TDAH en pareja: cómo funcionar en equipo sin hacer de madre
Cuando hay TDAH en la pareja, la carga mental y los olvidos matan la atracción. Cómo funcionar como equipo sin que uno haga de madre del otro.
Te dejo el vídeo arriba, pero aquí lo tienes escrito y con calma.
¿Alguna vez has sentido que tu relación se está convirtiendo en tu agenda con patas? "¿Has cogido las llaves? Oye, ¿te acordaste de pagar el seguro? Pero, ¿me estás escuchando?".
Tener TDAH dentro de una pareja no es el fin del mundo. Pero sí genera una carga mental brutal en la otra persona. Y lo peor no es que se te olviden las cosas. Lo peor es esa sensación de que tu pareja tiene que ir detrás de ti como si fueras un niño pequeño.
Eso mata la relación. Y sobre todo mata la atracción. Más rápido que cualquier otra cosa. Y te lo digo por experiencia.
¿Por qué tu pareja siente que hace de madre?
Porque hay patrones nuestros que cansan. Y no lo digo desde fuera, lo digo como persona con TDAH que los sufre.
Ese momento en el que tu pareja te está contando algo y tú estás mirando un punto fijo en la pared pensando en si las cebras son blancas con rayas negras o al revés.
O cuando te dice "vamos a ver una película" y tú te sientas en el sofá con toda la buena intención, pero de repente tu mente necesita una tarea mecánica. Así que acabas dando vueltas al móvil o jugando con cualquier cosa. Y ella piensa que no te gusta la peli, que no le haces caso o que las cosas no funcionan.
Y súmale lo otro. Ese superpoder de olvidarnos de lo importante y acordarnos de lo absurdo. Te dicen "tenemos que hacer esto", tú dices "vale", y por alguna extraña razón te ha empezado a interesar la vida de los pulpos marinos. Y ahora tu vida gira en torno a entender cómo funcionan los pulpos marinos.
Pasan los días, aquello no está hecho, y por su cabeza pasa la pregunta: "¿de verdad son más importantes los pulpos que yo?".
No es desinterés, es dispersión
Si estás viendo esto desde el otro lado, o sea, es tu pareja quien tiene TDAH, quédate con esto: no es desamor ni desinterés. Es dispersión. Es como funciona nuestro cerebro.
El problema es que cuando lo comunicas, normalmente ya es tarde. Sueles decirlo en el momento en el que petas: "¿qué haces? Prioriza las cosas. Eres un niño".
Y ahí a nosotros nos entra la frustración de verdad. Porque yo tampoco quiero ser una carga. Yo quiero ser un compañero funcional. Un adulto funcional. Y me frustro porque sé que no lo estoy haciendo aposta. Simplemente es como funciono.
Y ojo con esto, porque cuando te fuerzas a llevar patrones de conducta que no casan contigo, te vuelves rígido. Dejas de ser tú. Pierdes esa forma de ser que, a pesar de ser unos puñeteros desastres, engancha tanto.
Ese es el principio del fin. Aguantas unos días con suerte. Después vuelves a tus patrones, porque es lo lógico, porque es como funcionas. Y tu pareja siente que no tiene una pareja, sino que está siendo la madre de alguien.
Si te suena, aquí distingo cuándo ese malestar es tuyo y cuándo lo dispara el TDAH: ansiedad en la pareja, ¿es tuya o es TDAH?.
La regla de oro: sois un equipo, no un proyecto de reforma
Nada de esto es culpa de uno ni del otro. Los TDAH no somos la peste.
Hay algo que hay que aprender desde el momento cero cuando en una relación una persona es neurotípica y la otra es neurodivergente. Da igual la neurodivergencia. TDAH, PAS, autismo, lo que sea. Hay que hablar las cosas y comunicarse para que ambas partes entiendan que las dos tienen que dar un poco de sí mismas para adaptarse a cómo funciona la otra.
Que tú tengas una neurodivergencia no significa que la otra persona se adapte enteramente a ti y tú no hagas nada por compensarlo. Y al revés tampoco: si tu pareja es neurodivergente, no pienses "yo lo cambio, yo puedo con esto". No va a pasar. Lo único que vas a conseguir es cargarte la relación.
Ambos tenéis vuestra forma de funcionar. Ambos aprendéis a convivir. Uno cede en unas cosas y el otro cede en otras. Sois un equipo y os ayudáis entre vosotros.
El calendario compartido: el ejemplo que lo cambia todo
Si tu pareja tiene TDAH y es un desastre acordándose de las fechas, no te sientas mal por ser quien lo apunta.
Dices "el sábado comemos con mis padres". Pues en vez de esperar a que lo recuerde, lo metes tú en un calendario común. Así, cuando tu pareja lo vea, dirá "ah, vale, este sábado comida con los suegros". Ya está.
El problema aparece cuando dices "no, ya es mayorcito, se lo digo y que lo meta él". Ya, pero es que tiene la memoria a corto plazo de Dory de Buscando a Nemo. Se lo dices, y para cuando llega al ordenador a apuntarlo ha visto 300 cosas que le han cambiado el foco. Y en vez de meterlo en el calendario, acaba buscando vídeos de pulpos marinos.
No es falta de prioridad. Es que funcionamos así. Imagínate que tenemos tres huequecitos donde metemos un pensamiento. Ves algo, una chorrada cualquiera te dispara otro pensamiento, y pum: entra uno y sale otro. Pero tú no decides cuál sale. Es por eso que vas a la cocina a beber agua, abres la nevera y dices "¿para qué he venido aquí?".
Si eres su pareja y entiendes eso, no te va a molestar apuntarlo tú. Porque cuando él lo vea en Google Calendar, o pegado en la nevera, o donde sea que lo tengáis, ese pensamiento le vuelve. Le estás recordando de forma activa que tiene que hacer eso. Y en su cabeza cambia todo.
Organiza la casa para acordarte, no para usar las cosas
Los TDAH necesitamos una organización tremendamente funcional dentro de casa. Y eso repatea a mucha gente neurotípica.
Nosotros ponemos las cosas donde recordamos que las tenemos que usar, no donde las vamos a usar. El ejemplo que pongo siempre: el cortaúñas al lado del teclado, en el escritorio. Porque cuando uso el teclado me acuerdo de que me molestan las uñas, y en ese momento me voy al baño y me las corto.
Si tengo el cortaúñas dentro del armario del baño, no me acuerdo jamás. Y acabo hiperfrustrado, todo el día tocándome las uñas y diciendo "me las tengo que cortar", pero sin cortármelas nunca.
Esto no justifica ser un desastre. Solo dice que nuestra cabeza funciona diferente y que la solución no es forzarla, es acompañarla.
¿Qué gana quien tiene una pareja con TDAH?
Porque parece que todo son problemas, y no. En cuanto aprendéis a convivir, tener una pareja con TDAH es increíble.
Solemos ser personas ultra cariñosas. Leales a más no poder (si nuestra cabeza ya es un caos, imagínate ponerse a pensar en ser infieles; a nosotros nos interesan los pulpos marinos, no otras mujeres). Y tenemos una paciencia santa: como estamos agobiados todo el día, ese es nuestro estado natural, así que cuando pasa un problema no nos agobiamos y nos volvemos resolutivos, aunque por dentro estemos igual de cagados que tú.
Además aprendemos de todo. Somos todólogos. Un TDAH bien gestionado es una persona increíblemente funcional.
El problema es cuando no funcionamos bien, no tenemos herramientas y no aprendemos a trabajar con nosotros mismos. Ahí sí nos convertimos en auténticos desastres. Pero eso le pasa a cualquiera: un neurotípico que no aprende cómo funciona también acaba hecho un lío.
Si quieres entender por qué ciertas relaciones se rompen una y otra vez y no es mala suerte, te lo cuento aquí: trauma relacional y TDAH.
Si sospechas que tú o tu pareja tenéis TDAH, antes de etiquetar nada merece la pena entenderlo bien. Tengo un test gratis para hacerte una idea de por dónde van los tiros: ¿cuál es tu nivel de TDAH?.
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