. Cuando trabajas algo personal, el impacto aparece en el negocio sin que tengas que forzarlo.

Lo que sí puedes hacer es prestar atención a los patrones que aparecen en ambos espacios. Si el mismo tipo de conflicto aparece en tu negocio y en tus relaciones personales, probablemente hay algo común que trabajar.

El proceso que te salva cuando estás mal en el negocio suele ser también el resultado de haber trabajado algo personal. Los sistemas externos ayudan, pero los que funcionan de verdad cuando estás en un momento bajo son los que tienes internalizados, no los que tienes escritos en un documento.

¿Cuándo sabes que la terapia está funcionando para el negocio?

Cuando tomas decisiones de negocio y te das cuenta de que ya no actúas desde el mismo miedo de antes.

No porque el miedo haya desaparecido. Sino porque ya no es el que decide. Puedes sentirlo, reconocerlo y seguir tomando la decisión que tiene más sentido en vez de la que el miedo pide.

Eso en el negocio se traduce en cobrar mejor, en decir no más fácilmente, en lanzar sin esperar a que todo sea perfecto, en soltar clientes que no encajan sin la culpa que antes te bloqueaba.

No es magia. Es trabajo. Pero es el trabajo que más rendimiento da por hora invertida.

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