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Recaída después de dejar la medicación: el rebote que nadie explica

Dejaste la medicación del TDAH porque te sentías bien. Y todo volvió de golpe. El rebote post-medicación es real y nadie te preparó.

tdah

Dejaste la medicación porque te sentías bien.

Llevabas meses funcionando. Entregabas a tiempo, dormías decente, no perdías las llaves todos los días. Y un día pensaste: "ya está, ya no la necesito". Igual fue cosa tuya. Igual tu médico te dijo que probaras. Igual simplemente se te acabó la caja y no pediste cita.

Da igual el motivo. Lo que pasó después fue lo mismo.

En dos semanas, todo volvió. La concentración se evaporó como si nunca hubiera estado ahí. Las tareas se acumularon. La ansiedad apareció sin avisar, como un vecino que llama al timbre a las 7 de la mañana un domingo. Y el caos que creías superado volvió con una fuerza que no esperabas.

No es que hayas empeorado. Es que estás viviendo el rebote. Y nadie te avisó.

¿Qué pasa cuando dejas la medicación del TDAH y todo vuelve de golpe?

Cuando tomas medicación para el TDAH durante meses, tu cerebro se acostumbra a funcionar con un nivel de dopamina que antes no tenía. La medicación no te cura. No arregla nada. Lo que hace es darle a tu cerebro el combustible que le faltaba para funcionar como se supone que debería funcionar.

Y cuando de repente quitas ese combustible, tu cerebro no vuelve al punto de partida.

Vuelve más abajo.

Es como si llevaras meses entrenando con unas pesas de 10 kilos y un día te pusieran unas de 20. No es que estés igual que antes de entrenar. Es que tu cuerpo se había adaptado a un nivel de esfuerzo que ya no tiene.

Eso es el rebote. Tu cerebro necesita tiempo para reajustarse. Y mientras se reajusta, todo lo que la medicación estaba regulando se descontrola de golpe. Concentración, impulsos, emociones, sueño. Todo.

Lo peor es lo que piensas mientras pasa.

¿Por qué parece peor que antes de medicarte?

Porque antes de medicarte no sabías lo que era funcionar bien.

Antes del diagnóstico, vivías en el caos y pensabas que era normal. Que así era la vida. Que todo el mundo perdía las llaves, se olvidaba de las citas y necesitaba tres horas para contestar un email de dos líneas.

Pero ahora ya sabes cómo se siente un cerebro que funciona. Has probado lo que es sentarte, concentrarte y terminar algo sin que te cueste la vida. Y cuando eso desaparece, el contraste es brutal.

No es que estés peor. Es que ahora tienes referencia.

Es como vivir toda tu vida en un piso oscuro sin saber que las ventanas estaban tapadas. Un día alguien las abre y ves la luz. Y cuando las vuelven a tapar, la oscuridad duele más que antes. Porque antes no sabías lo que te estabas perdiendo.

Mucha gente en este punto entra en una espiral de culpa. "Si funcionaba con medicación, es que sin ella no valgo nada". "Soy dependiente". "Nunca voy a ser capaz de funcionar por mí mismo".

No. Para. Eso no es verdad.

¿Significa que necesitas medicación para siempre?

No necesariamente. Pero la respuesta no es tan simple como "sí" o "no".

Hay gente que toma medicación toda su vida y le va bien. Hay gente que la usa en fases concretas. Hay gente que la combina con terapia y estrategias hasta que puede reducirla. Y hay gente que decide dejar la medicación del TDAH con un plan, de forma gradual, con apoyo profesional, y le funciona.

La diferencia entre una retirada controlada y un rebote brutal es exactamente esa: el plan.

Dejar la medicación de golpe porque te sentías bien es como dejar de regar una planta porque tiene flores. Las flores están ahí precisamente porque la estabas regando.

Lo que nadie te dice es que la medicación del TDAH también tiene sus efectos secundarios, y es totalmente legítimo querer dejar de tomarla. Pero una cosa es decidirlo y otra es improvisar.

¿Cómo se hace bien?

Con acompañamiento. Siempre.

Esto no es algo que debas hacer solo. Ni consultando Reddit. Ni leyendo artículos a las 3 de la mañana. Ni siguiendo el consejo de tu primo que "también tomaba pastillas y las dejó de un día para otro y está genial".

Lo primero es hablar con tu psiquiatra. Si no tienes uno, busca un profesional que entienda de TDAH. No cualquier profesional. Uno que sepa que el TDAH no se cura, que la medicación es una herramienta y no una muleta, y que dejarlo requiere un plan.

Un plan real incluye:

  • Reducción gradual de la dosis, no corte de raíz.
  • Estrategias de compensación preparadas antes de reducir. Rutinas, sistemas, estructuras externas.
  • Seguimiento durante semanas, no "ya me cuentas qué tal".
  • Honestidad contigo mismo. Si vuelves a caer en el caos, no es fracasar. Es información. Es tu cerebro diciéndote que necesita algo.

Y sobre todo: no hacerlo en el peor momento posible. Si estás en medio de un proyecto gordo, si tienes una época de mucho estrés, si acabas de cambiar de trabajo... ese no es el momento.

El rebote no es recaída

Y esto es importante.

Que todo vuelva de golpe cuando dejas la medicación no significa que hayas recaído en nada. No estás peor. No has retrocedido. Tu cerebro está haciendo lo que hace un cerebro con TDAH cuando le quitas la herramienta que lo estaba ayudando a regularse.

Es biología. No es debilidad.

Pensar "he recaído" implica que el TDAH se había ido. Y el TDAH no se va. Estaba ahí todo el tiempo. La medicación estaba gestionándolo, como unas gafas gestionan la miopía. Cuando te quitas las gafas, no has "recaído en ver mal". Simplemente ves como veías antes.

La culpa no ayuda. El plan sí.

Y si decides volver a la medicación, no has perdido. Has aprendido algo sobre tu cerebro que antes no sabías. Ahora sabes dónde está tu línea base. Ahora sabes qué pasa cuando no tienes ese apoyo. Y eso es información valiosísima para gestionar tu TDAH a largo plazo.

Tu cerebro no está roto. Funciona diferente. Y a veces necesita herramientas externas para funcionar como necesitas. Eso no te hace dependiente. Te hace inteligente.

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