El techo de cristal cuando encima tienes TDAH

Ser mujer en el trabajo ya tiene obstáculos. Con TDAH encima, el techo de cristal no es de cristal. Es de hormigón. Y nadie te lo dice en voz alta.

Ser mujer en el trabajo ya tiene sus obstáculos. Todo el mundo lo sabe aunque no todos lo digan.

Ahora añade un cerebro que olvida reuniones, pierde el hilo en las conversaciones, necesita el doble de tiempo para ciertas tareas y que tiene días en que simplemente no arranca.

El techo de cristal con TDAH no es de cristal. Es de hormigón.

¿El TDAH hace más difícil avanzar en tu carrera siendo mujer?

Sí. Y hay razones concretas, no solo la sensación.

La primera es la doble carga del enmascaramiento. Las mujeres con TDAH suelen aprender desde pequeñas a disimular. A parecer que todo está bajo control. A compensar con esfuerzo lo que el cerebro no les da de forma automática. Eso tiene un coste enorme de energía que los colegas sin TDAH no pagan. El mismo resultado, el doble de trabajo invisible.

La segunda es que las características del TDAH que penalizan en el trabajo, como la inconsistencia en el rendimiento, los olvidos o las dificultades para gestionar el tiempo, en las mujeres se interpretan de forma diferente que en los hombres. Un hombre despistado es "un genio un poco caótico". Una mujer despistada es "poco fiable". No es justo. Pero es el sesgo que existe.

La tercera es que avanzar profesionalmente requiere visibilidad. Y la visibilidad requiere networking, hacer preguntas en reuniones, mandar emails de seguimiento, recordar cumpleaños de colegas, construir relaciones. Todas esas cosas que con TDAH se caen sistemáticamente porque requieren exactamente la función ejecutiva que más falla.

La guía completa sobre TDAH en mujeres

Lo que se cae primero

El networking informal. Las conversaciones de pasillo, el café con el jefe, los eventos de empresa. Con TDAH, ese tipo de interacción no estructurada es agotadora. No porque no quieras relacionarte, sino porque requiere atención flotante, memoria de trabajo y energía social que a menudo ya están al límite.

El resultado es que te quedas fuera de conversaciones informales donde se toman decisiones reales. Las que no aparecen en el acta de la reunión. Las que determinan quién sube y quién se queda.

Las autopromoción. Para avanzar en la mayoría de entornos profesionales, necesitas hablar de lo que has conseguido. Con TDAH, eso requiere primero recordar lo que has conseguido, lo cual es más difícil de lo que parece, y luego encontrar el momento y el modo de mencionarlo de forma natural.

Si además llevas el síndrome del impostor encima, como ocurre en muchas mujeres con TDAH no diagnosticada, la combinación es especialmente paralizante. Porque sientes que no mereces los logros que tienes pero tampoco puedes articularlos con claridad.

La consistencia percibida. Los entornos de trabajo valoran la previsibilidad. Entregas antes de plazo, pero a veces llegas tarde a las reuniones. Produces trabajo brillante, pero hay semanas en que desapareces. Eso construye una imagen de persona inconsistente que es difícil de revertir aunque el trabajo sea bueno.

No es que no seas suficientemente buena

Esta parte es importante.

El techo de cristal con TDAH no es que no estés preparada, ni que no seas suficientemente buena, ni que no lo merezcas.

Es que el entorno profesional estándar no está diseñado para cerebros que funcionan de forma diferente. Y que encima de eso, hay un sesgo de género que hace que la misma dificultad se interprete peor en una mujer.

Eso es una combinación brutal. Y la respuesta no es "esfuérzate más". Es entender qué está pasando para poder tomar decisiones desde ahí.

¿Adaptaciones que reducen la fricción? ¿Un entorno de trabajo diferente? ¿Una carrera más independiente que no depende de dinámicas de oficina? ¿Diagnóstico y tratamiento que te den acceso real a tus capacidades?

Hay opciones. Pero requieren primero entender que el problema no eres tú.

El diagnóstico como palanca

Muchas mujeres que reciben el diagnóstico de TDAH en la adultez describen algo parecido: una mezcla de alivio y rabia. Alivio porque por fin tiene nombre. Rabia porque llevan años compensando solas, sin saber por qué las cosas les costaban el doble.

El diagnóstico no te da un ascenso. Pero te permite dejar de gastar energía en preguntarte si el problema eres tú, y empezar a gastarla en adaptar el entorno a cómo funciona tu cerebro.

Eso cambia muchas cosas.

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si lo que describes resuena con tu experiencia, hablar con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto es el siguiente paso.

Un primer punto de partida: el test de TDAH, 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. Y si decides ir a consulta, el periodo de prueba con TDAH empieza desde otro sitio cuando ya tienes información sobre lo que buscas. `

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