TDAH y problemas de tiroides en mujeres: la tormenta perfecta

Tiroides, TDAH y hormonas femeninas crean un cóctel de síntomas que confunde a cualquier médico. Así se desenreda.

Estás agotada. No puedes concentrarte. Se te olvidan las cosas. Tienes la cabeza como envuelta en algodón. Cambias de humor sin razón aparente. Has subido de peso sin cambiar nada. Estás irritable.

Le cuentas todo esto a tu médico. Te hace una analítica. Mira la tiroides. La TSH sale un poco alta. "Hipotiroidismo subclínico", te dice. "Toma esta pastilla."

Tomas la pastilla. La TSH se normaliza. Pero sigues igual.

Sigues sin poder concentrarte. Sigues olvidando cosas. Sigues agotada. Y nadie entiende por qué, porque "tus niveles están bien".

Hay una posibilidad que rara vez se explora: que no sea solo la tiroides.

¿Por qué se confunden TDAH y problemas de tiroides?

Porque comparten una lista de síntomas que parece un copy-paste.

El hipotiroidismo produce fatiga, dificultad para concentrarse, olvidos, lentitud mental, problemas de memoria, cambios de humor, dificultad para tomar decisiones.

El TDAH inatento produce fatiga, dificultad para concentrarse, olvidos, lentitud de procesamiento en ciertas tareas, problemas de memoria de trabajo, cambios de humor, dificultad para tomar decisiones.

Mira las dos listas. Son prácticamente iguales.

Y en mujeres, esto se complica todavía más. Porque las hormonas sexuales femeninas (estrógenos y progesterona) afectan tanto a la tiroides como al TDAH. Los estrógenos influyen en la producción de dopamina y en la función tiroidea. Así que durante el ciclo menstrual, el embarazo, el posparto o la menopausia, los tres sistemas se mueven a la vez.

Es como tener tres radios sonando al mismo tiempo. No puedes distinguir la música de una de las de otra.

¿Pueden coexistir TDAH y problemas de tiroides?

Sí. Y de hecho, la coexistencia parece ser más frecuente de lo esperado.

Hay investigaciones que sugieren una asociación entre TDAH y disfunción tiroidea, especialmente la tiroiditis de Hashimoto. Si ya leíste sobre Hashimoto y TDAH, sabes que estas dos condiciones comparten mecanismos inmunológicos e inflamatorios que podrían explicar por qué aparecen juntas.

El problema clínico es que cuando una mujer llega a consulta con estos síntomas, se mira la tiroides (que es fácil de analizar con un análisis de sangre) y si sale alterada, se trata. Y ahí se queda el diagnóstico.

Nadie pregunta si esos mismos síntomas estaban ahí antes de que la tiroides fallara. Nadie pregunta si de niña ya era despistada, si siempre tuvo problemas para organizarse, si su rendimiento académico era inconsistente. Nadie evalúa TDAH porque "ya tenemos la explicación".

Pero esa explicación puede estar incompleta.

¿Cómo saber si es la tiroides, el TDAH, o los dos?

El primer indicador es temporal. ¿Cuándo empezaron los síntomas?

Si los problemas de concentración, los olvidos y la fatiga aparecieron junto con el problema tiroideo (o con un cambio hormonal importante como el posparto o la menopausia), la tiroides es la candidata principal.

Si esos síntomas han estado siempre, desde la infancia o la adolescencia, y el problema tiroideo vino después, probablemente tienes TDAH de base y el tiroides se ha sumado.

El segundo indicador es la respuesta al tratamiento tiroideo. Si la levotiroxina normaliza tus niveles pero no desaparecen los síntomas cognitivos, hay algo más que la tiroides no explica.

El tercer indicador es el patrón del síntoma. La fatiga tiroidea es constante, plana, como un peso que siempre está ahí. La fatiga del TDAH es irregular: tienes días de energía intensa seguidos de días de agotamiento total. Si tu fatiga tiene altibajos que no correlacionan con tus niveles tiroideos, el TDAH puede estar jugando un papel.

¿Por qué las mujeres son especialmente vulnerables a esta confusión?

Tres razones.

Primera: el TDAH en mujeres se diagnostica mucho menos y mucho más tarde que en hombres. El estereotipo del niño hiperactivo sigue dominando, y las niñas inantentas pasan completamente desapercibidas.

Segunda: los problemas de tiroides son entre cinco y ocho veces más frecuentes en mujeres que en hombres. Así que cuando una mujer llega con síntomas cognitivos, la tiroides es lo primero que se mira. Y a menudo, lo último.

Tercera: las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual, embarazo y menopausia afectan los síntomas de ambas condiciones. Hay momentos del mes o de la vida donde todo empeora a la vez, y es imposible saber qué está causando qué sin una evaluación exhaustiva.

Si sientes que tu diagnóstico tiroideo no explica todo, no es que estés exagerando. Es que puede faltar una pieza.

¿Qué deberías hacer?

No dejes la medicación tiroidea. Si tu tiroides necesita tratamiento, lo necesita. Eso no está en discusión.

Pero plantea la pregunta. En tu próxima cita con tu endocrino o tu médico de cabecera, menciona que los síntomas cognitivos no han mejorado con el tratamiento tiroideo. Y pide que valoren una evaluación de TDAH.

Si llegas con esa información organizada, si llevas un historial de cuándo empezaron tus problemas de atención (antes o después de la tiroides), si puedes hablar de tu infancia y tu adolescencia, la conversación va a ser mucho más productiva.

No son tres problemas. Es un puzzle que nadie se ha sentado a montar entero. Y tú eres la que mejor conoce las piezas.

Como hemos hablado en otros artículos, el TDAH no es una moda. Es una condición real que se esconde detrás de otros diagnósticos con demasiada frecuencia. Especialmente en mujeres.

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que hay TDAH además de tu problema tiroideo, busca un especialista que pueda evaluarte de forma integral. El test de TDAH te da un punto de partida con preguntas basadas en escalas clínicas reales.

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